Eclesiastés o Cohélet
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- Antiguo Testamento (46 libros)
-
Introducción al Nuevo Testamento (27 libros)
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- Juan
- Hechos
- Introducción a las Epístolas Paulinas
- Epístolas Católicas
- Apocalipsis
Introducción
Eclesiastés, en hebreo Kohélet, significa predicador, o sea el que habla en la Iglesia o Asamblea; nombre que corresponde por todos conceptos a su contenido, porque predica en forma de sentencias y consejos, en prosa y verso, la vanidad de las cosas creadas. Los bienes de este mundo son vanos; vanas por tanto todas las ambiciones, vana la ilusión de felicidad terrena fuera del sencillo bienestar; la verdadera felicidad consiste en temer, o sea reverenciar, a Dios nuestro Padre, y observar sus mandamientos para que en ellos hallemos la vida (Proverbios 4, 13 y passim).
El autor del libro habla, desde el título, como hijo de David, por lo cual las tradiciones judía y cristiana, que siempre reconocieron su canonicidad, lo atribuyeron a Salomón. Con todo la crítica y también numerosos exégetas católicos modernos se creyeron obligados a admitir que ciertos pasajes podrían ser de una época posterior a Salomón (p. ej. las referencias sobre la tiranía de los reyes, la corrupción de los magistrados, la opresión de los súbditos). Señalan, además, que el lenguaje y el estilo no son los del tiempo salomónico. Por todo lo cual opinan algunos que el Eclesiastés sufrió posteriormente una transcripción al lenguaje más moderno; otros (entre ellos Condamín, Zapletal y Simón-Prado), piensan que el autor se sirvió del nombre de “hijo de David” solo con el fin de dar más realce a la obra, y fijan la composición del Eclesiastés entre los años 300-200 a. C. Podemos admitir la posibilidad de esta fecha, puesto que el Libro Sagrado no se presenta como escrito por Salomón, sino por un autor anónimo que nos refiere dichos del sabio rey. No dice, en efecto: yo, el hijo de David, sino que pone como título: Palabras del Eclesiastés (Predicador), hijo de David, rey de Jerusalén (1, 1) y empieza mencionándolo en tercera persona: “Dijo el Eclesiastés” (1, 2), para hacerlo hablar luego en primera persona (1, 12 ss.). Lo mismo hace en el epílogo (12, 8 ss.), donde refiere que el Eclesiastés era sapientísimo, que compuso muchas parábolas, etc., cosas todas que sabemos son exactas respecto de Salomón (1 Reyes 4, 30-34; Proverbios 1, 1), a quien el autor se refiere con toda evidencia (1, 12, 16, etc.), del mismo modo como los Evangelios se refieren a Cristo y nos dan sus Palabras, pudiendo la Iglesia decir con toda exactitud: “El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”, y afirmar que en él habla el divino Maestro, no obstante saber todos que Él no lo escribió. No hay, pues, pura ficción en el autor de este divino Libro del Eclesiastés, sino que, reconociendo su inspiración sobrenatural, debemos creer que quiere transmitirnos las palabras y sabiduría de Salomón, tal como lo hicieron con Cristo los escritores del Nuevo Testamento, aun aquellos que no lo habían escuchado directamente.
El Eclesiastés no es sistemático. “No le atraen las síntesis, y parece desinteresarse de las conclusiones de sus asertos, aun cuando suenen a discordantes” (Manresa). San Pablo pudo gloriarse de predicar igualmente: “no con palabras persuasivas según la sabiduría humana, sino mostrando la verdad con el Espíritu Santo y la fuerza de Dios” (1 Corintios 2, 4). De ahí que estas sentencias, tremendas para la suficiencia humana, hayan escandalizado hasta ser tildadas de epicúreas. En realidad, la irresistible elocuencia de este Libro revulsivo, con su apariencia de pesimismo implacable, es quizá lo más poderoso que existe para quitarnos la venda que oculta, a nuestra inteligencia oscurecida por el pecado congénito, los esplendores de la vida espiritual, y remover así ese gran obstáculo con que “el padre de la mentira” (Juan 8, 44) pretende escondernos las Bienaventuranzas, y que el Sabio llama “la fascinación de la bagatela” (Sabiduría 4, 12).
Los hebreos dividían los libros sagrados en tres grupos: La Torah (Ley); los Nebiyim (Profetas) y los Ketubim (Hagiógrafos). A este tercer grupo pertenece el Eclesiastés, que era contado también entre los cinco Meghillot, o sea libros pequeños que se escribían en rollos aparte, para uso litúrgico.
Eclesiastés 1
Todo es vanidad
1 [1] Palabras del Predicador, hijo de David, rey de Jerusalén.
2 [2] Vanidad de vanidades, decía el Predicador; vanidad de vanidades; todo es vanidad.
3 ¿Qué provecho saca el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo del sol?
No hay nada nuevo
4 Una generación se va y otra generación viene, mas la tierra es siempre la misma.
5 El sol se levanta, el sol se pone, y camina presuroso hacia su lugar, donde nace (de nuevo).
6 El viento se dirige hacia el mediodía, declina luego hacia el norte; gira y gira sin cesar el viento, y así retorna girando.
7 [3] Todos los ríos van al mar, y el mar nunca se llena; al lugar de donde los ríos vienen, allá vuelven para correr de nuevo.
8 [4] Todas las cosas son afanes, más de cuanto se puede decir. Los ojos nunca se hartan de ver, ni los oídos se llenan de oír.
9 [5] Lo que fue, eso será; lo que se hizo, lo mismo se hará; nada hay de nuevo bajo el sol.
10 Si hay una cosa de que dicen: “Mira, esto es nuevo”, también esa existió ya en los tiempos que nos precedieron.
11 No queda memoria de las cosas pasadas, ni recuerdo de las futuras entre los que han de venir.
La vanidad y la sabiduría
12 Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel, en Jerusalén.
13 [6] Y me puse en el corazón averiguar y escudriñar, por medio de la sabiduría, todo cuanto se hace debajo del cielo. Esta dura tarea ha dado Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en ella.
14 [7] He visto todo cuanto se hace bajo el sol, y he aquí que todo es vanidad y correr tras el viento.
15 Lo torcido no puede enderezarse, y es imposible contar las cosas que faltan.
16 Dije para mí esto: “Mira cómo soy grande; soy más sabio que cuantos antes de mí fueron en Jerusalén; inmensa es la sabiduría y ciencia que mi corazón ha visto.”
17 Propuse en mi ánimo conocer la sabiduría, y asimismo la necedad y la insensatez; y aprendí que también esto es correr tras el viento.
18 [8] Pues donde hay mucho saber hay mucha molestia; quien aumenta la ciencia, aumenta el dolor.
Eclesiastés 2
Vanidad de los placeres
1 [9] Dije en mi corazón: “Ven, te probaré con la alegría; ¡goza la felicidad!” Mas he aquí que también esto es vanidad.
2 [10] A la risa le dije: “¡Qué locura!”, y a la alegría: “¿De qué sirve?”
3 Resolví en mi corazón regalar mi carne con el vino, mientras mi corazón me condujese con sabiduría, y entregarme a la necedad hasta saber cuál sea la cosa más útil para los hombres, y qué deben hacer bajo el cielo en los días de su vida.
4 [11] Realicé grandes obras: me edifiqué casas y planté viñas.
5 Me hice jardines y vergeles, y planté en ellos toda suerte de árboles frutales.
6 Me construí estanques de agua, para regar con ella el parque donde crecían los árboles.
7 Compré esclavos y esclavas, y otros me nacieron en casa; tuve también mucho ganado, mayor y menor, más que cuantos me precedieron en Jerusalén.
8 [12] Amontoné, además, plata y oro, tesoros de reyes y provincias; me procuré cantores y cantoras y las delicias del hombre: muchas mujeres.
9 Fuí grande y sobrepujé a cuantos antes de mí vivieron en Jerusalén; y también mi sabiduría permaneció conmigo.
10 Nada negué a mis ojos de cuanto pedían, ni privé a mi corazón de placer alguno; porque mi corazón se gozaba de todos mis trabajos; y este fue mi premio en todos mis afanes.
11 Mas considerando todas las obras de mis manos, y el trabajo que me habían costado, vi que todo era vanidad y correr tras el viento, y que no hay provecho alguno debajo del sol.
El sabio y el necio tienen la misma suerte
12 [13] Dirigí entonces mi mirada a la sabiduría, a la insensatez y a la necedad. Pues, “¿qué puede hacer el que viene en pos del rey sino lo que otros hicieron ya antes?
13 [14] Y vi que la sabiduría lleva sobre la necedad tanta ventaja, cuanto la luz sobre las tinieblas.
14 [15] El sabio tiene sus ojos en la cabeza, mas el necio anda a oscuras”. Con todo observé que es una misma la suerte de todos.
15 Y dije en mi corazón: “La suerte del necio será también la mía. ¿De qué, pues, me sirve tanta sabiduría?” Por lo cual dije para mí: “¡Aun esto es vanidad!”
16 Pues el recuerdo del sabio no es más durable que el del necio; pasados algunos días todos son olvidados. ¿Cómo es que el sabio muere igual que el necio?
17 [16] Por esto aborrecí la vida, pues todo cuanto acaece bajo el sol no es más que calamidad, ya que todo es vanidad y correr tras el viento.
18 Y aborrecí todos mis trabajos que había hecho bajo el sol, para dejarlos a quien venga después de mí.
19 Y ¿quién sabe si será un sabio o un necio? Ese será dueño de todos los frutos de mi trabajo que he desplegado bajo el sol. También esto es vanidad.
20 [17] Y comencé a desesperar en mi corazón de todos los trabajos que había hecho debajo del sol;
21 puesto que aquel que realizó su trabajo con sabiduría, con inteligencia y destreza, ha de dejárselo como propiedad a quien no puso en ello las manos. También esto es vanidad y mal grande.
22 En efecto ¿qué le queda al hombre de todos sus afanes, y de tanta aflicción que su corazón sufre bajo el sol?
23 Todos sus días son dolor, y sus trabajos una pena; ni aun de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.
24 [18] No le queda al hombre cosa mejor que comer y beber, y recrear su alma con los frutos de sus fatigas. Y he visto que también esto viene de la mano de Dios.
25 [19] ¿Quién, en efecto, puede comer y gozar si no es por Él?
26 [20] Porque al que es bueno a sus ojos, a este le da Dios sabiduría, conocimiento y gozo; pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para después pasarlo a aquel que es bueno delante de Dios. También esto es vanidad y correr tras el viento.
Eclesiastés 3
Todas las cosas tienen su tiempo
1 [21] Todas las cosas tienen su tiempo; todo lo que pasa debajo del sol tiene su hora.
2 Hay tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derruir, y tiempo de edificar;
4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de entregarse al luto, y tiempo de darse a la danza;
5 [22] tiempo de desparramar las piedras, y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar, y tiempo de dejar los abrazos;
6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de tirar;
7 tiempo de rasgar, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
El hombre tan pequeño ante Dios
9 ¿Qué provecho saca el que se afana con todos sus trabajos?
10 Consideré el trabajo que Dios ha dado a los hombres para que en él se ocupen.
11 [23] Todas las cosas hizo Él buenas a su tiempo, y hasta la eternidad la puso en sus corazones, sin que el hombre pueda comprender la obra de Dios desde el comienzo hasta el fin.
12 [24] Y conocí que no hay cosa mejor para ellos que gozarse y llevar una vida regalada;
13 y si el hombre come y bebe y goza del fruto de su trabajo, también esto es un don de Dios.
14 [25] Conocí que todas las obras de Dios subsisten siempre; nada se les puede añadir ni quitar. Dios lo hizo así para que se lo tema.
15 [26] Lo que ya fue, existe aún, y lo que será, ya fue, porque Dios busca (renovar) lo pasado.
16 [27] Aún más vi debajo del sol: en el sitial del derecho sentada la maldad, y en el lugar de la justicia, la iniquidad.
17 Díjeme entonces en mi corazón: “Dios juzgará al justo y al injusto, porque allá hay un tiempo para cada cosa y cada obra.”
18 Dije además en mi corazón respecto de los hijos de los hombres: “Dios quiere probarlos y mostrarles que por sí mismos no son más que bestias.”
19 Porque lo mismo que a las bestias sucede al hombre, como muere este así mueren aquellas; un mismo hálito tienen todos; y no tiene el hombre ventaja sobre la bestia, porque todo es vanidad.
20 Todos van a un mismo paradero; todos han sido sacados del polvo, y al polvo vuelven todos.
21 ¿Quién sabe si el hálito del hombre sube arriba, y el del animal desciende abajo, a la tierra?
22 [28] Y vi que no hay cosa mejor para el hombre que gozarse en sus obras; pues esta es su suerte. Porque ¿quién le hará ver lo que será después de él?
Eclesiastés 4
Opresión de los débiles
1 [29] Volví (a pensar) y vi todas las opresiones que se cometen debajo del sol; y miré a los oprimidos en sus lágrimas, sin haber nadie que los consolase, sujetos a la violencia de sus opresores sin tener consolador.
2 [30] Por lo cual llamé dichosos a los hombres que ya murieron, más que a los vivos que viven todavía.
3 Y más dichoso que ambos, a aquel que no ha sido, ni vio las cosas malas que se hacen bajo el sol.
Envidia y avaricia
4 [31] Vi además que todo trabajo y todo esmero que un hombre emplea en sus obras provoca la envidia de su prójimo. También esto es vanidad y correr tras el viento.
5 [32] Cruza el necio sus manos, y come su propia carne (diciendo):
6 “Más vale una sola mano llena con reposo, que las dos llenas con trabajo y correr tras el viento.”
7 Reflexioné de nuevo y reparé en otra vanidad debajo del sol:
8 [33] Un hombre solo, sin compañero, sin hijo ni hermano, y con todo no cesa de trabajar, ni se hartan de riquezas sus ojos. (No dice): “¿Para quién trabajo yo y me privo de los placeres?” También esto es vanidad y grave molestia.
9 Más valen dos que uno solo; porque así sacan más fruto de su trabajo.
10 Pues si caen, el uno puede levantar a su compañero. Mas ¡ay del solo si cae y no hay segundo que le levante!
11 Del mismo modo si duermen dos juntos, se calientan mutuamente; uno solo ¿cómo podrá calentarse?
12 Y si alguien ataca a uno, los dos le resisten; pues una cuerda triplicada difícilmente se rompe.
Inconstancia de los afectos humanos
13 Más vale un joven pobre y sabio que un rey viejo e insensato, que ya no sabe ponderar los consejos.
14 [34] Pues aquel sale de la cárcel y llega a reinar, aunque nació pobre en el reino de este.
15 [35] Y vi cómo todos los vivientes debajo del sol iban en pos del joven sucesor, quien en lugar del (rey) se levantaba.
16 Era infinito el número de toda aquella gente, de todos aquellos a cuyo frente él marchaba, y sin embargo los que vendrán después, no se alegrarán por él. También esto es vanidad y correr tras el viento.
Obediencia vale más que sacrificios
17 [36] Guarda tus pies cuando entras en la casa de Dios. Acercarse (a Él) para escuchar vale más que los sacrificios de los necios, que no saben hacer más que el mal.
Eclesiastés 5
Prácticas religiosas
1 [37] No abras inconsideradamente tu boca, ni sea ligero tu corazón en proferir palabras delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú en la tierra; por eso sean pocas tus palabras.
2 Pues de los muchos trabajos vienen los sueños; y del mucho hablar las palabras necias.
3 [38] Si haces a Dios un voto, no tardes en cumplirlo, porque Él no otorga favores a los necios; tú cumple lo prometido.
4 Mejor es no hacer voto alguno, que hacerlo sin darle cumplimiento.
5 [39] No sea tu lengua ocasión de que peque tu cuerpo, ni digas después ante el ángel que fue inadvertencia, para que no se enoje Dios a causa de tu palabra y destruya la obra de tus manos.
6 [40] Pues donde hay mucho sueño, hay también muchas vanidades y muchas palabras. Tú teme a Dios.
Injusticias
7 [41] Si ves en una provincia la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te sorprendan tales cosas. Otro (más) alto vela sobre el que es alto; y sobre ellos hay quienes son más altos todavía.
8 El fruto del campo es para todos; aun el rey vive del campo.
Vanidad de las riquezas
9 [42] El que ama la plata no se sacia de ella y el que ama las riquezas no aprovecha sus frutos. También esto es vanidad.
10 [43] Creciendo la hacienda, crece el número de los que de ella comen; ¿qué provecho tiene entonces su dueño sino el verlo con sus ojos?
11 Dulce es el sueño del que trabaja, coma poco, coma mucho; pero al rico su hartura no le deja dormir.
12 Hay otro mal grave que he visto debajo del sol: riquezas guardadas para mal de su dueño.
13 Pues se pierde esa riqueza por un infortunado suceso, y los hijos que engendró ya no tienen nada en la mano.
14 Desnudo como salió del seno de su madre, así volverá para ir como vino, sin recibir nada por su trabajo que pueda llevar en su mano.
15 También esto es una desdicha enorme: que precisamente como vino, así se haya de volver. ¿Qué le aprovecha el haber trabajado para el viento?
16 [44] ¡Y comió todos los días a obscuras, entre muchas penas, dolencias y enojos!
17 [45] Por tanto, he aquí lo que me pareció conveniente y agradable: que el hombre coma y beba y disfrute, en todo su trabajo, de los bienes, por los cuales se afana debajo del sol, durante los días de vida que Dios le conceda; porque tal es su destino.
18 Y cuando Dios da a un hombre riquezas y hacienda, y también la facultad de comer de ellas, y disfrutar de la parte que le toca, y alegrarse con (el fruto de) su trabajo, esto es un don de Dios.
19 Pues no tiene muchas preocupaciones en los días de su vida, porque Dios le colma de gozo el corazón.
Eclesiastés 6
Bienes sin disfrute
1 [46] Hay otro mal que vi debajo del sol, y que pesa gravemente sobre los hombres:
2 Hombres hay a quienes Dios dio riquezas, bienes y honores, y a los que nada falta en la vida de cuanto puedan desear, pero Dios no los deja gozar de ello; un extraño lo consumirá. Vanidad es esto y mal muy grande.
3 [47] Si uno engendra cien hijos, y vive muchos años, hasta la más avanzada edad, y su alma no se harta de sus bienes, y ni siguiera obtiene sepultura, este tal, digo yo, es mas infeliz que un abortivo.
4 Pues ha venido en vano, y en tinieblas se va; y la obscuridad cubre su nombre;
5 [48] nunca vio el sol ni le conoció. Más reposo tiene este que aquel infeliz.
6 Y esto aunque haya vivido dos veces mil años; pues no ha podido gozar de los bienes. ¿Acaso no van todos a un mismo lugar?
7 Todo el afán del hombre es para su boca; pero nunca se sacian sus apetitos.
8 [49] ¿Qué ventaja tiene el sabio sobre el necio? ¿Cuál el pobre que sabe conducirse delante de los hombres?
9 [50] Más vale lo que ven los ojos, que ir tras deseos. También esto es vanidad y correr tras el viento.
La fugacidad de la vida
10 [51] A todo cuanto ha de venir le ha sido dado ya su nombre, y ya se sabe qué es un hombre, y que no puede contender con quien le supera en fuerza.
11 Hay muchas palabras que solo sirven para aumentar la vanidad. ¿Qué provecho tiene de esto el hombre?
Eclesiastés 7
Diversas reglas de sabiduría
1 [52] Pues, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre mientras vive, en los días de su vida de vanidad, que él recorre como una sombra? Y ¿quién puede decir al hombre lo que después de él ha de ser bajo el sol?
2 [53] Más vale la buena reputación que preciosos ungüentos, y más el día de la muerte que el del nacimiento.
3 [54] Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del festín; pues aquella (recuerda) el fin de todos los hombres, y el viviente se pone a reflexionar.
4 [55] Mejor es el pesar que la risa, pues la tristeza del rostro es medicina para el corazón.
5 [56] El corazón de los sabios está en la casa del luto, y el de los necios en la casa del placer.
6 Más vale oír la reprensión del sabio, que escuchar el cantar de los necios;
7 porque como el crepitar de los espinos debajo de la olla, así es la risa de los necios. Y también esto es vanidad.
8 Porque la vejación conturba al sabio, y las dádivas corrompen el corazón.
9 [57] Mejor es el fin de una cosa que sus comienzos; y vale más el hombre sufrido que el arrogante.
10 [58] No seas ligero en airarte; la ira reside en el seno de los insensatos.
11 [59] No preguntes: “¿Por qué los tiempos antiguos fueron mejores que estos?”, porque no es sabiduría el preguntarlo.
12 [60] Cosa buena es la sabiduría con bienes materiales, y de gran provecho para los que ven el sol.
13 [61] Escudo es la sabiduría, y escudo es el dinero, pero el conocimiento de la sabiduría tiene la ventaja de dar vida a su poseedor.
Incertidumbre del porvenir
14 Considera la obra de Dios: ¿Quién podrá enderezar lo que Él encorvó?
15 En el día de la prosperidad goza de la prosperidad, y en el día de la adversidad ten presente que Dios hizo al uno como al otro, a fin de que el hombre nada sepa de lo que ha de venir después de Él.
16 [62] Todo lo he visto en los días de mi vanidad: al justo, que perece en medio de su justicia, y al malvado, que vive largo tiempo en medio de sus iniquidades.
17 [63] No quieras ser demasiado justo, ni demasiado sabio. ¿Por qué quieres perderte?
18 [64] No hagas mucho mal, ni seas insensato. ¿Por qué quieres morir antes de tiempo?
19 [65] Bueno es retener lo uno, sin dejar de tu mano lo otro; porque quien teme a Dios, evita todos esos (excesos).
Valor de la sabiduría
20 [66] La sabiduría da al sabio más fuerzas que diez poderosos que hay en la ciudad.
21 [67] Porque no hay sobre la tierra hombre justo que obre bien y no peque nunca.
22 [68] No prestes atención a todas las palabras que se dicen, no sea que oigas a tu siervo hablar mal de ti.
23 Pues bien sabe tu conciencia que también tú muchas veces has murmurado de otros.
24 He probado todo esto por medio de la sabiduría. Me dije “Quiero ser sabio”, mas la (sabiduría) está lejos de mí.
25 Lo que se queda lejos y es más profundo, ¿quién podrá alcanzarlo?
La mujer
26 Apliqué mi corazón para conocer, investigar y buscar la sabiduría y la razón de ser (de las cosas), y para conocer la maldad de la insensatez, la necedad y la locura,
27 [69] y hallé que más amarga que la muerte es aquella mujer cuyo corazón es lazo y red, y cuyas manos son cadenas. Quien agrada a Dios, escapa de ella, pero el pecador quedará preso en sus lazos.
28 He aquí lo que hallé, dice el Predicador, contemplando una cosa tras otra para averiguar sus razones,
29 las cuales busca todavía mi alma, sin poder encontrarlas. Entre mil hallé un hombre, pero no una mujer entre otras tantas mujeres.
30 Pero esto hallé; nótalo bien: Dios creó al hombre recto; mas ellos se entregaron a muchos vanos pensamientos. ¿Quién como el sabio? ¿Quién sabe explicar las cosas?
Eclesiastés 8
La sumisión debida al rey
1 La sabiduría da brillo al rostro del hombre, y se muda la aspereza de su semblante.
2 Yo (digo): Guarda el mandato del rey, a causa del juramento hecho a Dios.
3 [70] No te retires a la ligera de su presencia, ni te obstines en cosa mala; porque lo que quiere, eso lo hace.
4 Pues la palabra del rey es poderosa, y quién le dirá: “¿Qué es lo que haces?”
5 [71] El que guarda el mandato no experimentará mal alguno; el corazón del sabio conoce el tiempo y lo que conviene.
6 Pues cada cosa tiene su tiempo y su manera, porque es grande el mal que gravita sobre el hombre,
7 ya que ignora lo que ha de venir; y ¿quién le manifestará el modo de su realización?
8 [72] El hombre no es dueño de su aliento para retenerlo, ni tiene poder sobre el día de la muerte. No hay tregua en este combate, y la impiedad no podrá librar a los que la sirven.
Caminos desconocidos
9 Todas estas cosas he visto, fijando mi atención sobre cuanto pasa debajo del sol. Hay tiempos en que el hombre domina al hombre para arruinarlo.
10 [73] También he visto a impíos que recibieron sepultura y entraron (en el reposo), mientras los que frecuentaban el lugar santo son olvidados en la ciudad donde habían obrado rectamente. También esto es vanidad.
11 [74] Por cuanto la sentencia contra el mal obrar no se ejecuta prontamente, por eso el corazón de los hijos de los hombres se anima a hacer el mal.
12 Pero aunque el pecador centuplique sus malas obras y prolongue (sus días), sin embargo sé yo que les irá bien a quienes temen a Dios, a los que temen en su presencia.
13 A los impíos, empero, no les irá bien; no prolongarán sus días, (serán) como la sombra, porque no temen la faz del Señor.
14 (Otra) vanidad existe sobre la tierra: hay justos que padecen lo que corresponde a las obras de los impíos; e impíos que cobran como corresponde a las obras de los justos. Y dije: también esto es vanidad.
15 Por eso ensalcé la alegría, puesto que el hombre no tiene otra ventura bajo el sol que comer, beber y alegrarse. Esto es lo que queda de su trabajo en los días de su vida que Dios le concede bajo el sol.
Vanos cuidados
16 [75] Así apliqué mi corazón a conocer la sabiduría, y a examinar el trabajo que los hombres hacen sobre la tierra; porque hay ojos que ni de noche ni de día ven el sueño.
17 Y vi toda la obra de Dios (y comprendí) que el hombre no puede entender cuanto se hace debajo del sol. Por mucho que se afane el hombre en buscar, nada descubrirá; y aun cuando el sabio afirmare saberlo, nada podrá hallar.
Eclesiastés 9
Los designios de Dios son inescrutables
1 [76] Sobre todas estas cosas he reflexionado en mi corazón, y he averiguado que los justos y los sabios y sus obras están en la mano de Dios. El hombre no sabe (de antemano) ni el amor ni el odio; todo está adelante de él.
2 [77] Todo sucede igualmente a todos; una misma suerte aguarda al justo y al malhechor, al que es bueno y puro y al impuro; al que ofrece sacrificios y al que no los ofrece: al recto y al pecador; al que jura y al que teme jurar.
3 [78] Este mal existe en todo cuanto debajo del sol acaece: una misma es la suerte de todos. Por eso el corazón de los hombres está lleno de malicia, y henchido de locura mientras viven, y después se van a morar con los muertos.
4 Para el que está entre los vivos hay esperanza; más vale perro vivo que león muerto.
5 [79] Los que viven saben que han de morir, mas los muertos no saben nada; y no esperan premio, pues su memoria se ha perdido.
6 Amor, odio y envidia para ellos ya no existen, y no tendrán ya parte en lo que pasa debajo del sol.
7 Ve, pues, y come gozoso tu pan, y bebe con alegre corazón tu vino; porque Dios mira ya complacido tus obras.
8 [80] Sean tus vestidos en todo tiempo blancos; y no falte en tu cabeza el perfume.
9 [81] Goza de la vida con tu amada esposa todos los días de tu vida fugaz, que Él te ha dado debajo del sol durante todos los días de tu existencia caediza, porque esta es tu parte en la vida, y en los trabajos que has de sufrir debajo del sol.
10 [82] Todo lo que pueda hacer tu mano ejecútalo con tus fuerzas, porque en el scheol a dónde vas no hay obra, ni plan, ni ciencia, ni sabiduría.
Trabajos sin recompensa
11 [83] Me volví (a examinar) y observé debajo del sol: que no es siempre de los ágiles el vencer en la carrera, ni de los valientes el triunfar en la guerra, ni de los sabios ganarse el pan, ni de los inteligentes el alcanzar riquezas, ni de los doctos el lograr favores; pues todos están sujetos al tiempo y al azar.
12 [84] Tampoco conoce el hombre su hora. Como los peces se prenden en la fatal red, y los pájaros en el lazo, de igual modo se enredan los hombres en el tiempo aciago que los sobrecoge de repente.
Un ejemplo
13 He visto debajo del sol también este ejemplo de sabiduría, que me pareció muy significativo.
14 [85] Había una pequeña ciudad y pocos hombres en ella; vino contra ella un rey poderoso que la cercó y levantó contra ella grandes torres.
15 Y se halló en ella un hombre pobre, pero sabio, que salvó a la ciudad por su sabiduría. Mas después nadie se acordó de aquel hombre pobre.
16 Y dije entonces: “Vale más la sabiduría que la fortaleza”, pero la sabiduría del pobre es despreciada, y no se hace caso de sus palabras.
17 Las palabras sosegadas de los sabios se oyen mejor que los gritos del que es príncipe entre insensatos.
18 [86] Más vale sabiduría que pertrechos de guerra; pero un solo pecador destruye mucho bien.
Eclesiastés 10
Excelencia de la sabiduría
1 Moscas muertas infectan y corrompen el ungüento del perfumista; así una leve locura es mengua de la sabiduría y de la gloria.
2 [87] El corazón del sabio está en su mano derecha, el del necio en su izquierda.
3 Por cualquier camino que vaya el necio le falta el tino, y declara a cada uno que es un necio.
4 No dejes tu lugar si la ira del que manda se enciende contra ti; porque la mansedumbre calma graves errores.
5 Hay un mal que he visto debajo del sol, una especie de errores que provienen del príncipe:
6 [88] la necedad elevada a los puestos más altos, y los señores sentados abajo.
7 Vi a esclavos ir a caballo, y a príncipes andar sobre la tierra como esclavos.
8 [89] Quien cava una fosa, en ella caerá, y quien destruye un vallado le muerde la serpiente.
9 El que rueda piedras se lastima con ellas, y quien parte leña corre peligro de herirse.
10 [90] Si el hierro se embota y no se aguza el filo, se requiere mayor esfuerzo, pero la sabiduría halla la ventaja.
11 [91] Si muerde la serpiente por fallar el encantamiento, ¿qué provecho tiene el encantador?
12 En la boca del sabio las palabras son llenas de gracia, mas al necio le devoran sus labios.
13 El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su hablar es locura perniciosa.
14 [92] El necio habla mucho. Ignora el hombre lo que pasó; y lo que después de él sucederá ¿quién se lo manifiesta?
15 [93] Al necio le fatigan sus afanes, ni siquiera sabe por dónde se va a la ciudad.
16 ¡Ay de ti, país, cuando por rey tienes a un niño, y tus príncipes banquetean ya a la mañana!
17 ¡Dichoso tú, oh, país, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su tiempo, para sustentarse, y no para embriagarse!
18 A causa de la pereza se desploma la techumbre, y por flojedad de manos será toda la casa una gotera.
19 Para gozar se hacen convites; el vino hace alegre la vida, y la plata sirve para todo.
20 Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, y ni siquiera en el interior de tu alcoba hables mal del poderoso, porque un pájaro del cielo puede llevar tus palabras y denunciarte un alado.
Eclesiastés 11
No te preocupes del porvenir
1 [94] Echa tu pan sobre la faz de las aguas, que al cabo de mucho tiempo lo hallarás.
2 [95] Repártelo a siete y aun a ocho, pues no sabes los males que pueden venir sobre la tierra.
3 [96] Cuando las nubes están cargadas de agua la derraman sobre la tierra, y si un árbol cae hacia el mediodía o hacia el norte, en el lugar donde cayere, allí quedará.
4 [97] Quien solamente observa los vientos, nunca siembra, y el que mira a las nubes, nunca siega.
5 [98] Así como no sabes cuál es el camino del viento, ni cómo (se forman) los huesos en el seno de la madre, así tampoco conoces la obra de Dios, quien hace todas las cosas.
6 [99] Siembra tu semilla muy de mañana, y a la tarde no dejes reposar tu mano, porque ignoras qué es mejor, si esto o aquello, o si ambas acciones surten el mismo efecto.
No olvidarse del fin
7 Dulce cosa es la luz, y ver el sol agrada a los ojos.
8 [100] Aunque un hombre viva largos años y todos ellos llenos de alegría, piense en los días tenebrosos, pues serán muchos. Todo lo que sucede es vanidad.
9 [101] Gózate, joven, en tu juventud, y alégrese tu corazón en los días de tu mocedad; sigue los caminos de tu corazón y lo que encanta tus ojos; pero sábete que de todas estas cosas Dios te pedirá cuenta.
10 [102] Destierra de tu corazón las congojas, y aleja de tu carne el dolor. Pues la juventud y los albores de la vida son vanidad.
Eclesiastés 12
Acuérdate de tu Creador
1 [103] Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen aquellos años de los cuales dirás: “¡No me gustan!”
2 Antes que se obscurezca el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia.
Caducidad de la vejez
3 [104] Entonces temblarán los guardianes de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes; cesarán las molederas por ser pocas, y se oscurecerán las que miran por las ventanas.
4 Se cerrarán las puertas que dan a la calle, y se apagará el rumor del molino. La voz será tan alta como la del pájaro, y enmudecerán todas sus canciones.
5 [105] Temerá las alturas y tendrá miedo en el camino; florecerá el almendro y engrosará la langosta, y no servirá más la alcaparra; porque se va el hombre a la casa de su eternidad, y andan ya los plañideros por las calles.
6 [106] (Acuérdate) antes que se rompa el cordón de plata y se quiebre la copa de oro; y el cántaro se haga pedazos en la fuente, y la rueda sobre la cisterna;
7 [107] y antes que el polvo se vuelva a la tierra de donde salió, y el espíritu retorne a Dios que le dio el ser.
8 [108] ¡Vanidad de vanidades! decía el Predicador. ¡Todo es vanidad!
Epílogo
9 El Predicador, además de ser sabio, enseñó también al pueblo la sabiduría, fijó su atención (sobre las cosas), y escudriñando compuso numerosos proverbios.
10 Procuró el Predicador hallar sentencias agradables, y escribir apropiadas palabras de verdad.
11 [109] Las palabras de los sabios son como aguijones y cual clavos hincados; son provisiones dadas por el Pastor único.
12 [110] Por lo demás, hijo mío, no busques otra lección. No tiene fin el componer muchos libros; y los muchos estudios fatigan al cuerpo.
13 [111] Oídas todas estas cosas, se sigue como conclusión: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es todo el hombre.
14 Pues Dios traerá a juicio todo lo que se hace, aun las cosas ocultas, sean buenas o sean malas.