Job
- Prólogo
- Antiguo Testamento (46 libros)
-
Introducción al Nuevo Testamento (27 libros)
- Mateo
- Marcos
- Lucas
- Juan
- Hechos
- Introducción a las Epístolas Paulinas
- Epístolas Católicas
- Apocalipsis
- Introducción
- PRÓLOGO
- I. Discusión de job con sus amigos
- II. Discursos de eliú
- III. Intervención de dios
- Comentarios de Mons. Straubinger
Introducción
Con el libro de Job volvemos a los tiempos patriarcales. Job, un varón justo y temeroso de Dios, está acosado por tribulaciones de tal manera que, humanamente, ya no puede soportarlas. Sin embargo, no pierde la paciencia, sino que resiste a todas las tentaciones de desesperación, guardando la fe en la divina justicia y providencia, aunque no siempre la noticia del amor que Dios nos tiene, y de la bondad que viene de ese amor (1 Juan 4, 16) y según la cual no puede sucedernos nada que no sea para nuestro bien. Tal es lo que distingue a este santo varón del Antiguo Testamento, de lo que ha de ser el cristiano.
Inicia el autor sagrado su tema con un prólogo (caps. 1-2), en el cual Satanás obtiene de Dios permiso para poner a prueba la piedad de Job. La parte principal (caps. 3-42, 6) trata, en forma de un triple diálogo entre Job y sus tres amigos, el problema de por qué debe sufrir el hombre y cómo es compatible el dolor de los justos con la justicia de Dios. Ni Job ni sus amigos saben la verdadera razón de los padecimientos, sosteniendo los amigos la idea de que los dolores son consecuencia del pecado, mientras que Job insiste en que no lo tiene.
En el momento crítico interviene Eliú, que hasta entonces había quedado callado, y lleva la cuestión más cerca de su solución definitiva, afirmando que Dios a veces envía las tribulaciones para purificar y acrisolar al hombre.
Al fin aparece Dios mismo, en medio de un huracán, y aclara el problema, condenando los falsos conceptos de los amigos y aprobando a Job, aunque reprendiéndolo también en parte por su empeño en someter a juicio los designios divinos con respecto a él. ¿Acaso no debemos saber que son paternales y por lo tanto misericordiosos? En el epílogo (cap. 42, 1-16) se describe la restitución de Job a su estado anterior.
La historicidad de la persona de Job está atestiguada repetidas veces por textos de la Sagrada Escritura (Ezequiel 14, 14 y 20; Tobías 2, 12; Santiago 5, 11), que confirman también su gran santidad. Según la versión griega, Job era descendiente de Abrahán en quinta generación, y se identificaría con Jobab, segundo rey de Idumea. Pero esta versión se aparta considerablemente del original. De todos modos, es cosa admitida, que Job no pertenecía al pueblo que había de ser escogido, lo cual hace más notable su ejemplo.
El autor inspirado que compuso el poema, reuniendo en forma sumamente artística las tradiciones acerca de Job, vivió en una época, en la cual la literatura religiosa estaba en pleno florecimiento, es decir, antes del cautiverio babilónico. No es de negar que el estilo del libro tenga cierta semejanza con el del profeta Jeremías, por lo cual algunos consideran a este como autor, aunque está claro que Jeremías es posterior y reproduciría pasajes de Job. Cf. Jeremías 12, 1 y Job 21, 1; Jeremías 11, 1 y Job 19, 23; Jeremías 20, 14-18 y Job 3, 3-10; Jeremías 20, 11 y Job 3, 11, etc. Otros lo han atribuido al mismo Job, a Eliú, a Moisés, a Salomón, a Daniel. Ya San Gregorio Magno señala la imposibilidad de establecer el nombre del autor.
Job, cubierto de llagas, insultado por sus amigos, padeciendo sin culpa, y presentando a Dios quejas tan desgarradoras como confiadas, es imagen de Jesucristo, y solo así podemos descubrir el abismo de este Libro que es una maravillosa prueba de nuestra fe. Porque toda la fuerza de la razón nos lleva a pensar que hay injusticia en la tortura del inocente. Y es Dios mismo quien se declara responsable de esas torturas. Esta prueba nos hace penetrar en el gran misterio de “injusticia” que el amor infinito del Padre consumó a favor nuestro: hacer sufrir al Inocente, por salvar a los culpables. ¡Y el castigado era SU HIJO único!
Las lecciones del Oficio de Difuntos están tomadas totalmente del Libro de Job y comprenden sucesivamente los siguientes pasajes: 7, 16-21; 10, 1-7, 8-12; 13, 22-28; 14, 1-6, 13-16; 17, 1-3, 11-15; 19, 20-27; 10, 18-22.
PRÓLOGO
Job 1
Job, varón justo y recto
1 [1] Había en tierra de Us un varón que se llamaba Job; era hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
2 Le nacieron siete hijos y tres hijas,
3 [2] y poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muy numerosa servidumbre. Era así aquel hombre más poderoso que todos los orientales.
4 Sus hijos solían visitarse el uno al otro en sus casas y celebrar banquetes, cada cual en su día, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.
5 [3] Concluido el turno de los días del convite, Job los hacía venir, y los santificaba. Madrugando por la mañana ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos; pues decía Job: “Quizá hayan pecado mis hijos, y maldecido a Dios en sus corazones.” Así obraba Job siempre.
Dios da a Satanás poder sobre Job
6 [4] Un día cuando los hijos de Dios fueron a presentarse delante de Yahvé, vino también entre ellos Satanás.
7 Y dijo Yahvé a Satanás: “¿De dónde vienes?” Respondió Satanás a Yahvé y dijo: “Acabo de dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella.”
8 [5] Y preguntó Yahvé a Satanás: “¿Has reparado en mi siervo Job?, pues no hay ninguno como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.”
9 [6] Respondió Satanás a Yahvé, y dijo: “¿Acaso teme Job a Dios desinteresadamente?
10 ¿No le has rodeado con tu protección por todas partes a él, su casa y todo cuanto tiene? Has bendecido la obra de sus manos, y su hacienda se ha multiplicado sobre la tierra.
11 Pero anda, extiende tu mano y toca cuanto es suyo, y verás cómo te maldice en la cara.”
12 [7] Dijo entonces Yahvé a Satanás: “He aquí que todo cuanto tiene está en tu mano; pero no extiendas tu mano contra su persona.” Con esto se retiró Satanás de la presencia de Yahvé.
Job privado de sus bienes
13 Ahora bien, mientras un día sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano mayor,
14 llegó un mensajero a Job y dijo: “Estaban los bueyes arando, y las asnas paciendo junto a ellos,
15 [8] cuando cayeron sobre ellos los sabeos y se los llevaron, pasando a cuchillo a los siervos. Y yo solo he escapado para traerte la noticia.”
16 [9] Todavía estaba este hablando, cuando llegó otro, que dijo: “Fuego de Dios ha caído del cielo, que abrasó a las ovejas y a los siervos, devorándolos; yo solo he podido escapar para traerte la noticia.”
17 [10] Todavía estaba este hablando, cuando vino otro, que dijo: “Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, cayeron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a cuchillo a los siervos; y yo solo he escapado para traerte la noticia.”
18 Aún estaba este hablando, cuando entró otro y dijo: “Mientras tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano mayor,
19 sobrevino del otro lado del desierto un gran viento, que sacudió las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, que quedaron muertos; y yo solo he escapado para traerte la noticia.”
En la adversidad Job bendice a Dios
20 [11] Entonces Job se levantó, rasgó su manto y se rapó la cabeza. Y postrado en tierra adoró,
21 [12] y dijo: “Desnudo salí de las entrañas de mi madre y desnudo volveré allá. Yahvé lo ha dado, Yahvé lo ha quitado. ¡Sea bendito el nombre de Yahvé!”
22 En todo esto no pecó Job, ni dijo palabra insensata contra Dios.
Job 2
Job herido con una plaga maligna
1 Sucedió que un día se presentaron los hijos de Dios delante de Yahvé, y en medio de ellos vino también Satanás a ponerse en su presencia.
2 [13] Dijo Yahvé a Satanás: “¿De dónde vienes?” Satanás respondió a Yahvé y dijo: “Acabo de dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella.”
3 Preguntó Yahvé a Satanás: “¿Has reparado en mi siervo Job?, pues no hay ninguno como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, que persevera en su integridad, aunque tú me has incitado contra él, para perderle sin causa.”
4 [14] Respondió Satanás a Yahvé y dijo: “Piel por piel; porque todo cuanto tiene el hombre lo da por su vida.
5 [15] Pero anda, extiende tu mano y toca su hueso y carne, y verás cómo te maldice en la cara.”
6 Dijo, pues, Yahvé a Satanás: “He aquí que en tu mano está, pero consérvale la vida.”
7 [16] Salió Satanás de la presencia de Yahvé, e hirió a Job con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.
8 [17] Entonces este sentado sobre ceniza, tomó un casco de teja para rasparse con él (la podredumbre).
9 [18] Su mujer le dijo: “¿Todavía perseveras en tu rectitud? ¡Maldice a Dios, y muérete!”
10 [19] Mas él le dijo: “Hablas como una mujer necia. Si hemos aceptado el bien de parte de Dios, ¿no hemos de aceptar también el mal?” En todo esto no pecó Job con sus labios.
Vienen los amigos de Job
11 [20] Cuando los tres amigos de Job, Elifaz lemanita, Bildad suhita y Sofar naamatita, supieron toda esta calamidad que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar, porque habían concertado ir a darle el pésame y consolarlo.
12 Mas cuando desde lejos alzaron los ojos no lo reconocieron; por lo cual levantaron su voz y lloraron; y rasgando cada uno su manto, esparcieron polvo por el aire sobre sus cabezas;
13 [21] y quedaron con él sentados en tierra siete días y siete noches, sin hablarle palabra, pues veían que su dolor era muy grande.
I. Discusión de job con sus amigos
Job 3
1 [22] Después de esto abrió Job su boca y maldijo el día de su nacimiento.
2 Tomando Job la palabra dijo:
3 “¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: Ha sido concebido varón!
4 Conviértase aquel día en tinieblas; no pregunte por él Dios desde lo alto, ni resplandezca sobre él la luz.
5 Oscurézcanlo tinieblas y sombra de muerte; cúbralo densa niebla, sea espantosa la negrura de aquel día.
6 Apodérese de aquella noche la oscuridad; no se mencione entre los días del año, ni se registre en el cómputo de los meses.
7 Cuéntese aquella noche entre las estériles, en que no se oye canto de alegría.
8 [23] Maldíganla los que saben maldecir los días, los que saben despertar a Leviatán.
9 Eclípsense las estrellas de sus albores; espere la luz, que nunca le venga, no vea jamás los párpados de la aurora;
10 por cuanto no cerró las puertas del seno y no ocultó a mis ojos los dolores.
11 ¿Por qué no morí en el seno de mi madre, ni expiré al salir de sus entrañas?
12 [24] ¿Por qué me acogieron las rodillas (de mi padre), y los pechos para que mamara?
13 [25] Pues ahora reposaría yo en el silencio, dormiría, y así tendría reposo,
14 [26] con los reyes y consejeros de la tierra, que se edificaron mausoleos,
15 o con los príncipes que tenían oro, y llenaron sus casas de plata;
16 o no existiría, como aborto secreto, como los niños que no llegan a ver la luz.
17 [27] Allí los malvados cesan de hacer violencias, descansan los fatigados,
18 gozan los cautivos todos de paz, no oyen ya la voz del sobrestante.
19 Allí se hallan chicos y grandes, y también el siervo libre de su amo.
20 ¿Por qué conceder luz a los desdichados, y vida a los amargos de espíritu?
21 A los que esperan la muerte, que no viene, aunque la buscan cavando con más empeño que un tesoro.
22 Se alegran con júbilo y son felices al hallar el sepulcro.
23 ¿(Por qué dar vida) al hombre cuyo camino está encubierto, y a quien Dios tiene cercado?
24 [28] En vez de comer me alimento con suspiros, y mis gemidos se derraman como agua.
25 [29] Lo que temía, eso me ha sucedido, y lo que recelaba, eso me ha sobrevenido.
26 Estoy sin tranquilidad, sin paz, sin descanso, se ha apoderado de mí la turbación.”
Job 4
Primer discurso de Elifaz
1 [30] Entonces Elifaz temanita tomó la palabra y dijo:
2 “¿Te molestará por ventura si osamos hablarte? Mas ¿quién puede contener las palabras?
3 Mira, tú has enseñado a muchos, y a las manos débiles dabas fuerza.
4 Tus palabras sostenían a los que tropezaban, fortalecías las rodillas que vacilaban.
5 [31] Y ahora que a ti te ha llegado el turno, estás abatido; si Él te toca a ti, quedas turbado.
6 ¿No existe ya tu temor (a Dios), tu confianza, ni esperanza, y la rectitud de tu vida?
7 Recuerda bien si pereció jamás inocente alguno, ¿y dónde han sido exterminados los justos?
8 Por lo que siempre he visto, los que aran la iniquidad y siembran el mal, eso mismo cosechan,
9 Perecen al soplo de Dios, los consume el aliento de su ira.
10 [32] El bramido del león, la voz del rugiente, y los dientes del leoncillo se quiebran.
11 Perece el león por falta de presa, y los cachorros de la leona andan dispersos.
12 En el silencio me llegó una palabra, mi oído solo percibió un murmullo.
13 Agitado por visiones nocturnas, cuando en profundo sueño caen los hombres,
14 se apoderó de mí un susto y espanto que estremeció todos mis huesos.
15 Pasó por delante de mí un espíritu que erizó los pelos de mi cuerpo.
16 Se detuvo, pero no pude conocer su rostro; estaba cual espectro ante mis ojos; y en el silencio oí una voz (que decía):
17 [33] ¿Acaso el hombre es más justo que Dios? ¿el mortal más puro que su Hacedor?
18 [34] Si Él ni de sus mismos ministros se fía, y aun en sus ángeles descubre faltas,
19 ¿cuánto más en los que habitan en casas de barro, cuyos fundamentos son de polvo y serán roídos (como) por la polilla?
20 De la noche a la mañana son exterminados, perecen para siempre sin que nadie repare en ello.
21 [35] Se les corta el hilo de su (vida); mueren sin sabiduría.
Job 5
Continuación del primer discurso de Elifaz.
1 [36] Llama, pues, si hay quien te responda. ¿A cuál de los santos te dirigirás?
2 [37] Porque al necio le mata la cólera, y al fatuo la envidia.
3 [38] Yo vi al necio echar raíces, y al instante maldije su morada.
4 [39] Sus hijos no podrán prosperar; hollados serán en la puerta, sin haber quien los libre.
5 Su cosecha la devoran los hambrientos, la hurtan detrás (del cerco) de espinos; y los sedientos se sorben su riqueza.
6 [40] Pues no del polvo nace la calamidad, ni del suelo brotan los trabajos,
7 [41] ya que el hombre nace para el trabajo, como el ave para volar.
8 [42] Yo (en tu lugar) acudiría a Dios, y a Él le encomendaría mi causa;
9 [43] Él hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que nadie puede enumerar;
10 derrama la lluvia sobre la tierra, y envía las aguas sobre los campos.
11 Ensalza a los humildes Y eleva al afligido a lugar seguro;
12 desbarata las tramas del astuto, para que sus manos no puedan realizar sus proyectos.
13 [44] Prende a los sabios en su propia red, y los designios de los arteros quedan frustrados.
14 En pleno día tropiezan con tinieblas, andan a tientas al mediodía, como si fuese de noche.
15 Entretanto (Dios) salva al desvalido de la espada de sus lenguas, y de la mano del poderoso.
16 Por eso el débil tiene esperanza, y la injusticia tiene que callarse.
17 Feliz el hombre a quien Dios corrige. No desprecies la corrección del Omnipotente.
18 Él hace la llaga, y la venda; Él hiere y sana con sus manos.
19 [45] De seis angustias te sacará, y en la séptima no te tocará el mal.
20 En tiempos de hambre te salvará de la muerte, y en la guerra, del poder de la espada.
21 Te preservará del azote de la lengua, y no temerás si vinieren calamidades.
22 Te reirás de la devastación y del hambre, y no temerás a las fieras salvajes.
23 [46] Pues estarás en alianza con las piedras del campo, y las fieras del campo vivirán en paz contigo.
24 Conocerás que reina la paz en tu tienda; visitarás tus apriscos, y nada echarás de menos.
25 Verás numerosa tu descendencia, y tu prole como la hierba del campo.
26 Entrarás en el sepulcro en plena madurez cual gavilla segada a su tiempo.
27 Esto es lo que hemos visto. Así es. Óyelo bien y medítalo para tu provecho.”
Job 6
Respuesta de Job a Elifaz
2 “¡Oh! ¡Si pudiera pesarse mi aflicción, ponerse en balanza toda mi calamidad!
3 Pesarían más que la arena del mar. Por eso mis palabras son sin moderación.
4 Pues las saetas del Omnipotente se han clavado en mí, y mi espíritu bebe su veneno; los terrores de Dios me combaten.
5 [48] ¿Acaso el asno montés rebuzna teniendo hierba? ¿muge el buey si tiene su forraje?
6 ¿Acaso se puede comer un manjar insípido, sin sal, o gustar el jugo de plantas sin sabor?
7 Las cosas que mi alma rehúsa tocar, son mi repugnante comida.
8 ¡Ojalá que se cumpliese mi petición! y que Dios me diera lo que deseo:
9 que quiera Dios acabar conmigo, que soltara su mano para cortarme (la vida).
10 [49] Entonces me quedaría al menos este consuelo, —y por eso brincaría de gozo aunque Él me aplasta— que no he traspasado las palabras del Santo.
11 [50] Pero ¿cuál es mi fuerza para esperar todavía, y cuál mi fin, para tener aún paciencia?
12 ¿Es acaso mi fuerza la de las piedras; o es de bronce mi carne?
13 ¿No estoy privado de toda ayuda? ¿No se ha apartado de mí todo auxilio?
14 El abatido tiene derecho a la compasión de su amigo, a menos que este abandone el temor del Omnipotente.
15 [51] Mis hermanos son falaces como un arroyo seco, pasan como las aguas torrenciales,
16 turbias a causa del hielo y de la nieve que en ellas se oculta;
17 cuando viene el calor desaparecen; a los (primeros) calores su cauce se seca;
18 se pierden en el curso de su camino, se evaporan y perecen.
19 [52] Las caravanas de Temá van en su busca, suspiran por ellas los mercaderes de Sabá;
20 [53] más su esperanza será frustrada, llegados a ellas quedan defraudados.
21 Así sois ahora vosotros para mí; os espantáis, viendo mis males.
22 ¿Acaso os he pedido: “Dadme algo; dejadme participar de vuestros bienes.”
23 O bien: “Libradme del enemigo, salvadme del poder del opresor”?
24 Enseñadme, y yo callaré; explicadme en qué he errado.
25 ¡Qué fuerza tienen las palabras rectas! pero ¿a qué viene vuestra censura?
26 [54] ¿Pensáis acaso en censurar palabras? Las palabras de un desesperado ¿no son como viento?
27 [55] ¡Oh! vosotros tendéis (un lazo) sobre el huérfano, y caváis (una fosa) a vuestro amigo.
28 Ahora volveos, por favor, hacia mí, porque (juro) ante vosotros que no voy a mentiros en vuestra cara.
29 ¡Reparad, os ruego; no seáis injustos! Reflexionad de nuevo, y mi inocencia se hará manifiesta.
30 ¿Hay acaso en mi lengua iniquidad? ¿Puede mi paladar ya no distinguir la maldad?
Job 7
Job continúa su defensa
1 [56] Milicia es la vida del hombre sobre la tierra; como los del jornalero son sus días.
2 Como el siervo suspira por la sombra, y como el jornalero espera su salario;
3 así heredé meses de calamidad, y noches de dolor me tocaron en suerte.
4 Si me acuesto, digo: “¿Cuándo me levantaré?” Mas la noche es larga, y me canso, dándome vuelta hasta el alba.
5 [57] Mi carne está cubierta de gusanos y de una costra de barro; mi piel se rompe y se deshace.
6 [58] Mis días pasan más ligeros que la lanzadera, y desaparecen sin esperanza.
7 [59] Acuérdate de que mi vida es un soplo; mis ojos ya no verán la felicidad.
8 No me verá más el ojo del que ahora me ve; apenas tus ojos me ven, y ya no subsisto.
9 La nube se disipa y pasa; así no sube más el que desciende al sepulcro.
10 No volverá más a su casa, ni le reconocerá su lugar.
11 [60] Por eso, no refrenaré mi lengua, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma.
12 [61] ¿Soy yo el mar, o algún monstruo marino, para que me tengas encerrado con guardias?
13 Cuando digo: Mi lecho me consolará, mi cama aliviará mi pesar,
14 entonces me aterras con sueños, y me espantas con visiones.
15 Por eso prefiero ser ahogado, deseo la muerte para estos mis huesos.
16 [62] Tengo asco; no quiero vivir más; déjame, ya que mi vida es un soplo.
17 [63] ¿Qué es el hombre, para que tanto le estimes, y fijes en él tu atención,
18 para que le visites cada mañana, y a cada momento le pruebes?
19 ¿Cuándo cesarás de mirarme, y me das tiempo para tragar mi saliva?
20 [64] Si he pecado, ¿qué te he hecho con eso, oh Guardador de los hombres? ¿Por qué me pones por blanco a mí, que soy una carga para mí mismo?
21 [65] ¿Por qué no perdonas mi pecado ni borras mi iniquidad? Pues pronto me dormiré en el polvo; y si me buscas, ya no existiré.”
Job 8
Primer discurso de Baldad
1 [66] Entonces tomó la palabra Baldad suhita y dijo:
2 “¿Hasta cuándo hablarás de este modo y serán las palabras de tu boca cual viento tempestuoso?
3 [67] ¿Acaso Dios tuerce el derecho, o pervierte el Omnipotente la justicia?
4 Si tus hijos contra Él pecaron, Él los ha castigado ya a causa de sus transgresiones.
5 [68] Pero tú, si buscas solícito a Dios, e imploras al Todopoderoso,
6 y eres puro y recto, al punto Él velará sobre ti, y prosperará la morada de tu justicia.
7 Tu anterior estado será poca cosa, pues tu porvenir será muy grande.
8 Pregunta, si quieres, a las generaciones pasadas, respeta la experiencia de los padres;
9 pues de ayer somos y nada sabemos, y nuestros días sobre la tierra pasan como la sombra.
10 Ellos te instruirán, ellos hablarán contigo, y de su corazón sacarán estas palabras:
11 ¿Puede crecer el papiro sin humedad, el junco elevarse sin agua?
12 Estando aún en flor, y sin ser cortado se seca antes que cualquier otra hierba.
13 Así será el fin de todos los que se olvidan de Dios; se desvanecerá la esperanza del impío;
14 [69] su seguridad le será cortada, y su confianza va a ser como telaraña.
15 Se apoya sobre su casa, mas esta no se mantiene, se aferra a ella y no resiste.
16 Está en su lozanía ante el sol, sus renuevos exceden de su huerto,
17 sus raíces se entrelazan sobre el montón de piedras, hundiéndose hasta donde está la roca;
18 más cuando se lo arranca de su lugar, este lo desconoce (diciendo): Nunca te he visto.
19 No es otro el gozo que está al fin de su camino, y de su polvo nacerán otros.
20 He aquí que Dios no desecha al justo, ni da la mano a los malvados.
21 Algún día rebosará de risa tu boca, y tus labios de júbilo.
22 [70] Los que te aborrecen se cubrirán de ignominia, y la tienda de los impíos dejará de existir.”
Job 9
Respuesta de Job a Baldad
1 Respondió Job y dijo:
2 [71] “Bien sé que es así. ¿Cómo puede el hombre ser justo frente a Dios?
3 Si pretendiera contender con él, de mil (cargos) no respondería a uno solo.
4 Él es sabio de corazón, poderoso y fuerte; ¿quién se le opuso y le salió bien?
5 Él traslada los montes, sin que sepan quién los trastorna en su ira.
6 Él remueve la tierra de su sitio, y sus columnas son sacudidas.
7 [72] Él manda al sol, y este no sale, y encierra bajo sello las estrellas.
8 Él solo extiende los cielos, y anda sobre las olas del mar.
9 [73] Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, las constelaciones del cielo austral.
10 Él hace cosas grandes e insondables, y maravillas sin cuento y número.
11 He aquí que pasa junto a mí, y yo no le veo; y si se retira, tampoco lo advierto.
12 Si Él toma una presa ¿quién hará que la devuelva? ¿quién podrá decirle: ¿Qué es lo que haces?
13 [74] Él es Dios, no hay quien pueda doblegar su ira; debajo de Él se encorvan los auxiliares de Rahab.
14 ¿Cuánto menos podré yo responderle, elegir mis palabras frente a Él?
15 [75] Aun teniendo yo razón, nada le respondería; imploraría la clemencia del que me juzga.
16 Aun cuando respondiera a mis clamores, no creería que había escuchado mi voz,
17 Él, que me aplasta con un torbellino, y multiplica mis llagas sin causa.
18 No me deja respirar y me harta de amargura.
19 Si se trata de fuerza, el poderoso es Él, y si de justicia (dice): ¿Quién me emplazará?
20 [76] Aun cuando yo tuviera razón mi boca me condenaría, aunque fuera inocente, me declararía culpable.
21 Soy inocente, pero no me importa mi existencia, no hago caso de mi vida.
22 Es todo lo mismo; por eso he dicho: Él acaba con el inocente como con el impío.
23 [77] ¡Si al menos el azote matase de repente! Él se ríe de la prueba de los inocentes.
24 La tierra ha sido entregada en manos de los malvados; Él mismo tapa el rostro de sus jueces. Si no es Él, ¿quién lo será?
25 Mis días pasaron más veloces que un correo, huyen sin ver cosa buena;
26 pasan como las naves de junco, cual águila que se arroja sobre la presa.
27 Si digo: Olvidaré mis quejas, voy a mudar mi semblante, y me regocijaré,
28 me espantan todos mis dolores, pues sé que Tú no me declaras inocente.
29 Y si soy juzgado culpable, ¿por qué fatigarme en vano?
30 Aunque me lavara con agua de nieve, y con lejía limpiara mis manos,
31 [78] Tú me sumergirías en el fango, y hasta mis vestidos me darían asco.
32 [79] Porque Él no es un hombre como yo, a quien se pudiera decir: ¡Vamos juntos a juicio!
33 [80] No hay entre nosotros árbitro que ponga la mano sobre entrambos.
34 [81] Aparte Él de mí su vara, y no me espante su terror:
35 entonces hablaré, sin tenerle miedo, porque así como estoy, no me conozco a mí mismo.”
Job 10
Continúa la respuesta de Job a Baldad
1 [82] “Tedio de vida tiene mi alma, daré libre curso a mis quejas; hablaré con la amargura de mi alma.
2 Diré a Dios: No me condenes; dime por qué contiendes conmigo.
3 Te parece acaso bien oprimirme, desechar la obra de tus manos, y favorecer los designios de los malvados?
4 [83] ¿Tienes Tú ojos de carne, y miradas como miradas de hombre?
5 ¿Son tus días como los días de los mortales, y tus años como los años humanos,
6 para que vayas inquiriendo mi culpa y buscando mi pecado,
7 [84] aunque sabes que no soy malo, y que nadie puede librarme de tu mano?
8 Tus manos me han plasmado y me han hecho todo entero ¿y ahora quieres destruirme?
9 Recuerda que me formaste como barro, y ahora me reduces a polvo.
10 [85] ¿No me vaciaste como leche, y cual queso me cuajaste?
11 De piel y de carne me revestiste, y me tejiste de huesos y nervios;
12 [86] vida y favores me has concedido, y tu protección me ha conservado la vida.
13 [87] Mas lo guardaste en tu corazón; bien sé que esto era tu designio.
14 Si peco, Tú me observas; y no me perdonarás mi culpa.
15 Si hago mal, ¡ay de mí! y si soy inocente ni aun así puedo alzar mi cabeza, harto como estoy de oprobio y viendo mi miseria.
16 Y si la alzo, me das caza como león, repites contra mí tus terrores;
17 renuevas tus pruebas contra mí, y acrecientas conmigo tu saña, me atacan cada vez nuevos ejércitos (de males).
18 ¿Por qué me sacaste del seno materno? Estaría ahora muerto, sin que ojo alguno me hubiera visto.
19 Sería como si nunca hubiese existido, llevado del seno materno al sepulcro.
20 ¿No son pocos mis días? Que Él me deje pues, y que se retire de mí para que pueda alegrarme un poco,
21 [88] antes que me vaya, para no volver, a la tierra de tiniebla y de sombra de muerte,
22 tierra de tiniebla, parecida a densísima lobreguez, sombra de muerte, sin orden alguno, cuya luz es semejante a espesas tinieblas.”
Job 11
Primer discurso de Sofar
1 [89] Entonces Sofar naamatita tomó la palabra y dijo:
2 [90] “¿Acaso no hay que contestar al que vomita palabras? ¿el hombre verboso ha de tener razón?
3 ¿Tu palabrería hará callar a los hombres? y cuanto te burlas, ¿no habrá quien te confunda?
4 [91] Tú has dicho: “Mi doctrina es pura, y limpio estoy ante tus ojos.”
5 ¡Ojalá que hablase Dios y abriera sus labios contra ti,
6 para descubrirte los arcanos de la sabiduría! —pues son muy diversos sus designios— entonces verías que Dios castiga solamente una parte de tu culpa.
7 ¿Pretendes acaso penetrar en las profundidades de Dios, hasta la perfección del Omnipotente?
8 [92] Es más alta que el cielo, ¿qué podrás hacer? más honda que el scheol, ¿cómo podrás conocerlo?
9 más extensa que la tierra, y más ancha que el mar.
10 Si Él acomete, cerrando el paso, y llama a juicio, ¿quién podrá disuadírselo?
11 Porque Él conoce a los perversos, y ve la iniquidad, aunque parece disimularla.
12 [93] ¿Puede acaso el necio pasar por inteligente, el pollino del asno montés por hombre?
13 Si tú dispones tu corazón, y levantas hacia Él tus manos,
14 si alejas la iniquidad que hay en tus manos, y no permites a la maldad que habite bajo tu tienda,
15 entonces alzarás tu rostro sin mácula, te sentirás seguro, y nada temerás;
16 te olvidarás de los dolores, y si de ellos te acuerdas es como de aguas que pasaron.
17 [94] Entonces tu vida surgirá más resplandeciente que el mediodía, las tinieblas te serán como la mañana,
18 [95] tendrás seguridad por tener esperanza, echarás una mirada en torno, y dormirás tranquilo;
19 te acostarás, y no habrá quien te espante, y muchos acariciarán tu rostro.
20 Pero los ojos de los impíos desfallecerán; para ellos no habrá escape alguno; su esperanza será exhalar el alma.”
Job 12
Respuesta de Job a Sofar
1 Respondió Job y dijo:
2 [96] “De veras, vosotros sois hombres, y con vosotros morirá la sabiduría.
3 [97] También yo tengo seso como vosotros; ninguna ventaja tenéis sobre mí; ¿y quién no sabe lo que decís?
4 [98] ¡Ludibrio soy de mis amigos! ¡Yo, que clamaba a Dios, y Él le respondía! ¡Yo, el recto e inocente, ahora objeto de oprobio!
5 [99] ¡Ignominia al que sufre! —así piensa el que vive sin cuidados—. ¡Caiga desprecio sobre aquel cuyo pie resbala!
6 [100] Las guaridas de los salteadores gozan de paz, seguros están los que irritan a Dios; a ellos Dios se lo otorga (todo).
7 [101] Pregunta, te ruego, a las bestias, y ellas te enseñarán, a las aves del cielo, y te lo dirán;
8 o habla con la tierra, y ella te instruirá; te lo contarán los peces del mar.
9 ¿Quién de todos estos seres no sabe que la mano de Yahvé ha hecho (todas) las cosas?
10 En su mano está el alma de todo viviente, y el soplo de toda carne humana.
11 [102] ¿No se ha hecho el oído para discernir las palabras; el paladar para gustar los manjares?
12 [103] En los ancianos reside la sabiduría, y en la larga vida la prudencia;
13 con Él, empero, están la sabiduría y el poder, suyo es el consejo y suya la inteligencia.
14 [104] Lo que Él derriba, no será reedificado; si Él encierra al hombre, no hay quien lo libre.
15 [105] Si detiene las aguas, estas se secan; si las suelta, devastan la tierra.
16 En Él están el poder y el saber, suyos son el engañado y el que engaña.
17 Él hace andar a los consejeros privados (de consejo), y entontece a los jueces.
18 [106] Él quita a los reyes la faja, y les ciñe los lomos, con una soga.
19 [107] Hace andar a los sacerdotes descalzos, y a los grandes derriba.
20 Quita el habla a los más respetados, y a los ancianos los priva del juicio.
21 Vacía desprecio sobre los príncipes, y afloja el cinto de los fuertes.
22 [108] Descubre lo oculto en las tinieblas, y saca a luz la sombra de la muerte.
23 Da prosperidad a los pueblos y los destruye, dilata a las naciones, y las reduce.
24 [109] Quita la inteligencia a los príncipes de los pueblos de la tierra, y los hace vagar por un desierto sin camino;
25 [110] andan a tientas en tinieblas, sin tener luz; Él los hace errar como a embriagados.”
Job 13
Continúa la defensa de Job
1 “Todo esto lo han visto mis ojos; mis oídos lo han oído y lo comprendieron.
2 Lo que vosotros sabéis, lo sé yo también, no soy inferior a vosotros.
3 Mas quiero hablar con el Todopoderoso, mi anhelo es discutir con Dios.
4 [111] Vosotros fraguáis mentiras; sois médicos inútiles todos.
5 [112] Callaos, por fin; que os será reputado por sabiduría.
6 Oíd, por favor, mi defensa y prestad atención a las razones que alega mi boca.
7 [113] ¿Queréis acaso hablar falsedades en favor de Dios, decir mentiras en obsequio suyo?
8 [114] ¿Pretendéis prestarle favores, patrocinar la causa de Dios?
9 ¿Os sería grato que Él os sondease, o pensáis engañarlo como se engaña a un hombre?
10 [115] Os reprenderá sin falta, si solapadamente sois parciales.
11 ¿No os causa miedo su majestad? ¿No caerá sobre vosotros su espanto?
12 Vuestros argumentos son necedades, y vuestras fortalezas, fortalezas de barro.
13 [116] Callaos, que yo hablaré; venga sobre mí lo que viniere.
14 [117] Sea lo que fuere, tomaré mi carne entre mis dientes, y pondré mi alma en mi mano.
15 [118] Aunque Él me matase y yo nada tuviese que esperar, defendería ante Él mi conducta.
16 Al fin Él mismo me defenderá; porque el impío no puede comparecer en su presencia.
17 Escuchad atentamente mi palabra, mis argumentos os penetren el oído.
18 Tengo bien preparada (mi) causa, y sé que seré justificado.
19 ¿Quién quiere litigar conmigo? pues si yo callara, me moriría.
20 Solo dos cosas alejes de mí; y no me esconderé de tu presencia:
21 que retires de mí tu mano, y no me espanten más tus terrores.
22 Luego llama, y yo contestaré; o hablaré yo, y Tú me respondes.
23 ¿Cuántos son mis delitos y pecados? Dime mis faltas y transgresiones.
24 ¿Por qué ocultas tu rostro, y me tienes por enemigo tuyo?
25 ¿Quieres aterrar una hoja que lleva el viento, perseguir una paja reseca?
26 Porque decretas contra mí penas tan amargas, y me imputas las faltas de mi mocedad.
27 Pones mis pies en el cepo, observas todos mis pasos y acechas las plantas de mis pies.
28 Me consumo como un (leño) carcomido, como ropa roída por la polilla.”
Job 14
Job sigue contestando a Sopar
1 [119] “El hombre, nacido de mujer, vive corto tiempo, y se harta de miserias.
2 Brota como una flor, y se marchita, huye como la sombra, y no tiene permanencia.
3 ¿Sobre un tal abres Tú los ojos, y me citas a juicio contigo?
4 [120] ¡Oh, si se pudiera sacar cosa limpia de lo inmundo! Nadie lo puede.
5 Ya que Tú has determinado los días (del hombre) y fijado el número de sus meses; le señalaste un término que no puede traspasar;
6 [121] aparta de él tu mirada para que repose, hasta que, como el jornalero cumpla sus días.
7 El árbol tiene esperanza; siendo cortado, no deja de retoñar, y no cesan sus renuevos.
8 Aun cuando envejeciere su raíz en la tierra, y haya muerto en el polvo su tronco,
9 sintiendo el agua retoña, y echa ramas como planta (nueva).
10 EI hombre si muere, queda postrado; si expira, ¿dónde va a parar?
11 Como las aguas del lago se están evaporando y el río se agota y se seca,
12 [122] así el hombre cuando se acuesta no se levanta más. No despertará, hasta que se hayan consumido los cielos; ni se levantará de su sueño.
13 [123] ¡Ojalá me escondieras en el scheol, para ocultarme hasta que pase tu ira; y me fijases un plazo para acordarte de mí!
14 [124] Muerto el hombre ¿podrá volver a vivir? entonces todos los días de mi milicia esperaría la hora de mi relevo.
15 Entonces respondería a tu llamado, y Tú amarías la obra de tus manos.
16 Pero ahora cuentas mis pasos, tienes el ojo abierto sobre mi pecado.
17 Sellada está en una bolsa mi delito, y tienes encerrada mi iniquidad.
18 Como un monte se deshace cayendo, y la peña se traslada de su lugar;
19 y como el agua cava las piedras, y sus inundaciones se llevan el polvo de la tierra, desbaratas Tú la esperanza del hombre.
20 [125] Prevaleces contra él por siempre, y así desaparece; desfiguras su rostro, y lo eliminas.
21 Sean honrados sus hijos, él no lo sabe; o sean abatidos, él no se da cuenta de ello.
22 Solo siente los propios dolores, solo por sí misma se aflige su alma.”
Job 15
Segundo discurso de Elifaz
1 [126] Entonces Elifaz temanita tomó la palabra y dijo:
2 “¿Es acaso de sabios responder con argumentos vanos, y llenarse el pecho de viento,
3 arguyendo con palabras inútiles, y con razones sin valor?
4 [127] De veras, tú destruyes la piedad y socavas el temor de Dios.
5 Porque tu boca revela tu iniquidad, adoptas el lenguaje de los arteros.
6 Tu propia boca, y no yo, te condena, tus mismos labios testifican contra ti.
7 ¿Naciste tú el primero de los hombres, saliendo a la luz antes que los montes?
8 ¿Escuchaste tú los secretos de Dios, secuestraste para ti la sabiduría?
9 ¿Qué sabes tú, que no sepamos nosotros? ¿En qué nos supera tu sabiduría?
10 [128] También entre nosotros hay cabezas canas y hombres de edad, más avanzados en días que tu padre.
11 [129] ¿Acaso tienes en poco las consolaciones de Dios, y las suaves palabras que se te dicen.
12 ¿Adónde te lleva tu corazón, y qué significa el pestañeo de tus ojos?
13 ¿Por qué diriges contra Dios tu ira, y profiere tu boca tales palabras?
14 [130] ¿Qué es el hombre para aparecer inocente; el nacido de mujer, para ser justo?
15 [131] Pues Él no se fía ni de sus santos; los mismos cielos no están limpios a su vista;
16 ¿cuánto menos este ser, abominable y perverso, el hombre, que bebe como agua la iniquidad?
17 Te voy a enseñar; escúchame; te voy a contar lo que he visto,
18 lo que los sabios enseñan sin ocultar nada, — (como lo recibieron) de sus padres—
19 pues a ellos solos fue dado el país, y no pasó extraño alguno entre ellos.
20 Todos sus días el impío es atormentado; y el tirano ignora el número de sus años.
21 [132] Voz de angustia suena en sus oídos; en plena paz le asalta el devastador.
22 Él mismo pierde la esperanza de escapar a las tinieblas; se siente amenazado de la espada;
23 [133] vaga buscando alimento, (diciendo): ¿En dónde está? sabe que es inminente el día de las tinieblas;
24 le aterran angustia y tribulación, le acometen como un rey listo para la guerra.
25 Pues extendió su mano contra Dios, se exaltó contra el Todopoderoso.
26 Corre contra Él, erguido el cuello, ocultándose detrás de sus escudos,
27 cubierto el rostro con su gordura, con capas de grosura sus lomos.
28 Vive en ciudades asoladas, en casas inhabitadas, destinadas a convertirse en ruinas.
29 [134] Por eso no será rico, sus bienes no durarán, y su hacienda no se extenderá sobre la tierra.
30 Nunca escapará a las tinieblas; la llama abrasará sus renuevos, y él será llevado por el soplo de la boca de (Dios).
31 No confíe en una engañosa vanidad; la misma vanidad será su recompensa.
32 Ella le llegará antes que se acaben sus días, y sus ramas no reverdecerán ya más.
33 [135] Sacudirá como la vid sus uvas, aun estando en cierne, y como el olivo dejará caer su flor.
34 [136] La casa del impío es estéril, y el fuego consume la morada del que se deja sobornar.
35 [137] Concibe penas y engendra maldades, nutriendo en su seno el engaño.”
Job 16
Respuesta de Job a Elifaz
2 “Muchas cosas como estas he oído ya. Consoladores molestos sois todos.
3 ¿Cuándo tendrán fin estas palabras de viento? ¿O qué te incita a responder así?
4 Yo podría hablar como vosotros, si estuvierais en mi lugar.
5 Os dirigiría un montón de palabras, y menearía contra vosotros mi cabeza.
6 Os alentaría con mi boca, y os consolaría con el movimiento de mis labios.
7 Mas ahora, aunque hablo, no se mitiga mi dolor, y si callo, ¿acaso por eso se aleja de mí?
8 [139] Ahora se han agotado mis fuerzas; Tú has destruido toda mi familia.
9 Me has asido y esto es un testimonio (contra mí); se levanta contra mí mi flacura, acusándome cara a cara.
10 Su ira me despedaza y me persigue; rechina contra mí sus dientes; enemigo mío, aguza sus ojos contra mí.
11 [140] Han abierto contra mí su boca; me insultan, me hieren en las mejillas; a una se han coaligado contra mí.
12 [141] Dios me ha entregado al perverso, me ha arrojado en manos de malvados.
13 Vivía yo en paz, pero Él me sacudió; me asió por la cerviz, me hizo trizas, y me eligió por blanco suyo.
14 Me rodean arqueros, traspasa mis riñones sin piedad y derrama por tierra mi hiel.
15 Me inflige herida sobre herida, corre contra mí cual gigante.
16 [142] He cosido un saco sobre mi piel, he revuelto en el polvo mi rostro.
17 Mi cara está hinchada de tanto llorar, y la sombra de la muerte cubre mis párpados,
18 [143] aunque no hay injusticia en mí y mi oración es pura.
19 [144] ¡Tierra, no cubras mi sangre, y no sofoques en tu seno mi clamor!
20 Aún hay un testigo mío en el cielo, en lo alto reside el que da testimonio en mi favor.
21 Mis amigos me escarnecen, mas mis ojos buscan llorando a Dios.
22 ¡Ojalá que hubiera juez entre el hombre y Dios, así como lo hay entre el hijo del hombre y su prójimo.
23 El número de mis años se va pasando, y el camino que sigo no tiene vuelta.”
Job 17
Continúa la respuesta de Job a Elifaz
1 [145] “Mi aliento se agota, mis días se apagan, y (me aguarda) el sepulcro.
2 ¿No son mofadores los que me rodean? ¿No veo sin cesar sus provocaciones?
3 [146] (Oh Dios), sé Tú mi fiador; ¿quién podría entonces apretarme?
4 Pues cerraste su corazón a la sabiduría; no permitas que se ensalcen.
5 [147] Prometen la presa a sus amigos, en tanto se consumirán los ojos de sus mismos hijos.
6 [148] Soy la fábula de las gentes, y como un hombre a quien se escupe en la cara.
7 Mis ojos pierden la vista a causa de aflicción, y mis miembros todos no son más que una sombra.
8 Los rectos se pasman de ello, y el inocente se alza contra el impío.
9 [149] Con todo, el justo sigue su camino, y el que tiene limpias las manos se hace cada vez más fuerte.
10 [150] Vosotros, volved todos, venid aquí, que no hallaré entre vosotros un solo sabio.
11 Pasaron mis días, están desbaratados mis proyectos, los deseos de mi corazón.
12 [151] Me convierten la noche en día, y en medio de las tinieblas (dicen) que la luz está cerca.
13 Por más que espere, el sepulcro es mi morada, en las tinieblas tengo mi lecho.
14 [152] A la fosa he dicho: Tú eres mi padre; y a los gusanos: ¡Mi madre y mis hermanos!
15 ¿Dónde, pues, está mi esperanza? Mi dicha, ¿quién la verá?
16 Bajarán a las puertas del scheol si de veras en el polvo hay descanso.”
Job 18
Segundo discurso de Baldad
1 Entonces Baldad suhita tomó la palabra, y dijo:
2 “¿Cuándo acabaréis de hablar? Pensad primero, luego hablaremos.
3 [153] ¿Por qué nos reputas por bestias, y somos unos estúpidos a tus ojos?
4 [154] Tú que te desgarras en tu furor, ¿quedará sin ti abandonada la tierra, o cambiarán de lugar las peñas?
5 Sí, la luz de los malos se apaga, no brillará más la llama de su fuego.
6 La luz se oscurecerá en su morada, y encima de él se apagará su lámpara.
7 Se cortarán sus pasos tan vigorosos, le precipitará su propio consejo;
8 pues meterá sus pies en la red, y caminará sobre una trampa.
9 Un lazo le enredará el calcañar, y será aprisionado en la red.
10 Ocultas están en el suelo sus sogas, y la trampa está en su senda.
11 Por todas partes le asaltan terrores, que le embarazan los pies.
12 Su robustez es pasto del hambre, y a su lado está la perdición,
13 [155] que roerá los miembros de su cuerpo; serán devorados por el primogénito de la muerte.
14 Arrancado será de su morada donde se creía seguro; le arrastrarán al rey de los espantos.
15 Nadie de los suyos habitará su tienda, azufre será sembrado sobre su morada.
16 Por abajo se secarán sus raíces, y por arriba le cortarán las ramas.
17 Perecerá en la tierra su memoria, ya no se oirá su nombre en las plazas.
18 De la luz le arrojarán a la tiniebla, y lo echarán fuera del mundo.
19 [156] No dejará hijo ni posteridad en su pueblo, ni sobreviviente en el lugar de su peregrinación.
20 [157] En el día (de su caída) se pasmará el Occidente, y el Oriente se sobrecogerá de espanto.
21 [158] Así son las moradas de los impíos, y tal es el paradero del que no conoce a Dios.”
Job 19
Respuesta de Job a Baldad
1 Respondió Job y dijo:
2 “¿Hasta cuándo afligiréis mi alma, y queréis majarme con palabras?
3 [159] Ya diez veces me habéis insultado, y no os avergonzáis de ultrajarme.
4 Aunque yo realmente haya errado, soy yo quien pago mi error.
5 Si queréis alzaros contra mí, alegando en mi desfavor mi oprobio,
6 [160] sabed que es Dios quien me oprime, y me ha envuelto en su red.
7 He aquí que alzo el grito por ser oprimido, pero nadie me responde; clamo, pero no hay justicia.
8 Él ha cerrado mi camino, y no puedo pasar; ha cubierto de tinieblas mis sendas.
9 [161] Me ha despojado de mi gloria, y de mi cabeza ha quitado la corona.
10 Me ha arruinado del todo, y perezco; desarraigó, como árbol, mi esperanza.
11 Encendió contra mí su ira, y me considera como enemigo suyo.
12 Vinieron en tropel sus milicias, se abrieron camino contra mí y pusieron sitio a mi tienda.
13 [162] A mis hermanos los apartó de mi lado, y mis conocidos se retiraron de mí.
14 Me dejaron mis parientes, y mis íntimos me han olvidado.
15 Los que moran en mi casa, y mis criadas me tratan como extraño; pues soy un extranjero a sus ojos.
16 Llamo a mi siervo, y no me responde, por más que le ruegue con mi boca.
17 [163] Mi mujer tiene asco de mi hálito, y para los hijos de mis entrañas no soy más que hediondez.
18 [164] Me desprecian hasta los niños; si intento levantarme se mofan de mí.
19 Todos los que eran mis confidentes me aborrecen, y los que yo más amaba se han vuelto contra mí.
20 [165] Mis huesos se pegan a mi piel y a mi carne, y tan solo me queda la piel de mis dientes.
21 [166] ¡Compadeceos de mí, compadeceos de mí, a lo menos vosotros, amigos míos, pues la mano de Dios me ha herido!
22 ¿Por qué me perseguís como Dios, y ni os hartáis de mi carne?
23 [167] ¡Oh! que se escribiesen mis palabras y se consignaran en un libro,
24 que con punzón de hierro y con plomo se grabasen en la peña para eterna memoria!
25 [168] Mas yo sé que vive mi Redentor, y que al fin se alzará sobre la tierra.
26 Después, en mi piel, revestido de este (mi cuerpo) veré a Dios (de nuevo) desde mi carne.
27 Yo mismo le veré; le verán mis propios ojos, y no otro; por eso se consumen en mí mis entrañas.
28 [169] Vosotros diréis entonces: ¿Por qué lo hemos perseguido? Pues quedará descubierta la justicia de mi causa.
29 [170] Temed la espada, porque terribles son las venganzas de la espada; para que sepáis que hay un juicio.”
Job 20
Segundo discurso de Sofar
1 Entonces Sofar naamatita tomó la palabra y dijo:
2 “Por eso mis pensamientos me sugieren una respuesta, y a eso me mueve mi interior.
3 He oído la reprensión con que me insultas, mas el espíritu que tengo me impulsa a responder según mi saber.
4 ¿No sabes tú, que desde siempre, desde que hay hombre sobre la tierra,
5 [171] el gozo de los malos es breve, y la alegría del impío un instante?
6 Aunque su arrogancia alcance hasta el cielo, y su cabeza toque las nubes,
7 como su estiércol, para siempre perecerá; los que le vieron, dirán: ¿Dónde está?
8 Como un sueño volará, y no lo hallarán; desaparecerá cual visión nocturna.
9 El ojo que le vio no le verá más, no verá otra vez su lugar.
10 Sus hijos andarán pidiendo el favor de los pobres, y sus manos restituirán su riqueza.
11 [172] Sus huesos llenos aún de juvenil vigor, yacerán con él en el polvo.
12 Por dulce que sea el mal en su boca, y por más que lo oculte bajo su lengua,
13 si lo saborea y no lo suelta, si lo retiene en su paladar,
14 su manjar se convierte en sus entrañas, hiel de áspid se volverá en su interior.
15 [173] Se tragó riquezas, pero las vomitará; Dios se las arrancará de su vientre.
16 [174] Chupará veneno de áspides, y la lengua de la víbora le matará.
17 Jamás verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y de leche.
18 Devolverá lo que ganó, y no se lo tragará; será como riqueza prestada, en que no se puede gozar.
19 Por cuanto oprimió y desamparó al pobre, robó casas que no había edificado,
20 y no se hartó su vientre, por eso no salvará nada de lo que tanto le gusta.
21 Nada escapaba a su voracidad, por eso no durará su prosperidad.
22 En medio de toda su abundancia le sobrevendrá la estrechez; toda clase de penas le alcanzará.
23 Cuando se pone a llenarse el vientre, (Dios) le manda el furor de su ira, y hará llover sobre él su castigo.
24 Si huye de las armas de hierro, le traspasará el arco de bronce.
25 Se saca (la flecha), y sale de su cuerpo, se la arranca de su hiel cual hierro resplandeciente, y vienen sobre él los terrores;
26 [175] una noche oscura traga sus tesoros, le consumirá fuego no encendido (por hombre); devorará cuanto quedare en su tienda.
27 El cielo descubrirá su iniquidad, y la tierra se levantará contra él.
28 La riqueza de su casa desaparecerá, será desparramada en el día de Su ira.
29 Tal es la suerte que Dios al impío tiene reservada, y la herencia que Dios le ha asignado.”
Job 21
Respuesta de Job a Sofar
2 [177] “Escuchad bien mis palabras. Que me deis, a lo menos, este consuelo.
3 Toleradme, para que pueda hablar; y cuando haya hablado, podréis burlaros.
4 [178] ¿Por ventura me quejo de un hombre? ¿Cómo no ha de impacientarse mi espíritu?
5 Miradme y espantaos, y poned la mano sobre la boca.
6 Yo, de solo pensarlo, tiemblo, y se apodera de mí un escalofrío.
7 [179] ¿Cómo es que viven los inicuos, alcanzan muchos años y gran fuerza?
8 Sus hijos viven en su presencia, y sus vástagos ante sus ojos.
9 Sus casas están en paz, sin temer nada, y la vara de Dios no los alcanza.
10 Sus toros son siempre fecundos, sus vacas paren y no abortan.
11 Como manadas de ovejas salen sus pequeñuelos, y sus niños saltan (de gozo).
12 Bailan al son de la pandereta y de la cítara, y se regocijan al son de la flauta.
13 [180] Pasan en delicias sus días, y sin darse cuenta bajan al sepulcro.
14 [181] Y, sin embargo, estos dicen a Dios: *Retírate de nosotros, no nos gusta conocer tus caminos.
15 ¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvamos? ¿Qué ganaremos rogándole?*
16 ¿No está su fortuna en sus manos? ¡Lejos de mí el consejo de los impíos!
17 Pues ¡cuántas veces se apaga la lámpara de los malvados, y viene sobre ellos su destrucción! ¡Y cuántas veces (Dios) en su ira les asigna dolores!
18 Son como hojarasca llevada por el viento, como tamo que arrebata un torbellino.
19 [182] (Dicen) que Dios guarda para los hijos la iniquidad del (padre). ¡Que le castigue a él, para que sepa!
20 [183] ¡Vean sus propios ojos su ruina, y beba él mismo la ira del Omnipotente!
21 Pues ¿qué interés puede tener él por el futuro de su casa, cuando se le cortare el número de sus meses?
22 [184] ¿Es acaso a Dios, a quien se puede enseñar sabiduría, siendo Él quien juzga a los grandes?
23 [185] Uno muere en su pleno vigor, enteramente feliz y tranquilo,
24 cubiertas sus entrañas de grosura, bien empapada la médula de sus huesos;
25 y; otro muere en amargura de alma, sin haber gozado de los bienes.
26 Pero yacen en el polvo de modo igual, y los cubren los gusanos.
27 [186] Ya conozco vuestros pensamientos, y los planes insidiosos que fraguáis contra mí.
28 Porque decís: ¿Dónde está la casa del opresor? ¿Qué se hizo de la tienda que habitaban los impíos?
29 ¿No habéis preguntado jamás a los que pasan por el camino? Por eso tampoco conocéis lo que os indican:
30 [187] que en el día de la perdición es salvado el impío, y que escapa en el día de la ira.
31 ¿Quién le echa en cara su conducta? y por lo que hizo ¿quién lo castiga?
32 Es llevado al sepulcro (con honor), y sobre su túmulo se vela.
33 [188] Leves le son los terrones del valle; y todos siguen en pos de él, así como no tienen número los que van delante de él.
34 [189] ¿Cómo pues me consoláis con vanas palabras si vuestras respuestas no son más que perfidia?”
Job 22
Tercer discurso de Elifaz
1 [190] Entonces Elifaz temanita tomó la palabra y dijo:
2 [191] “¿Puede el hombre ser útil a Dios? Solo a sí mismo es útil el sabio.
3 ¿Qué provecho tiene el Todopoderoso de que tú seas justo? ¿O qué ventaja, si son perfectos tus caminos?
4 ¿Te castiga acaso por tu piedad, y entra en juicio contigo?
5 ¿No es inmensa tu malicia, y no son innumerables tus maldades?
6 [192] Exigiste prendas a tus hermanos, sin justo motivo, y despojaste al desnudo de su ropa.
7 No diste agua al desfallecido, y al hambriento le negaste el pan,
8 ya que el hombre de brazo (fuerte) ocupa la tierra, y se adueñan de ella los que gozan de privilegios.
9 [193] A las viudas las despachaste con las manos vacías, y rompiste los brazos al huérfano.
10 [194] Por eso estás cercado de lazos, y te aterra de improviso el espanto.
11 (Te cubren) tinieblas y no puedes ver; te inundan aguas desbordadas.
12 ¿No está Dios en lo alto del cielo? Mira las sublimes estrellas: ¡Qué altura!
13 Y tú dices: *¿Qué sabe Dios? ¿acaso juzga a través de las nubes?
14 Nubes espesas le envuelven y no puede ver; se pasea por el circuito del cielo.*
15 ¿Quieres tú acaso seguir aquel antiguo camino, por donde marcharon los malvados?
16 [195] Fueron arrebatados antes de tiempo, y sobre sus cimientos se derramó un diluvio.
17 Decían a Dios: ¡Apártate de nosotros! ¿Qué podrá hacernos el Todopoderoso?
18 Y Él llenaba sus casas de bienes. ¡Lejos de mí el consejo de los impíos!
19 [196] Los justos verán y se alegrarán (de su ruina), y los inocentes se reirán de ellos,
20 [197] (diciendo): No ha sido aniquilada su fuerza, y sus restos consumidos por el fuego?
21 Reconcíliate con Él, y tendrás paz; así te vendrá la felicidad.
22 [198] Recibe de su boca la Ley, y pon sus palabras en tu corazón.
23 Serás restablecido, si te convirtieres al Omnipotente, y apartas de tu tienda la iniquidad.
24 [199] Echa al polvo el oro, y entre los guijarros del arroyo (los tesoros de) Ofir;
25 y será el Todopoderoso tu tesoro, y caudal de plata para ti.
26 Entonces te gozarás en el Omnipotente, y alzarás tu rostro hacia Dios.
27 Le rogarás, y Él te escuchará; y tú le cumplirás tus votos.
28 Si proyectas una cosa, te saldrá bien, y sobre tus caminos brillará la luz.
29 [200] Si te abaten, podrás decir: ¡Arriba! pues Él salva a los que humildemente bajan los ojos.
30 Se salvará el inocente, será librado por la pureza de sus manos.”
Job 23
Respuesta de Job a Elifaz
1 Respondió Job y dijo:
2 [201] Cierto que hoy es amarga mi queja; pero más grande que ella es mi carga.
3 [202] ¡Oh, quién me diera a conocer dónde hallarle a Él! Me llegaría hasta su trono,
4 expondría delante de Él mi causa, y llenaría mi boca de argumentos.
5 Quisiera saber las palabras que Él me respondería, y entender sus razones.
6 [203] ¿Acaso me opondría Él su gran poder? ¡No! Seguro que me atendería.
7 Entonces el justo disputaría con Él; para siempre quedaría yo absuelto por el que me juzga.
8 Pero si voy al oriente, no está allí, si hacia el occidente, no le diviso,
9 si me vuelvo al norte, no le descubro, si hacia el mediodía, tampoco le veo.
10 [204] Él, empero, conoce el camino que sigo. Que me pruebe; yo saldré como el oro.
11 Mi pie siguió siempre sus pasos, guardé siempre su camino sin desviarme en nada.
12 [205] No me he apartado del mandamiento de sus labios, más que mis necesidades personales he atendido las palabras de su boca.
13 [206] Pero Él no cambia de opinión; ¿quién podrá disuadirle? Lo que le place, eso lo hace,
14 ÉL cumplirá lo decretado sobre mí; y aún tiene planeadas muchas cosas semejantes.
15 [207] Por eso estoy turbado ante Él; cuando pienso en ello, me sobreviene temor.
16 Dios ha aterrado mi corazón, el Omnipotente me ha conturbado.
17 [208] Porque lo que me consume no es la tiniebla, ni la oscuridad que me cubre el rostro.”
Job 24
Job sigue contestando a Elifaz
1 [209] “¿Por qué el Todopoderoso no fija tiempos (para el juicio)? ¿y por qué los que le conocen no saben el día fijado por Él?
2 [210] Hay quienes remueven mojones, roban rebaños y los apacientan;
3 se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda;
4 no dejan pasar a los pobres por el camino, y todos los humildes del país se esconden.
5 Mira cómo estos salen a su trabajo como los asnos monteses del desierto, buscando una presa hasta la tarde, sin hallar alimento para sus hijos.
6 En el campo cortan el trigo (ajeno), y vendimian la viña del inicuo.
7 Pasan la noche desnudos, por falta de ropa, no tienen abrigo contra el frío.
8 Mojados con las lluvias de las montañas se acurrucan contra las peñas, porque no tienen donde abrigarse.
9 (Y hay opresores que) arrancan al huérfano del pecho, y toman en prenda la ropa de los pobres,
10 que andan desnudos sin vestidos, cargan hambrientos con las gavillas;
11 exprimen el aceite entre sus muros, y sedientos pisan sus lagares.
12 [211] Desde la ciudad se oyen gemidos y clama el alma de los muertos; pero Dios no atiende su oración.
13 [212] Y hay quienes aborrecen la luz; no conocen sus caminos, ni quieren atenerse a sus senderos.
14 Al alba se levanta el homicida para matar al desvalido y al pobre, y en la oscuridad sale como ladrón.
15 [213] Aguarda la noche el ojo del adúltero, diciendo: No me verá ojo alguno y se emboza la cara.
16 [214] Otros de noche fuerzan las casas, y de día se esconden, pues no quieren ver la luz.
17 Para todos ellos el alba es sombra de muerte; más los terrores de la noche les son familiares;
18 [215] (huyen) veloces sobre la superficie de las aguas. ¡Maldita su prole sobre la tierra! ¡No ande por el camino de sus viñas!
19 Como la sequía y el calor absorben las aguas de la nieve, así (engulle) el scheol al pecador.
20 Se olvida de él el seno materno, gusanos le comen como dulce manjar, no quedará memoria de su nombre. Como árbol será deshecha la maldad.
21 Porque alimentaba a la estéril, que no tenía hijos, y no hacía bien a la viuda.
22 Pero (Dios) con su fuerza derriba a los poderosos; se levanta, y ninguno está seguro de su vida.
23 [216] Los deja vivir en seguridad y confianza, pero sus ojos velan sobre los caminos de ellos.
24 Se ven ensalzados por un poco, y luego desaparecen, son derribados y cosechados como todos los hombres; son segados como espigas del trigal.
25 Si no es así, ¿quién me desmentirá y declarará nula mi palabra?”
Job 25
Tercer discurso de Baldad
1 [217] Entonces Baldad suhita, tomó la palabra y dijo:
2 “Suyos son el dominio y el terror, Él mantiene la paz en sus alturas,
3 [218] ¿No es innumerable su milicia? ¿Sobre quién no se levanta su luz?
4 [219] ¿Cómo podría ser justo el hombre delante de Dios, cómo ser puro el nacido de mujer?
5 He aquí que ante sus ojos aun la luna no tiene brillo, ni son limpias las estrellas;
6 [220] ¡cuánto menos el mortal, ese gusano, el hijo del hombre, que no es más que un vil insecto!”
Job 26
Respuesta de Job a Baldad
1 Replicó Job y dijo:
2 “¡Cómo sabes ayudar tú al flaco, y sostener el brazo del que carece de fuerza!
3 ¿Qué consejo has dado al falto de sabiduría? ¿qué plenitud de saber has ostentado?
4 ¿A quién dirigiste estas palabras? ¿y de quién es el espíritu que procede de tu boca?
5 [221] Hasta los muertos tiemblan, bajo las aguas con sus habitantes.
6 El mismo scheol está ante Él desnudo, y el abismo carece de velo.
7 [222] Él tendió el septentrión sobre el vacío, y colgó la tierra sobre la nada.
8 Él encierra las aguas en sus nubes, y no se rompen las nubes bajo su peso.
9 Él impide la vista de su trono, tendiendo sobre Él su nube.
10 Trazó un círculo sobre el haz de las aguas, hasta donde linda la luz con las tinieblas.
11 [223] Las columnas del cielo tiemblan, y se estremecen a una amenaza suya.
12 [224] Con su poder revuelve el mar, y con su sabiduría machaca al monstruo.
13 [225] Con su soplo hizo serenos los cielos, y su mano formó la fugaz serpiente.
14 [226] Esto es solo el borde de sus caminos, es un leve susurro que hemos oído de Él; pues el trueno de su poder ¿quién podría comprenderlo?”
Job 27
Nuevo discurso de Job
1 [227] Job prosiguió su exposición, diciendo:
2 [228] “Por la vida de Dios, quien no me hace justicia, y por la vida del Todopoderoso, que ha colmado de amargura mi alma.
3 [229] Mientras en mí quede mi espíritu, y el soplo de Dios en mis narices,
4 mis labios no hablarán falsedad, ni mi lengua proferirá mentira.
5 [230] Lejos de mí daros la razón, hasta que fallezca defenderé mi inocencia.
6 [231] Sostengo mi justicia, y no cederé; mi conciencia no condena a ninguno de mis días.
7 Sea tratado como malvado mi enemigo, y mi adversario, como perverso.
8 [232] Pues ¿cuál es la esperanza del hipócrita, cuando Dios le corta la vida, y le arranca el alma?
9 ¿Acaso Dios oirá sus gritos cuando le sobrevenga la angustia?
10 ¿Podrá deleitarse en el Omnipotente, invocar a Dios en todo tiempo?
11 Os mostraré la conducta de Dios; no ocultaré los planes del Todopoderoso.
12 Si todos vosotros lo habéis visto, ¿por qué os agotáis en vanos discursos?
13 [233] Esta es la suerte que Dios reserva al malvado, y la herencia de los violentos de parte del Todopoderoso:
14 Si tiene muchos hijos, es para la espada, y sus nietos nunca se hartan de pan.
15 Sus sobrevivientes serán sepultados por la muerte, y sus viudas no los llorarán.
16 Aunque amontone plata como tierra, y como lodo acumule vestidos,
17 el los prepara, pero se vestirá de ellos el justo, y el inocente poseerá su plata.
18 [234] La casa que él hace es como la de la polilla, como la cabaña que construye el guarda campo.
19 [235] Se acuesta rico, y no se levanta más, abre sus ojos y deja de existir.
20 Cual diluvio caen sobre él terrores, le arrastra un torbellino nocturno.
21 Le arrebata el solano, y se va; le arranca de su lugar a manera de un huracán.
22 Pues Él se le echa encima sin piedad. Busca cómo escaparse de sus manos;
23 pero se baten las manos sobre él, y le silbarán echándolo de su propio lugar.”
Job 28
Sobre la sabiduría de Dios
1 “La plata tiene sus veneros, y el oro su lugar donde lo acrisolan.
2 El hierro se saca de la tierra, y de la piedra fundida el cobre.
3 El (hombre) pone fin a las tinieblas, y hasta en lo más profundo, excava las piedras (escondidas) en densa oscuridad.
4 [236] Abre galerías, lejos de la habitación humana donde, ignorado de los transeúntes, (trabaja) descolgándose y balanceando el cuerpo.
5 [237] La tierra, de donde sale el pan, está revuelta en sus entrañas como por el fuego,
6 pues en sus piedras hay zafiros; y sus terrones contienen oro.
7 Sendas hay que no conoce el águila, ni puede verlas el ojo del halcón.
8 No las pisan las fieras, ni pasó jamás por ellas león.
9 [238] Al pedernal extiende su mano, explorando la raíz de los montes.
10 Abre zanjas a través de las rocas, y su ojo ve todo lo precioso.
11 Detiene las goteras de las aguas y saca a luz lo que estaba escondido.
12 [239] Mas la sabiduría ¿dónde se halla? ¿Dónde reside la inteligencia?
13 No conoce el hombre su valor y nadie puede encontrarla en la tierra de los vivientes.
14 El abismo dice: No está en mí; y el mar responde: Tampoco conmigo está.
15 [240] No se compra con oro finísimo, ni se pesa plata a cambio de ella.
16 No se la compensa con el oro de Ofir, ni con el ónice precioso, ni con el zafiro.
17 No se la equipara al oro, ni al vidrio, ni se la cambia por vasos de oro puro.
18 Corales y cristal ni se mencionan; la posesión de la sabiduría vale más que las perlas.
19 No le es igual el topacio de Etiopía; el oro más puro no alcanza su valor.
20 ¿De dónde, pues, viene la sabiduría? ¿Cuál es el lugar de la inteligencia?
21 Ocúltase a los ojos de todo viviente, y aun a las aves del cielo no se revela.
22 [241] El abismo y la muerte dicen: Hemos oído hablar de ella.
23 Mas su camino solo conoce Dios, Él sabe dónde ella reside.
24 Porque su vista alcanza los extremos de la tierra; Él ve cuanto hay bajo todo el cielo.
25 Cuando fijó el peso del viento, y estableció la medida de las aguas;
26 cuando dio leyes a la lluvia, y trazó el camino de las tempestades,
27 [242] entonces Él la vio, y la describió; la estableció y la escudriñó,
28 [243] y dijo al hombre: El temor del Señor, esta es la sabiduría, y huir del mal, esta es la inteligencia.”
Job 29
Último discurso de Job
1 Siguió Job explicando y dijo:
2 “¡Ojalá volviera a ser como en los meses pasados, como en los días en que Dios me protegía,
3 cuando su luz brillaba sobre mi cabeza, y su luz me guiaba en las tinieblas!
4 [244] ¿Cuál era en la madurez de mi vida, cuando era amigo de Dios y Este guardaba mi morada;
5 cuando el Todopoderoso estaba conmigo, y me rodeaban mis hijos;
6 [245] cuando lavaba mis pies con leche, y de la roca me brotaban ríos de aceite.
7 (En aquel tiempo) cuando yo salía a la puerta de la ciudad, y en la plaza establecía mi asiento,
8 los jóvenes al verme se retiraban, y los ancianos se levantaban, y se mantenían en pie.
9 Los príncipes contenían la palabra, y ponían su mano sobre la boca.
10 Se callaba la voz de los magnates y su lengua se pegaba a su paladar.
11 El que me escuchaba, me llamaba dichoso, y el ojo que me veía, daba señas en favor mío.
12 [246] Yo libraba al pobre que pedía auxilio, y al huérfano que no tenía sostén.
13 Sobre mí venía la bendición del que hubiera perecido, y yo alegraba el corazón de la viuda.
14 Me revestía de justicia, y esta me revestía a mí, mi equidad me servía de manto y tiara.
15 [247] Era yo ojo para el ciego, y pie para el cojo,
16 padre de los pobres, que examinaba con diligencia aun la causa del desconocido.
17 Quebraba los colmillos del malvado, y de sus dientes arrancaba la presa.
18 [248] Por lo cual me decía: *Moriré en mi nido, y mis días serán tan numerosos como la arena;
19 [249] mi raíz se extenderá hacia las aguas, y el rocío pasará la noche en mis hojas.
20 Será siempre nueva en mí la gloria mía, y mi arco se renovará en mi mano.*
21 A mí me escuchaban sin perder la paciencia, aguardando silenciosamente mi consejo.
22 Después de hablar ya no respondía nadie, porque (cual rocío) caían sobre ellos mis palabras.
23 [250] Me esperaban como se espera la lluvia, abrían su boca como a la lluvia tardía.
24 [251] Si les sonreía estaban admirados, y se alegraban de esa luz de mi rostro.
25 Yo decidía su conducta y me sentaba a la cabecera, habitaba como un rey entre sus tropas, cual consolador un medio de los afligidos.”
Job 30
Continuación del discurso de Job
1 [252] “Mas ahora se ríen de mí los que tienen menos años que yo, a cuyos padres yo hubiera desdeñado de tomar como perros para mi ganado.
2 Aun la fuerza de sus manos ¿de qué me habría servido? ya que carecen ellos de todo vigor.
3 Muertos de miseria y de hambre roen el yermo, la tierra desolada y vacía.
4 [253] Recogen frutos amargos de arbustos, y se sustentan con raíces de retama.
5 Expulsados de la sociedad, y perseguidos con gritos habitan como ladrones,
6 en los barrancos de los torrentes, en las cuevas de la tierra y en las breñas.
7 Entre la maleza lanzan sus gritos, y se reúnen bajo las zarzas.
8 Son hombres insensatos, hijos de gente sin nombre, echados del país a viva fuerza.
9 Y ahora soy escarnecido por ellos y el objeto de sus pullas.
10 [254] Me abominan, se apartan de mí; y no se avergüenzan de escupirme en la cara.
11 [255] Han perdido todo freno, me humillan y pierden todo respeto en mi presencia.
12 A mi derecha se levanta el populacho; hacen vacilar mis pies; traman contra mí maquinaciones para perderme.
13 Me cortan el camino, procuran mi caída; nadie me presta auxilio contra ellos.
14 Como por brecha ancha irrumpen, se revuelcan entre los escombros.
15 Me han acometido terrores, y como el viento se llevan mi nobleza; cual nube pasó mi prosperidad.
16 Ahora mi vida se derrama dentro de mí, se han apoderado de mí días aciagos.
17 [256] La noche me taladra los huesos, y no me dan tregua los que me roen.
18 Su gran muchedumbre ha desfigurado mi vestido; me ciñen como el cabezón de mi túnica.
19 Me han echado en el lodo, soy como el polvo y la ceniza.
20 A Ti clamo por auxilio, y Tú no me respondes; permanezco en pie, y Tú me miras (con indiferencia).
21 [257] Te has tornado para mí en enemigo, y me persigues con todo tu poder.
22 Me alzas sobre el viento, y me haces cabalgar; me sacudes sin darme sostén.
23 Porque bien sé que me entregarás a la muerte, a la casa adonde van a parar todos los vivientes.
24 Sin embargo el que va a perecer ¿no extiende su mano? en su aflicción ¿no pide auxilio?
25 ¿No lloraba yo con el atribulado? ¿no se afligía mi alma por el pobre?
26 Pero esperando el bien, me vino el mal; aguardando la luz he quedado cubierto de tinieblas.
27 Mis entrañas se abrazan sin descanso; me han sobrevenido días de aflicción.
28 Ando como quien está de luto, sin alegría, me levanto en la asamblea para clamar por auxilio.
29 [258] Soy ahora hermano de los chacales, y compañero de los avestruces.
30 Ennegrecida se me cae la piel, y mis huesos se consumen por la fiebre.
31 El son de mi cítara se ha trocado en lamentos, y mi flauta en voz de llanto.”
Job 31
Continuación de los lamentos de Job
1 [259] “Había ya hecho pacto con mis ojos de no mirar a doncella.
2 [260] ¿Cuál es, pues, mi porción desde arriba de parte de Dios, y la herencia que desde lo alto me da el Todopoderoso?
3 ¿No es la perdición para el malvado, y la calamidad para los que obran la iniquidad?
4 ¿No observa El mis caminos y cuenta todos mis pasos?
5 Si yo he seguido la mentira, y mi pie ha corrido tras el fraude,
6 ¡péseme Dios en justa balanza y reconozca mi inocencia!
7 [261] Si mis pasos se desviaron del camino, si mi corazón se fue tras mis ojos, y si se ha pegado algo a mis manos,
8 ¡siembre yo, y coma otro, y sea desarraigado mi linaje!
9 [262] Si mi corazón se ha dejado seducir por una mujer, y si anduve acechando a la puerta de mi prójimo,
10 ¡muela para otro mi mujer, y encórvense ajenos sobre ella!
11 Porque esto es cosa nefanda, un crimen que han de juzgar los jueces;
12 un fuego que devora hasta la ruina y destruiría todos mis bienes.
13 [263] Si yo he despreciado el derecho de mi siervo, o de mi sierva en su litigio conmigo,
14 ¿qué podría hacer yo al levantarse el mismo Dios? Cuando Él viniera a juzgar ¿qué respondería yo?
15 El que me hizo en el seno materno, ¿no le hizo también a él? ¿No nos formó uno mismo en la matriz?
16 Si he negado al pobre lo que pedía, si he hecho desfallecer los ojos de la viuda;
17 si he comido solo mi bocado, sin que comiese de él el huérfano
18 —desde mi juventud era padre para este, y desde el seno materno he protegido a aquella—
19 si no hice caso del que iba a perecer por falta de vestido, o del pobre que estaba desnudo,
20 (y lo dejé) sin que me bendijeran sus carnes al calentarse con el vellón de mis ovejas;
21 [264] si alcé mi mano contra el huérfano, por verme apoyado por los jueces,
22 ¡despréndase mi hombro de la espalda, y mi brazo sea arrancado del húmero!
23 Por cuanto temía el castigo de Dios, no he podido resistir a su majestad.
24 [265] Si he puesto en el oro mi confianza, y al oro he dicho: Mi seguridad eres tú;
25 si tuve gozo por mi grande hacienda, y por haber juntado mucho mi mano;
26 si al ver el resplandor del sol, y la brillante carrera de la luna,
27 [266] fue seducido en secreto mi corazón, y mi mano les mandó un beso de mi boca,
28 también esto sería una maldad, una falta criminal, pues habría negado a Dios en lo alto.
29 Si me holgué de la ruina del que me odiaba, y me gocé cuando le sobrevino el mal;
30 aunque no presté al pecado mi lengua, pidiendo con maldición su muerte;
31 [267] si no decían las gentes de mi casa: ¿Quién de su alimento no se ha saciado?
32 pues jamás el forastero se quedó de noche al descubierto, porque yo abría mis puertas al pasajero;
33 [268] si encubrí, como Adán, mi pecado, y oculté en mi seno mi iniquidad,
34 [269] temiendo a la gran muchedumbre y el desprecio de los parientes, quedando callado y sin salir de mi casa…
35 [270] ¡Oh si hubiese quien me escuchase! He aquí mi firma. ¡Respóndame el Todopoderoso! ¡Que escriba también mi adversario su libelo de acusación!
36 [271] Yo lo llevaría sobre mi hombro, me lo ceñiría como diadema.
37 (A mi juez) le daré cuenta de todos mis pasos; como a un príncipe me presentaré a él.
38 [272] Si contra mi clama mi tierra, y a una lloran sus surcos,
39 por haber yo comido sus frutos sin pagar y afligido a sus cultivadores,
40 ¡názcanme abrojos en vez de trigo, y cizaña en vez de cebada!” Fin de las palabras de Job.
II. Discursos de eliú
Job 32
Primer discurso de Eliú
1 Desistieron aquellos tres hombres de responder a Job; porque este estaba convencido de su inocencia.
2 [273] Entonces montó en cólera Eliú, hijo de Baraquel bucita, de la familia de Ram. Montó en cólera contra Job, porque pretendía ser más justo que Dios.
3 Se irritó también contra sus tres amigos, por cuanto no habían hallado qué contestar a Job, y con todo lo condenaban.
4 Siendo ellos de mayor edad que él, Eliú había tardado en contestar a Job.
5 [274] Mas cuando vio que no había más respuesta en la boca de aquellos tres hombres, se indignó sobremanera. Tomó Eliú, hijo de Baraquel, bucita, la palabra y dijo:
6 [275] “Siendo yo joven, y vosotros ancianos, tuve miedo, y no me atreví a manifestar mi parecer.
7 Yo me decía: Los días han de hablar, y en los muchos años se dará a conocer la sabiduría.
8 Pero hay espíritu que reside en el hombre; es el soplo del Todopoderoso el que les da la inteligencia.
9 [276] No es lo mismo ser viejo que sabio, no son (siempre) los ancianos los que entienden de justicia.
10 Por eso dije: Escuchadme; quiero también yo manifestar mi parecer.
11 He aquí que he esperado mientras hablabais, di oídos a vuestros razonamientos hasta el fin de vuestra disputa.
12 Sí, os he prestado atención, más ninguno ha convencido a Job; ninguno de vosotros sabe responder a sus palabras.
13 No digáis, pues: Hemos hallado la sabiduría; es Dios quien le castiga, y no hombre alguno.
14 No contra mí ha dirigido él sus palabras; y yo no voy a contestarle con vuestros argumentos.
15 [277] Desconcertados ya no responden nada, faltándoles otras palabras.
16 He esperado hasta que se callasen, hasta que quedasen atascados sin poder contestar.
17 Comenzaré yo a hablar, manifestaré por mi parte mi saber.
18 Pues lleno estoy de palabras, me aprieta el espíritu en mi interior.
19 [278] Mi pecho es como vino encerrado, cual odre nuevo pronto a reventar.
20 Hablaré para desahogarme; abriré mis labios y responderé.
21 No haré acepción de personas, no adularé a ningún mortal.
22 Pues no sé adular; (si lo hiciera), dentro de poco me llevaría mi Creador.”
Job 33
Continúa el primer discurso de Eliú
1 “Escucha ahora, oh Job, mi palabra, y a todos mis argumentos presta oído.
2 He aquí que abro mi boca; se mueve mi lengua para formar palabras en mi paladar.
3 Lo que diré viene de un corazón recto, mis labios profieren la pura verdad.
4 El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.
5 Respóndeme, si puedes; prepárate para (contender) conmigo; tente dispuesto.
6 Mira, yo soy creatura de Dios, igual que tú; también yo fui formado del barro.
7 [279] Por eso nada tienes que temer de mí, ni te abrumará el peso de mi persona.
8 Ahora bien, tú has dicho oyéndolo yo —bien escuché el son de tus palabras—:
9 [280] *Inocente soy, sin pecado, limpio soy, no hay iniquidad en mí.
10 Pero Él busca pretextos contra mí, me considera como enemigo suyo;
11 pone en el cepo mis pies, observa todos mis pasos.*
12 Precisamente en esto no tienes razón; te lo explicaré. Si Dios es más grande que el hombre,
13 [281] ¿por qué contiendes con Él, ya que Él no da cuenta de ninguno de sus actos?
14 [282] Porque de una manera habla Dios, y también de otra, pero (el hombre) no le hace caso.
15 En sueños, en visiones nocturnas, cuando cae letargo sobre los hombres, recostados en sus camas,
16 entonces Él abre el oído del hombre, y le instruye en forma secreta,
17 para apartarle de su obra. Así le retrae de la soberbia,
18 salva su alma de la perdición, y su vida del filo de la espada.
19 Corrige también al hombre con dolores en su lecho, y con continua angustia dentro de sus huesos;
20 de modo que tiene asco del pan y del bocado más exquisito.
21 Vase consumiendo su carne hasta desaparecer, y aparecen sus huesos que no se veían.
22 Se acerca su vida al sepulcro, y su existencia a los que la quitan.
23 [283] Pero si hay para él un ángel, un intercesor de entre mil, que explique al hombre su deber;
24 y que se compadezca de él y diga (a Dios): Líbrale para que no baje al sepulcro; yo he hallado el rescate (de su alma).
25 Entonces se vuelve más fresca que la de un niño su carne; será como en los días de su juventud;
26 implora a Dios, y Este le es propicio. Así contemplará con júbilo su rostro, y (Dios) le devuelve su justicia.
27 Cantará entonces entre los hombres, y dirá: *Yo había pecado, había pervertido la justicia, y no me fue retribuido según merecía;
28 pues Él me libró del paso al sepulcro, y mi alma ve todavía la luz.*
29 Mira, todo esto hace Dios, dos y aun tres veces con el hombre,
30 a fin de retraerlo de la muerte, y alumbrarlo con la luz de la vida.
31 Atiende, Job; escúchame; calla, que yo hablaré.
32 Si tienes algo que decir, respóndeme; habla, pues mi deseo es verte justo.
33 Si no, escúchame en silencio, y yo te enseñaré sabiduría.”
Job 34
Segundo discurso de Eliú
1 Tomó de nuevo la palabra Eliú y dijo:
2 “Oíd, oh sabios, mis palabras; hombres prudentes, prestadme oído;
3 [284] porque el oído prueba las palabras, como el paladar los manjares.
4 Procuremos elegirnos lo justo, conozcamos lo bueno en medio nuestro.
5 [285] Job dice: *Yo soy justo, pero Dios no quiere hacerme justicia;
6 al sostener mi derecho paso por mentiroso; incurable es mi llaga, sin que haya en mi pecado.*
7 [286] ¿Qué hombre hay semejante a Job, que se bebe las blasfemias como agua,
8 que va en compañía con los obradores de iniquidad, y anda con los hombres perversos?
9 Pues dice: No saca ningún provecho el que procura agradar a Dios.
10 Oídme, por tanto, hombres sensatos: ¡Lejos de Dios la maldad, lejos del Todopoderoso la injusticia!
11 Él da a las obras del hombre su pago, retribuye según la conducta de cada uno.
12 Es imposible que Dios haga maldad; no viola el Omnipotente la justicia.
13 ¿Quién le puso sobre la tierra? ¿Quién le ha confiado el universo?
14 [287] Si Él mirase al hombre y retirara hacia sí su espíritu y su soplo,
15 de golpe moriría toda carne, y el hombre volvería al polvo.
16 Si tienes entendimiento, escucha esto, atiende a la voz de mis palabras.
17 [288] ¿Acaso puede gobernar un enemigo de la justicia? ¿Pretendes tú por ventura condenar al Justo poderoso?
18 A aquel que dice a un rey: ¡Malvado! y a los nobles: ¡Perversos!
19 A aquel que no prefiere la persona de los grandes, ni mira al rico más que al pobre, porque todos son obra de sus manos.
20 De repente mueren, en medio de la noche; pueblos enteros son sacudidos y desaparecen; son quitados los poderosos, sin fuerza (de hombre).
21 [289] Porque Sus ojos observan los caminos del hombre, y Él ve todos sus pasos.
22 No hay tiniebla, no hay oscuridad tan densa, que puedan esconderse en ella los obradores de iniquidad.
23 Él no necesita tiempo en el examen del hombre, para llamarlo ante Dios a juicio.
24 Él quebranta a los poderosos sin necesidad de investigación, y pone a otros en su lugar.
25 Por eso, conociendo las obras de ellos los derriba de noche y están destruidos.
26 Los castiga, siendo como son malos, en un lugar donde (todos) lo ven,
27 porque alejándose de Él, no quisieron saber nada de sus caminos.
28 Hicieron llegar a Él el clamor de los humildes, y Él oyó el lamento de los afligidos.
29 Cuando Él calla, ¿quién podrá condenarlo? si esconde su rostro, ¿quién le verá, ya sea nación o bien un particular?
30 [290] Así pone fin al dominio del impío, para que no sirva más de lazo para el pueblo.
31 Si ahora dice a Dios: *He soportado (tu castigo), no pecaré más;
32 enséñame Tú lo que yo no veo; si he hecho iniquidad, no la haré más.*
33 ¿Acaso Él debe darte el pago según el parecer tuyo, según tu negativa o conformidad? Yo no (pienso) así. Di, pues, lo que sabes.
34 Los hombres sensatos me dirán, lo mismo que los sabios que me oyen:
35 Job ha hablado neciamente, sus palabras fueron imprudentes.
36 [291] ¡Ojalá sea Job probado hasta el fin, por sus respuestas de hombre impío!
37 Porque a su pecado añade la rebelión, bate palmas en medio de nosotros, y habla cada vez más contra Dios.”
Job 35
Tercer discurso de Eliú
1 Tomando de nuevo la palabra dijo Eliú:
2 [292] “¿Acaso te parece justo decir: Yo tengo razón contra Dios?
3 [293] Ya que dices: “¿Qué provecho tienes Tú, o qué ventaja tengo yo de mi pecado?”
4 Voy a darte respuesta, a ti y a tus compañeros.
5 Dirige tu mirada hacia el cielo y ve; y contempla el firmamento que es más alto que tú.
6 [294] Si pecas, ¿qué le haces a Él? y si multiplicas tus transgresiones, ¿qué (daño) le causas?
7 Si eres justo, ¿qué le das con ello? o ¿qué recibe Él de tu mano?
8 Solamente a un hombre como tú dañará tu maldad, y tu justicia (aprovecha solo) a un hijo de hombre.
9 [295] Gritan (los desgraciados), bajo la violencia de la opresión, y piden auxilio contra el brazo de los poderosos;
10 mas ninguno dice: *¿Dónde está Dios, mi Creador, el cual inspira canciones de alegría en medio de la noche,
11 que nos da más ilustración que a las bestias de la tierra, y más inteligencia que a las aves del cielo?*
12 Entonces gritan; pero Él no responde, a causa de la soberbia de los malvados.
13 Pues Dios no atiende ruegos vanos; el Omnipotente no los considera.
14 Pero si dices que Él no lo ve, la causa está delante de Él; espera su sentencia.
15 Pero ahora (que Dios) tarda en descargar su ira, y no castiga con rigor la necedad,
16 Job abre su boca para vanas palabras amontonando frases de ignorante.”
Job 36
Cuarto discurso de Eliú
1 Continuó Eliú diciendo:
2 “Espérame un poco, y te instruiré, pues hay aún más argumentos para defender la causa de Dios.
3 Sacaré de lo más alto mi saber, y probaré que mi Creador es justo.
4 [296] Porque te aseguro que no son falsas mis palabras; el que está delante de ti es perfecto en la doctrina.
5 He aquí que Dios es grande, pero no desdeña a nadie; Él es grande por el poder de su inteligencia.
6 No deja vivir al malvado, hace justicia a los oprimidos;
7 [297] no aparta sus ojos de los justos, los coloca en tronos (como) a reyes, los hace sentar para siempre y son ensalzados.
8 Encadenados con grillos, y atados con cuerdas de aflicción,
9 Él les hace reproches por sus obras y sus pecados, porque obraron con soberbia;
10 les abre los oídos para la corrección, y les exhorta a abandonar la maldad.
11 [298] Si obedecen y se someten, terminan sus días en felicidad, y sus años entre delicias.
12 Mas si no obedecen perecen a espada, y mueren en necedad.
13 Los impíos de corazón acumulan la ira; no pueden clamar por auxilio, cuando Él los encadena,
14 mueren en plena juventud, y acaban su vida entre los afeminados.
15 Al pobre, empero, (Dios) le salva en la aflicción, le abre los oídos por la tribulación.
16 [299] A ti también te sacaría de las fauces de la angustia, a un lugar espacioso, sin estrechez, y tendrías tu mesa cómoda y llena de grosura.
17 Mas tú llenas la medida del inicuo; el juicio y la justicia te alcanzarán.
18 [300] Por eso, no oprimas a nadie acicateado por la ira, y no te pervierta la copia de sobornos.
19 ¿Acaso te librará tu clamor de la angustia, aunque emplees todos los recursos de tu poder?
20 [301] No suspires tanto por la noche que arrebatará a todos de su lugar.
21 Guárdate de dirigir tu rostro hacia la iniquidad; aunque la prefieras a la aflicción.
22 Mira: Dios es sublime en su poder; ¿quién es Maestro como Él?
23 [302] ¿Quién le ha impuesto su camino? Y ¿quién puede decirle: Tú has hecho mal?
24 [303] Acuérdate de ensalzar su obra, la cual celebran los hombres.
25 La contemplan todos los hombres, la miran desde lejos los mortales.
26 ¡Cuán grande es Dios! No podemos comprenderlo; el número de sus años es inescrutable.
27 Él hace las menudas gotas de agua, que después se derraman en lluvias torrenciales.
28 Destilan las nubes, y caen sobre los hombres gotas en abundancia.
29 ¿Quién comprenderá la extensión de las nubes, los truenos de su pabellón?
30 [304] Él extiende en torno suyo su luz, y cubre las profundidades del mar.
31 [305] De esta manera juzga a los pueblos, y da pan en abundancia.
32 [306] Llena sus manos de rayos, a los que indica el objeto que han de alcanzar.
33 Le anuncia su voz de trueno, como también el ganado (siente) su venida.”
Job 37
Continúa el discurso de Eliú
1 “Por esto tiembla mi corazón, y salta de su lugar.
2 [307] Oíd, oíd el trueno de su voz, el ruido que sale de su boca.
3 [308] Lo hace retumbar por toda la extensión del cielo, y su fulgor brilla hasta los confines de la tierra.
4 Tras de Él se oye una voz rugiente; pues truena con la voz de su majestad; y no retiene más (los rayos) cuando se oye su voz.
5 Truena la voz de Dios y obra maravillas, hace cosas grandes e inescrutables.
6 Pues a la nieve dice: ¡Baja a la tierra! Él (envía) la lluvia y los aguaceros torrenciales.
7 [309] Sobre la mano de todos pone un sello, para que todos conozcan Su obra.
8 Las fieras se retiran a sus cubiles, y descansan en sus guaridas.
9 [310] De sus cámaras sale el huracán, y del norte viene el frío.
10 Al soplo de Dios se forma el hielo, y en su derretimiento se ensanchan las aguas.
11 Él carga con vapor la nube, y la nube esparce sus fulgores,
12 que dando vueltas según sus planes hacen lo que Él manda sobre la redondez de la tierra;
13 [311] ora para corrección de su tierra, ora para mostrar su misericordia.
14 Esto, oh Job, escúchalo bien, detente, y considera las maravillas de Dios.
15 [312] ¿Sabes tú cómo Dios las realiza, y cómo hace relampaguear la luz de sus nubes?
16 ¿Conoces tú el balanceo de las nubes, las maravillas de Aquel que es perfecto en saber?
17 ¿(Sabes) tú por qué se calientan tus vestidos, cuando la tierra se calla bajo el soplo del Austro?
18 ¿Extendiste tú con Él el firmamento, tan sólido como un espejo fundido?
19 Díganos qué debemos responderle, ya que no sabemos qué decirle, siendo como somos ignorantes.
20 Mas ¿hay que contarle lo que yo digo? pues el hombre, por más que hable, no es más que una nada.
21 [313] Ahora ya no se ve la luz, aquel resplandor en el firmamento; pasó el viento, y lo deja despejado.
22 [314] Del norte viene áureo (brillo), la terrible majestad, que envuelve a Dios.
23 Él Todopoderoso, el inaccesible, es grande en poder y juicio, es rico en justicia, y no oprime a nadie.
24 Por eso han de temerlo los hombres: no mira Él a los que se creen sabios.”
III. Intervención de dios
Job 38
Primer discurso de Dios
1 [315] Entonces Yahvé respondió a Job desde el torbellino, y dijo:
2 [316] “¿Quién es este que obscurece mis planes con palabras insensatas?
3 [317] Cíñete ahora los lomos, como varón; que Yo te preguntaré, y tú me instruirás.
4 [318] ¿Dónde estabas tú cuando Yo cimentaba la tierra? Dilo, si tienes inteligencia.
5 [319] ¿Quién le trazó sus dimensiones —tú lo sabes seguro— o quién extendió sobre ella la cuerda?
6 [320] ¿En qué se hincan sus bases, o quien asentó su piedra angular,
7 [321] mientras cantaban en coro las estrellas de la mañana, entre los aplausos de todos los hijos de Dios?
8 ¿Quién cerró con puertas el mar, cuando impetuoso salía del seno?
9 al ponerle Yo las nubes por vestido y las tinieblas por envoltura;
10 imponiéndole mi ley y poniendo barras y puertas,
11 [322] con estas palabras: Hasta aquí llegarás, y no pasarás más allá; y ahí se quebrantará el orgullo de tus olas.
12 ¿Acaso en algún momento de tu vida has dado tú órdenes a la mañana, señalado su lugar a la aurora,
13 para que ocupe los cabos de la tierra, y sean expulsados de ellas los malhechores?
14 [323] Cambia ella su forma como la arcilla del sello, y se presenta como un vestido (nuevo),
15 [324] privando de su luz a los malvados, y quebrando el brazo levantado.
16 ¿Penetraste tú hasta las fuentes del mar; te paseaste en el fondo del abismo?
17 [325] ¿Se te han abierto acaso las puertas de la muerte, y has visto esas puertas tenebrosas?
18 Ya que has investigado la tierra en toda su anchura, habla, si todo lo sabes.
19 ¿Dónde está el camino que conduce a la morada de la luz? y el lugar de las tinieblas, ¿dónde se halla?
20 ya que tú las conduces a sus dominios, y conoces los senderos que llevan a su morada.
21 [326] Tú debes saberlo, porque habías nacido ya entonces, y el número de tus días es tan grande.
22 [327] ¿Penetraste tú acaso en los depósitos de la nieve, y viste los almacenes del granizo,
23 que Yo he guardado para el tiempo de la angustia, para el día de la batalla y del combate?
24 ¿Por qué camino se difunde la luz, y marcha el solano sobre la tierra?
25 ¿Quién abre regueras al aguacero, y camino a la nube tronadora,
26 para hacer llover sobre un país inhabitado, sobre el yermo, donde no vive hombre,
27 para hartar tierras desiertas y vacías, y hacer brotar un poco de hierba?
28 [328] ¿Tiene padre la lluvia? ¿o quién engendra las gotas del rocío?
29 ¿Del seno de quién sale el hielo? y la escarcha del cielo ¿quién la da a luz,
30 para que sea como piedra el agua, y se congele la superficie del abismo?
31 [329] ¿Atas tú los lazos de las Pléyades, o puedes soltar las ataduras del Orión?
32 [330] ¿Eres tú quien a su tiempo hace salir los signos del zodíaco, y guía a la Osa con sus cachorros?
33 ¿Conoces tú las leyes del cielo y fijas su influjo sobre la tierra?
34 ¿Alzas tú hasta las nubes tu voz, para que caigan sobre ti las copiosas aguas?
35 ¿Despachas tú los rayos, y se van diciéndote: Henos aquí?
36 [331] ¿Quién puso sabiduría en las nubes, e inteligencia en los meteoros?
37 [332] ¿Hay quien con toda su sabiduría puede contar las nubes, y vaciar los odres del cielo,
38 para que el polvo se transforme en masa sólida, y se peguen unos a otros los terrones?
39 [333] ¿Cazas tú la presa para la leona, y sustentas la vida de los Ieoncillos,
40 cuando se acurrucan en sus cubiles, y se retiran a la espesura para estar en acecho?
41 ¿Quién prepara al cuervo su alimento, cuando sus pollitos gritan hacia Dios, yendo de un lado a otro por falta de comida?
Job 39
Continuación del discurso de Dios
1 [334] “¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿Observas el parto de las ciervas?
2 ¿Sabes tú los meses de su preñez, y conoces el tiempo de su parto?
3 Se encorvan y echan su cría librándose de sus dolores.
4 Sus crías son robustas, crecen en el campo; se van, y no vuelven a ellas.
5 ¿Quién dio libertad al asno montés, y quién soltó las ataduras del onagro,
6 [335] al que di por domicilio el desierto y por morada la tierra salitrosa?
7 Se ríe del tumulto de la ciudad, y no oye los gritos del arriero.
8 Los montes son su lugar de pasto, anda buscando toda yerba verde.
9 [336] ¿Querrá servirte acaso el búfalo, pasará la noche junto a tu pesebre?
10 ¿Podrás atarlo con coyundas para que abra surcos? ¿Querrá acaso rastrillar los valles detrás de ti?
11 ¿Confiarás en él por su gran fuerza, y dejarás a su cuidado tus labores?
12 ¿Le fiarás traer a casa tu grano para llenar tu era?
13 El avestruz agita alegre las alas; no son alas pías, ni voladoras;
14 [337] pues abandona en tierra sus huevos para calentarlos en el suelo.
15 Olvida que puede pisarlos el pie, y aplastarlos la fiera del campo.
16 Es cruel con sus hijos, como si fuesen ajenos; no le preocupa la inutilidad de sus fatigas.
17 Porque Dios le privó de sabiduría, y no le dio parte en la inteligencia.
18 [338] Pero cuando se alza y bate las alas, se burla del caballo y del jinete.
19 ¿Das tú al caballo la valentía, y revistes su cuello con la airosa melena?
20 ¿Le enseñas tú a saltar como la langosta, a esparcir terror con su potente relincho?
21 Hiere la tierra, orgulloso de su fuerza, y se lanza al combate,
22 riéndose del miedo; no se acobarda, ni retrocede ante la espada.
23 Si oye sobre sí el ruido de la aljaba, el vibrar de la lanza y del dardo,
24 con ímpetu fogoso sorbe la tierra, no deja contenerse al sonido de la trompeta.
25 [339] Cuando suena la trompeta, dice: ¡Adelante!; huele de lejos la batalla, la voz del mando de los capitanes, y el tumulto del combate.
26 [340] ¿Es acaso por obra tuya que emprende vuelo el gavilán, tendiendo sus alas hacia el sur?
27 ¿Es por orden tuya que remonta el águila, y pone su nido en las alturas?
28 Habita en la peña, y tiene su morada en la cima de las rocas más inaccesibles.
29 Allí acecha la presa, desde lejos atisban sus ojos.
30 [341] Sus polluelos chupan la sangre; y doquiera que haya cadáveres se la encuentra.”
31 Se dirigió entonces Yahvé a Job y dijo:
32 “Quiere el censor contender más con el Omnipotente? El que disputa con Dios responda.”
Job confiesa su ignorancia
33 [342] Job respondió a Yahvé y dijo:
34 “He aquí ¡cuán pequeño soy yo! ¿Qué puedo responderte? Pondré mi mano sobre mi boca.
35 Una vez he hablado, mas no hablaré más; y otra vez (he hablado), pero no añadiré palabra.
Job 40
Segundo discurso de Dios
1 Yahvé siguió hablando a Job desde el torbellino, y dijo:
2 [343] “Cíñete los lomos como varón; voy a preguntarte y tú me instruirás.
3 ¿Quieres tú de veras negar mi justicia, condenarme a Mí para justificarte a ti mismo?
4 ¿Tienes tú un brazo como el de Dios, y puedes tronar con voz semejante a la suya?
5 Adórnate de alteza y majestad, y revístete de gloria y grandeza.
6 [344] Derrama los torrentes de tu ira; mira a todo orgulloso y humíllalo.
7 Mira a todo soberbio y abátelo, aplasta a los malvados donde estén.
8 Escóndelos a todos en el polvo, y cubre su rostro con tinieblas.
9 [345] Yo entonces te alabaré, porque tu diestra podrá salvarte.
10 [346] Mira a Behemot, creado por Mí lo mismo que tú. Come hierba como el buey;
11 [347] y ve que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre.
12 Endurece su cola como un cedro; y los nervios de sus muslos son como un solo tejido.
13 Sus huesos son tubos de bronce, sus costillas como planchas de hierro.
14 [348] Es la primera de las obras de Dios; Él que lo hizo le dio una espada.
15 Los montes le ofrecen alimento, (alrededor de él) retozan todas las bestias del campo.
16 Duerme debajo de los lotes, en la espesura de los juncos y pantanos.
17 [349] Los lotos le cubren con su sombra, y le rodean los sauces del río.
18 Al desbordar el río no se amedrenta; se queda tranquilo aunque el Jordán le llegue a la garganta.
19 Fascina la (presa) con los ojos, y su nariz perfora las redes.
20 [350] ¿Pescas tú con anzuelo a Leviatán, y atas con una cuerda su lengua?
21 [351] ¿Le meterás un junco en la nariz, le taladrarás con un gancho la quijada?
22 ¿Acaso te dirigirá muchas súplicas, o te dirá palabras tiernas?
23 ¿Hará pacto contigo? ¿Lo tomarás por perpetuo esclavo?
24 ¿Juguetearás con él como con un pájaro? ¿Lo atarás para tus hijas?
25 [352] ¿Lo tomarán los amigos para comida? ¿Se lo repartirán entre sí los mercaderes?
26 ¿Horadarás su cuero con flechas, y con el arpón su cabeza?
27 Pon (una vez) en él tu mano; y no olvidarás el combate; no volverás a hacerlo.
28 He aquí que la esperanza (de los cazadores) es vana; su solo aspecto basta para echarlos por tierra.”
Job 41
Continuación del discurso de Dios
1 [353] “Nadie es tan audaz que le despierte. ¿Quién es capaz de mantenerse en pie delante de Mí?
2 [354] ¿Quién me dio algo primero, para que Yo lo recompense? Mío es lo que hay bajo todo el cielo.
3 [355] No callaré sus miembros, su fuerza, la armonía de sus proporciones.
4 ¿Quién puede abrir las mallas de su cota, franquear la doble fila de sus dientes?
5 Las puertas de su boca ¿quién jamás las ha abierto?; el cerco de sus dientes causa espanto.
6 [356] Su espalda cubren escamas en forma de escudos, compactas como un sello de piedra.
7 Se traba una con otra tan íntimamente, que el aire no puede pasar entre ellas.
8 Una está pegada a la otra; asidas entre sí no pueden separarse.
9 Sus estornudos son chispas de fuego, sus ojos como los párpados de la aurora.
10 De su boca salen llamas y se escapan centellas de fuego.
11 Sus narices arrojan humo, como de olla encendida e hirviente.
12 Su resoplido enciende carbones y su boca despide llamaradas.
13 [357] En su cerviz reside la fuerza, ante él tiembla el mismo espanto.
14 Aun las partes flojas de su carne están unidas entre sí, sin que quede resquicio ni posibilidad de oscilar.
15 [358] Su corazón es duro como piedra; tan duro como la muela inferior.
16 Cuando se alza tienen miedo los más valientes, y de terror están fuera de sí.
17 La espada que le acomete se rompe, lo mismo que la lanza, el dardo y la coraza.
18 Estima como paja el hierro, y el bronce como leña carcomida.
19 [359] No le pone en fuga el hijo del arco; las piedras de la honda le parecen paja.
20 La maza es para él como hojarasca, y se ríe del silbido del venablo.
21 [360] Su vientre tiene puntas de teja, se arrastra cual trillo sobre el cieno.
22 Hace hervir el abismo como olla, y el mar como caldero de ungüentos.
23 [361] Tras él un surco de luz, de modo que el abismo parece canoso.
24 [362] No hay en la tierra semejante a él, pues fue creado para no tener miedo.
25 Mira (con desprecio) lo más alto; es rey de todos los soberbios.”
Job 42
Job responde al Omnipotente
1 Entonces respondió Job a Yahvé, y dijo:
2 [363] “Sé que todo lo puedes; para Ti ningún plan es irrealizable.
3 [364] ¿Quién es este que imprudentemente oscurece el plan (divino)? (Soy yo); he hablado temerariamente de las maravillas superiores a mí y que yo ignoraba.
4 [365] Escucha, pues, y Yo hablaré; Yo preguntaré, y tú me instruirás.
5 [366] Solo de oídas te conocía; mas ahora te ven mis ojos.
6 [367] Por eso me retracto y me arrepiento, envuelto en polvo y ceniza.”
EPÍLOGO
El Señor reprende a los amigos de Job
7 Después que Yahvé hubo dicho estas palabras a Job, dijo a Elifaz temanita: “Estoy irritado contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado de Mí rectamente, como mi siervo Job.
8 [368] Ahora tomad siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job orará por vosotros, y Yo aceptaré su intercesión, de modo que no os haré mal por no haber hablado de Mí rectamente como mi siervo Job.
9 Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Sofar naamatita, e hicieron como Yahvé les había mandado. Y Yahvé aceptó los ruegos de Job.
Rehabilitación de Job
10 Después Yahvé restableció a Job en su primer estado, mientras este oraba por sus amigos; y Yahvé dio a Job el doble de todo cuanto había poseído.
11 [369] Le visitaron también todos sus hermanos y todas sus hermanas, y sus antiguos amigos, y comieron con él en su casa. Se condolieron con él, y le consolaron por todos los males que Yahvé le había enviado, dándole cada uno una kesita y un anillo de oro.
12 Yahvé bendijo los postreros tiempos de Job más que los primeros, y llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.
13 Tuvo también siete hijos y tres hijas.
14 [370] A la primera le puso por nombre Jemimá, y a la segunda Kesiá, y a la tercera Keren Happuk.
15 No se hallaron en toda aquella tierra mujeres tan hermosas como las hijas de Job; y les dio su padre herencia entre sus hermanos.
16 [371] Job vivió después de esto ciento cuarenta años; y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación. Y murió Job anciano y colmado de días.