Jeremías
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- Jeremías 44
- Jeremías 45
- II. Vaticinios contra otros pueblos
- Comentarios de Mons. Straubinger
Introducción
En cuanto a los datos biográficos, Jeremías es el menos ignorado entre todos los profetas de Israel. Hijo del sacerdote Helcías, nació en Anatot, a 4 kilómetros al norte de Jerusalén, y fue destinado por Dios desde el seno materno para el cargo de Profeta (1, 5). Empezó a ejercer su altísima misión en el decimotercio año del rey Josías (638-608) es decir, en 625. Durante más de 40 años, bajo los reyes Josías, Joacaz, Joakim, Joaquín (Jeconías) y Sedecías siguió amonestando y consolando a su pueblo, hasta que la ciudad impenitente cayó en poder de los babilonios (581 a. C.).
Jeremías no compartió con su pueblo la suerte de ser deportado a Babilonia, sino que tuvo la satisfacción de ser un verdadero padre del pequeño y desamparado resto de los judíos que había quedado en la tierra de sus padres. Más cuando sus compatriotas asesinaron a Godolías, gobernador del país desolado, obligaron al Profeta, a refugiarse con ellos en Egipto, donde, según tradición antiquísima, lo mataron porque no cesaba de predicarles la Ley de Dios. La Iglesia celebra su memoria el 1° de mayo.
Jeremías es un ejemplo de vida religiosa, creyéndose que se conservó virgen (16, 1 s.). Austero y casi ermitaño, se consumió en dolores y angustias (15, 17 s.) por amor a su pueblo obstinado. Para colmo se levantaron contra él falsos profetas y consiguieron que, por mandato del rey, fuesen quemadas sus profecías. El mismo fue encarcelado y sus días habrían sido contados, si los babilonios, al tomar la ciudad, no le hubiesen libertado.
Su libro se divide en dos partes, la primera de las cuales contiene las profecías que versan sobre Judá y Jerusalén (caps. 2-45), y la segunda reúne los vaticinios contra otros pueblos (caps. 46-51). El primer capítulo narra la vocación del Profeta, y el último (cap. 52) es un apéndice histórico.
Cuanto menos comprendido fue Jeremías por sus contemporáneos, tanto más lo fue por las generaciones que le siguieron. Sus vaticinios alentaban a los cautivos de Babilonia, y a él se dirigían las miradas de los israelitas que esperaban la salud mesiánica. Tan grande era su autoridad que muchos creían que volvería de nuevo, como se ve en él episodio de Mateo 16, 14. Los santos Padres lo consideran como figura de Cristo, a quien representa por lo extraordinario de su elección, por la pureza virginal, por el amor inextinguible a su pueblo y por la paciencia invencible frente a las persecuciones de aquellos a los cuales amaba.
PRÓLOGO
Jeremías 1
Vocación del profeta
1 [1] Palabras de Jeremías hijo de Helcías, de los sacerdotes que habitaban en Anatot, en tierra de Benjamín;
2 al cual llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año decimotercero de su reinado,
3 y luego en los días de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén, en el mes quinto.
4 Me habló Dios en estos términos:
5 [2] “Antes de formarte en el seno materno te conocí; y antes que salieras del seno te santifiqué; para profeta entre las naciones te he constituido.”
6 [3] Yo contesté: “¡Ah, Señor, Yahvé! he aquí que no sé hablar, porque soy un adolescente.”
7 [4] Yahvé me respondió: “No digas: Soy un adolescente, sino anda a dondequiera que Yo te enviare, y habla todo cuanto Yo te dijere.
8 No tengas miedo delante de ellos, porque Yo estoy contigo para librarte” —oráculo de Yahvé.
9 Después extendió Yahvé su mano y tocando mi boca me dijo: “He aquí que pongo mis palabras en tu boca.
10 [5] Mira, Yo te pongo hoy sobre naciones, y sobre reinos, para desarraigar y derribar, para destruir y arruinar, para edificar y para plantar.”
Carácter de la misión del profeta
11 [6] Y me llegó la palabra de Yahvé, que dijo: “¿Qué ves Jeremías?” Respondí: “Veo una vara de almendro.”
12 Y me dijo Yahvé: “Bien has visto; porque yo velo sobre mi palabra para cumplirla.”
13 [7] Y me vino la palabra de Yahvé por segunda vez, que decía: “¿Qué ves?” Y contesté: “Veo una olla hirviente que viene de la parte del norte.”
14 Entonces me dijo Yahvé: “Del norte se difundirá el mal sobre todos los habitantes del país.
15 Pues he aquí que voy a llamar a todas las tribus de los reinos del norte, dice Yahvé, las cuales vendrán, y pondrán cada cual su trono a la entrada de las puertas de Jerusalén, y sobre sus muros todo en derredor, y sobre todas las ciudades de Judá.
16 Y pronunciaré contra ellos mi sentencia por todas sus maldades; por cuanto me han abandonado y quemado incienso a otros dioses, postrándose ante la obra de sus manos.
17 [8] Ciñe tus lomos, yérguete, y diles todo cuanto Yo te mandare; no les tengas miedo, no sea que Yo te confunda delante de ellos.
18 He aquí que hoy te pongo por ciudad fortificada, y por columna de hierro, y por muro de bronce contra toda esta tierra; contra los reyes de Judá, contra sus príncipes y sus sacerdotes, y contra el pueblo del país.
19 Ellos te harán guerra, mas no prevalecerán contra ti; porque contigo estoy Yo, dice el Señor, para librarte.”
I. Vaticinios contra judá y jerusalén
Jeremías 2
Ingratitud de Israel
1 [9] Me llegó la palabra de Yahvé, que dijo:
2 [10] “Anda y grita a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Yahvé: Me acuerdo de la piedad de tu juventud, del amor de tus desposorios, y cómo me seguiste por el desierto, en una tierra donde no se siembra.
3 [11] Israel es cosa santa para Yahvé, primicias de sus frutos; cuantos le devoran se hacen culpables; vendrá sobre ellos el mal —oráculo de Yahvé.
4 Escucha la palabra de Yahvé, oh casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.
5 [12] Así dice Yahvé: ¿Qué tacha hallaron en Mí vuestros padres, para alejarse de Mí, e irse tras la vanidad, haciéndose vanos ellos mismos?
6 No decían: “¿Dónde está Yahvé, el que nos sacó del país de Egipto, el que nos condujo por el desierto, por una tierra yerma y barrancosa, tierra de sequía y de sombra de muerte, tierra por donde nadie pasa y no vive hombre alguno?”
7 [13] Yo os introduje en una tierra fértil, para que comierais sus frutos y sus riquezas; pero vosotros, cuando entrasteis, contaminasteis mi tierra, y de mi heredad hicisteis una abominación.
8 [14] Tampoco los sacerdotes decían: “¿Dónde está Yahvé?” Los que guardaban la Ley no me conocían; los pastores se rebelaron contra Mí, los profetas profetizaron por Baal, y se fueron tras los que de nada sirven.
9 Por eso litigaré aún con vosotros, y con los hijos de vuestros hijos, dice Yahvé.
10 [15] Pasad a las islas de Kitim, y ved, enviad (mensajeros) a Cedar, e informaos bien, y ved si jamás ha acontecido cosa como esta.
11 ¿Acaso nación alguna ha cambiado de dios? —y ni siquiera son dioses aquellos— pero mi pueblo ha trocado su Gloria por lo que de nada sirve.
12 Pasmaos, oh cielos, de esto, horrorizaos y quedaos atónitos en extremo, dice Yahvé.
13 [16] Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a Mí, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas, cisternas rotas, que no pueden retener el agua.
14 [17] ¿Es acaso siervo Israel? ¿O vernáculo? ¿Cómo, pues, ha venido a ser presa?
15 Rugieron contra él los leoncillos, y dieron sus bramidos, y convirtieron su tierra en un desierto; sus ciudades han sido quemadas y quedan sin habitantes.
16 [18] Los hijos de Menfis y de Tafnis trasquilan tu cabeza.
17 ¿No te has acarreado esto por dejar a Yahvé tú Dios, al tiempo que Él te guiaba por el camino?
18 [19] Y ahora, ¿por qué vas a Egipto para beber el agua turbia? ¿Y por qué vas a Asiria para beber las aguas del Río?
19 [20] Tu misma maldad te condenará, y tú misma apostasía te va a castigar, para que sepas y veas cuan malo y amargo te es el haber abandonado a Yahvé tu Dios, y haber perdido mi temor, dice el Señor Yahvé de los ejércitos.
El culto de Baal
20 [21] Ya desde tiempo muy antiguo quebraste tu yugo, rompiste tus coyundas, y dijiste: “No quiero servir.” Porque sobre todo collado elevado, y bajo todo árbol frondoso te acostaste como ramera.
21 Y Yo te había plantado cual vid selecta, toda de buena semilla. ¿Cómo, pues, has degenerado (convirtiéndote en) vid ajena?
22 Por más que te laves con nitro, y por mucha lejía que emplees, tu iniquidad queda grabada delante de Mí —oráculo de Yahvé el Señor.
23 [22] ¿Cómo puedes decir: “No estoy contaminada, no he ido en pos de los Baales?” Mira tus caminos en aquel valle, reconoce lo que has hecho, dromedaria liviana que corre de un lado a otro,
24 [23] asna salvaje, acostumbrada al desierto, que en el ardor de su pasión olfatea el viento; ¿quién podrá contener el celo de ella? Ninguno de los que la buscan necesita fatigarse; en el mes de su (celo) la hallará.
25 Guarda tu pie de la desnudez, y tu garganta de la sed; pero tú dices: “Es inútil, pues amo a los extraños, y tras ellos me voy.”
Consecuencias de la apostasía
26 Como queda avergonzado el ladrón sorprendido, así quedarán avergonzados los de la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas;
27 [24] que dicen al leño: “Tú eres mi padre”, y a la piedra: “Tú me has dado a luz.” Me han vuelto las espaldas y no la cara; mas cuando les toca la calamidad, dicen: “Levántate y sálvanos.”
28 ¿Dónde están tus dioses, los que te has hecho? ¡Que se alcen, si te pueden salvar en el tiempo de tu calamidad! Tus dioses, oh Judá, son tan numerosos como tus ciudades.
29 ¿Por qué entráis conmigo en juicio? Todos os habéis rebelado contra Mí, —oráculo de Yahvé.
30 En vano he castigado a vuestros hijos; ellos no hicieron caso de la corrección; vuestra espada ha devorado a vuestros profetas como león que destroza.
31 [25] ¡Así es vuestra raza! Considerad ahora la palabra de Yahvé. ¿Por ventura he sido Yo un desierto para Israel, o una tierra de densas tinieblas? ¿Por qué, pues, ha dicho mi pueblo: “Libres somos, no volveremos más a Ti”?
32 ¿Se olvida acaso una doncella de sus atavíos o una novia de su ceñidor? pero mi pueblo se ha olvidado de Mí desde días sin cuento.
33 ¡Qué bien sabes tú disponer tus caminos para buscar amor! Por esto has acostumbrado tu conducta a las maldades.
34 En la orla de tu (vestido) se halla la sangre de la vida de pobres e inocentes; no los sorprendiste en conato de robo, (los mataste) por cualquier otro motivo.
35 [26] Y con todo dices: “Soy inocente, ciertamente su ira se ha apartado de mí.” Mira, Yo voy a entrar en juicio contigo, por cuanto dices: “No he pecado.”
36 [27] ¿Por qué corres de uno a otro, cambiando tus caminos? Serás burlado de Egipto, como lo fuiste ya de Asiria.
37 [28] También de allí volverás con las manos sobre tu cabeza; pues Yahvé ha rechazado tus apoyos, y no tendrás suerte con ellos.
Jeremías 3
Impenitencia de Israel
1 [29] Cuando un hombre despide a su mujer, y apartándose esta de él, se casa con otro marido, ¿volverá él acaso a ella de nuevo? ¿no quedará aquella mujer totalmente contaminada? Pero tú, que fornicaste con muchos amantes, no obstante ello, vuélvete a Mí —oráculo de Yahvé.
2 [30] Alza tus ojos a los collados y mira: ¿Hay lugar donde no te hayas prostituido? Te sentabas junto a los caminos, como el árabe en el desierto, en acecho de los (pasajeros), y contaminaste la tierra con tus fornicaciones y maldades.
3 Por eso se detuvieron las lluvias, y faltaron las aguas de primavera, pero tú guardas el semblante de ramera; no tienes rubor.
4 [31] Me dices ahora: “¡Padre mío! Tú eres el amigo de mi juventud.
5 ¿Acaso guardará Él (la ira) continuamente? ¿se enojará para siempre?” Así dices, y con todo cometes maldades a más no poder.
6 [32] Me dijo Yahvé en los días del rey Josías: “¿Has visto lo que hizo la apóstata Israel? Se fue a todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y cometió allí fornicación.
7 Dije Yo: Después de haber ella hecho todo esto, se volverá a Mí, pero no se volvió. Vio esto su hermana, la pérfida Judá;
8 y vio también que a causa de todos sus adulterios que había cometido la apóstata Israel, Yo la había despedido, dándole el libelo de repudio; y con todo no se amedrentó su hermana, la pérfida Judá, sino que fue y fornicó también ella.
9 Con su tumultuosa fornicación contaminó la tierra, cometiendo adulterio con la piedra y con el leño.
10 A pesar de todo esto, su pérfida hermana, Judá, no se volvió a Mí de todo corazón, sino fingidamente” —oráculo de Yahvé.
Conversión y gloria de Israel
11 Entonces me dijo Yahvé: “La apóstata Israel se ha mostrado más justa que la pérfida Judá.
12 [33] Anda, pues, y grita estas palabras hacia el norte, y di: Conviértete, apóstata Israel, —oráculo de Yahvé; no os miraré con rostro (airado), porque soy misericordioso, —oráculo de Yahvé—; no me airaré para siempre,
13 con tal que reconozcas tu iniquidad. Pues contra Yahvé, tú Dios has pecado, te has prostituido a los extraños, bajo todo árbol frondoso, y no has escuchado mi voz —oráculo de Yahvé.
14 [34] Convertíos, hijos rebeldes, dice Yahvé, porque Yo soy vuestro Esposo y os tomaré, uno de cada ciudad, y dos de cada estirpe, y os traeré a Sión.
15 [35] Y os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán con ciencia y doctrina.
16 [36] Y cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra, en aquellos días, dice Yahvé, no se dirá más: “¡El arca de la alianza de Yahvé!” ni les vendrá a las mientes, ni habrá de ella memoria, no la echarán de menos, ni se hará otra.
17 [37] En aquel tiempo Jerusalén será llamada trono de Yahvé; y se congregarán en el nombre de Yahvé todas las naciones en Jerusalén; y no seguirán más su obstinado y depravado corazón.
18 En aquellos días se juntará la casa de Judá con la casa de Israel, y juntas vendrán de la tierra del Norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.
19 [38] Yo me preguntaba: “¿Cómo he de contarte entre mis hijos y darte en herencia una tierra de delicias, la posesión más hermosa entre las naciones?” Y respondí: “Tú me llamarás Padre mío, y ya no dejarás de seguir en pos de Mí.”
20 Pero como una mujer que es infiel a su marido, así vosotros habéis sido infieles a Mí, oh casa de Israel, dice Yahvé.
Arrepentimiento de Israel
21 Se oye sobre los montes voz de lloro, los llantos de los hijos de Israel; por haber pervertido su camino, olvidándose de Yahvé su Dios.
22 Volveos, oh hijos rebeldes, y Yo sanaré vuestras apostasías. “He aquí que volvemos a Ti; porque Tú eres Yahvé, nuestro Dios.
23 [39] De veras, eran embustes los collados y el bullicio en los montes; solo en Yahvé, nuestro Dios, está la salvación de Israel.
24 [40] La ignominia consumió las fatigas de nuestros padres desde nuestra mocedad; sus rebaños y sus ganados, sus hijos y sus hijas.
25 Acostémonos, pues, en nuestro oprobio, y cúbranos nuestra ignominia, pues hemos pecado contra Yahvé, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde nuestra mocedad hasta el día de hoy, y no hemos escuchado la voz de Yahvé, nuestro Dios.”
Jeremías 4
Condición del perdón
1 [41] “Si te conviertes, oh Israel, conviértete a Mí, dice Yahvé; y si quitas de delante de Mí tus abominaciones, no andarás más errante.
2 Si juras “¡Vive Yahvé!” en verdad, y con rectitud, y con justicia, serán bendecidas en Él las naciones y en Él se gloriarán.
3 [42] Pues así dice Yahvé a los hombres de Judá y de Jerusalén: Preparaos un campo virgen y no sembréis entre zarzas.
4 Circuncidaos para Yahvé, y quitad los prepucios de vuestros corazones, varones de Judá y moradores de Jerusalén, no sea que estalle, cual fuego, mi ira, y arda sin que haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.
Invasión enemiga
5 Promulgadlo en Judá, y en Jerusalén dadlo a conocer; clamad y sonad la trompeta por el país, gritad fuerte y decid: Juntaos, y retirémonos a las ciudades fortificadas.
6 [43] ¡Alzad un estandarte, (para huir) a Sión, apresuraos, y no os detengáis! pues voy a traer desde el norte un mal y gran desolación.
7 Ya salió el león del matorral, el asolador de pueblos se ha puesto en marcha, salió de su lugar para trocar tu tierra en un yermo; tus ciudades serán asoladas, sin que quede habitante.
8 Por tanto ceñíos de saco, llorad y lamentaos, pues no se aparta de nosotros a ardiente ira de Yahvé.
9 En aquel día, dice Yahvé, desfallecerá el corazón del rey y el corazón de los príncipes; los sacerdotes quedaran pasmados, y los profetas llenos de consternación.”
10 [44] Y dije yo: “¡Ah, Señor Yahvé! Ciertamente has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: Tendréis paz, cuando la espada ha llegado ya hasta el alma.”
11 [45] Entonces se dirá a este pueblo y a Jerusalén: “Un viento abrasador viene de los montes del desierto, en dirección a la hija de mi pueblo, mas no para aventar, ni para limpiar.
12 Será un viento impetuoso el que ha de llegar. Ahora voy también yo a pronunciar sentencia contra ellos.”
13 He aquí que avanza como las nubes; como torbellino son sus carros, y más ligeros que las águilas sus caballos. ¡Ay de nosotros, pues estamos perdidos!
14 ¡Lava de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva! ¿Hasta cuándo hospedarás en tu corazón tus maliciosos pensamientos?
15 [46] Porque una voz trae las nuevas desde Dan, y anuncia la calamidad desde la montaña de Efraím.
16 Hacedlo saber a las naciones, avisad a Jerusalén, que vienen sitiadores de una tierra remota, y lanzan gritos contra las ciudades de Judá.
17 Como guardas de campo están a la redonda contra ella, por cuanto se ha rebelado contra Mí —oráculo de Yahvé.
18 [47] Tu conducta y tus malas obras te han valido esto; es (el fruto de) tu maldad; (castigo) amargo que te llega hasta el corazón.
Desolación del país
19 [48] ¡Mis entrañas! ¡Mis entrañas! ¡Qué dolor en las paredes de mi corazón! agitase mi corazón; no puedo estar quieto, por cuanto has oído, alma mía, el sonido de la trompeta, el grito estrepitoso de la guerra.
20 Llegan noticias de desastre sobre desastre; todo el país está devastado; súbitamente han sido destruidas mis tiendas, de un momento a otro mis pabellones.
21 [49] ¿Hasta cuándo he de ver la bandera, y oír el sonido del clarín?
22 [50] ¡Qué necio es mi pueblo!, no me han conocido; son hijos insensatos que no tienen inteligencia; son sabios para hacer el mal, pero el bien no saben hacerlo.
23 [51] Miro la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; los cielos, y no hay luz en ellos.
24 Miro los montes, y he aquí que tiemblan, y se conmueven todos los collados.
25 Miro, y he aquí que no hay hombre alguno, y las aves del cielo han huido todas.
26 Miro, y he aquí que la tierra fértil es un desierto, y todas sus ciudades están destruidas, ante Yahvé, ante el ardor de su ira.
27 Porque así dice Yahvé: “Todo el país será un yermo, pero no lo arruinaré del todo.
28 Por esto la tierra se pondrá de luto y se oscurecerán los cielos allá arriba; porque Yo lo he dicho, Yo lo he resuelto, y no me arrepiento ni me retracto.”
29 [52] Al estruendo de la caballería y de los flecheros cada ciudad se pone en fuga; se retiran a las selvas y escalan las peñas; todas las ciudades están abandonadas, sin que en ellas quedase un solo habitante.
30 [53] Y tú, ¿qué harás, oh desolada? Aunque te vistas de púrpura, aunque te cubras con adornos de oro, y te pintes los ojos con antimonio; en vano te embellecerás; tus amantes te desprecian, buscan tu vida.
31 Oigo gritos como de parturienta, gemidos como de la que por primera vez da a luz; es la voz de la hija de Sion, que lanza ayes y extiende sus manos: “¡Ay de mí! desfallece mi alma a causa de la mortandad.”
Jeremías 5
Corrupción de Jerusalén
1 [54] Recorred las calles de Jerusalén, mirad y observad, y buscad por sus plazas, a ver si halláis un hombre; uno solo que practique la justicia y busque la verdad; y Yo la perdonaré.
2 [55] Pues aun cuando dicen: ¡Vive Yahvé!, no obstante ello juran en falso.
3 [56] ¿No es la fidelidad, oh Yahvé, lo que buscan tus ojos? Tú los castigaste, y no les dolió; los consumiste, mas rechazaron la corrección; han hecho su cara más dura que la roca; no quisieron convertirse.
4 Entonces dije: “¡Ah! son solo los pobres, ellos son los insensatos, porque no conocen el camino de Yahvé, la ley de su Dios.
5 Me iré a los grandes, y hablaré con ellos; ellos conocerán el camino de Yahvé, la ley de su Dios”. Pero también ellos todos quebraron el yugo y rompieron las coyundas.
6 [57] Por eso los mata el león del bosque, los devora el lobo del desierto; y el leopardo está acechando en torno de sus ciudades; quien salga de ellas será despedazado: porque son muchos sus pecados y han aumentado sus apostasías.
7 “¿Cómo te podré perdonar esto? Tus hijos me han abandonado y juran por los que no son dioses: Los he saciado, mas ellos se entregan al adulterio, y se juntan en casa de la ramera.
8 Caballos gordos que están en celo; relincha cada cual tras la mujer de su prójimo.
9 ¿No he de castigar Yo esto? dice Yahvé. ¿De una nación como esta no he de tomar venganza?
10 [58] Escalad sus muros, y destruid; mas no acabéis del todo con ellos; arrancad sus sarmientos, pues no son de Yahvé.
11 Porque la casa de Israel y la casa de Judá han apostatado de Mí, dice Yahvé.
12 Han renegado de Yahvé, y han dicho: “No es Él; no vendrá sobre nosotros ningún mal, no veremos ni espada ni hambre;
13 los profetas no son más que viento, y no tienen oráculos (de Dios). ¡Que estos caigan sobre ellos mismos!”
Anuncio del castigo
14 [59] Por esto, así dice Yahvé, el Dios de los ejércitos: “Por cuanto habéis dicho esto, mirad que hago de mis palabras un fuego, y este pueblo será la leña que los devore.
15 [60] He aquí que voy a traer contra vosotros, oh casa de Israel, una nación lejana, dice Yahvé; un pueblo fuerte, un pueblo antiquísimo; un pueblo cuya lengua no conoces, y cuyas palabras no entiendes.
16 Su aljaba es como sepulcro abierto; todos ellos son hombres valientes.
17 Devorarán tu cosecha y tu pan; devorarán a tus hijos y a tus hijas; devorarán tus rebaños y tus ganados; devorarán tus viñas y tus olivares; y destruirán a espada tus ciudades fuertes en que confías.
18 Mas ni aun en aquellos días, dice Yahvé, acabaré del todo con vosotros.”
19 Y si os preguntareis: “¿Por qué Yahvé, nuestro Dios, ha traído todo esto sobre nosotros?” les responderás: “Como me habéis dejado a Mí sirviendo a dioses extraños en vuestra tierra así serviréis a los extranjeros en tierra no vuestra.”
20 Promulgad esto en la casa de Jacob, y pregonadlo en Judá, diciendo:
21 [61] “Escucha esto, pueblo insensato y sin cordura: Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.
22 [62] ¿No me habéis de temer?, dice Yahvé; ¿no temblaréis delante de Mí, que puse al mar por término la arena, como límite perpetuo que no puede traspasar? Por más que se agiten sus olas, son impotentes, aunque se enfurezcan no podrán rebasarlo.”
23 Mas este pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz; han apostatado y se van.
24 Y no dicen en su corazón: “Temamos a Yahvé, nuestro Dios, que nos da a su tiempo la lluvia temprana y la tardía, y nos concede las semanas destinadas a la cosecha.”
25 Vuestras iniquidades han trastornado este orden, y vuestros pecados os han privado del bien.
Maldades de los ricos
26 Pues en mi pueblo hay malvados; ponen asechanzas como el pajarero que se agacha, arman trampas para cazar hombres.
27 Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de fraude; así se han engrandecido y enriquecido.
28 Engordaron y brillan de gordura; sobresalen en maldad; no hacen justicia al huérfano —y sin embargo prosperan—, no hacen justicia a los pobres.
29 ¿Y Yo no habré de castigar estas cosas? dice Yahvé. ¿De una nación como esta no he de tomar venganza?
30 Cosa extraña y terrible acontece en la tierra:
31 [63] los profetas profetizan mentira, y los sacerdotes gobiernan según su antojo; y esto le gusta a mi pueblo. Pero ¿qué haréis cuando estas cosas lleguen a su fin?
Jeremías 6
Asedio y ruina de Jerusalén
1 [64] Huid de en medio de Jerusalén, hijos de Benjamín; tocad la trompeta en Tecoa, y sobre Betkérem alzad una señal; pues se deja ver un azote que viene del norte; una gran calamidad.
2 La hija de Sión es semejante a un prado lozano;
3 [65] vienen sobre ella los pastores con sus rebaños; plantan sus tiendas alrededor de ella, pastan cada cual por su parte.
4 [66] “¡Santificaos para la guerra contra ella! Levantaos, ataquémosla en pleno mediodía. ¡Ay de nosotros, que pasa el día, se extienden ya las sombras de la noche!
5 Levantaos, ataquemos de noche y destruyamos sus palacios.”
6 Porque así dice Yahvé de los ejércitos: “Cortad árboles y alzad terraplenes contra Jerusalén. Esta es la ciudad que ha de ser castigada, toda ella está llena de injusticia.
7 Como la fuente hace brotar sus aguas, así mana ella su maldad, no se oye en ella (hablar) sino de violencia y ruina; dolores y heridas están siempre a mi vista.
8 Enmiéndate, Jerusalén, no sea que me aparte de ti y te convierta en ruinas, en tierra inhabitada.”
Las causas de la ruina
9 [67] Así dice Yahvé de los ejércitos: “Como rebuscos de una viña, así se rebuscarán los restos de Israel. Mete tu mano, como el vendimiador, entre los sarmientos.”
10 [68] ¿A quién he de hablar y a quién conjurar para que oiga? He aquí que su oído está incircunciso, de modo que no pueden escuchar; ved que la palabra de Yahvé es para ellos un oprobio; no se deleitan en ella.
11 Estoy lleno de la cólera de Yahvé, cansado ya de refrenarla. “Derrámala sobre los niños en la calle, y sobre las reuniones de los jóvenes. Pues serán presos el marido y la mujer, el anciano y el colmado de días.
12 Y sus casas pasarán a ser de otros, juntamente con sus campos y sus mujeres; pues Yo extenderé mi mano contra los habitantes del país” —oráculo de Yahvé.
13 Porque todos ellos, desde el más pequeño hasta el más grande, se han entregado a la avaricia; todos, desde el profeta hasta el sacerdote, practican el fraude;
14 [69] curan la llaga de mi pueblo a la ligera, diciendo: “¡Paz, paz!” cuando no hay paz.
15 Quedarán confundidos porque cometen abominaciones; pero no se avergüenzan, ni conocen lo que es deshonra. “Por eso caerán cuando caigan los otros; perecerán al tiempo que Yo los visite”, dice Yahvé.
16 Así dice Yahvé: “Paraos en los caminos, y mirad; y preguntad por las sendas antiguas, cuál es el buen camino, y seguidlo, y hallaréis reposo para vuestras almas.” Mas ellos dijeron: “No lo seguiremos.”
17 [70] Yo había puesto sobre vosotros atalayas (diciendo): “Escuchad el sonido de la trompeta.” Mas ellos respondieron: “No queremos escuchar.”
18 Por tanto, oíd, oh naciones; gentes todas, entended lo que les sucederá.
19 ¡Escucha, oh tierra! “He aquí que voy a traer sobre este pueblo calamidades, el fruto de sus mismos designios, porque no atendieron mis palabras, y despreciaron mi Ley.
20 [71] ¿Para qué me traéis incienso de Sabá, y caña aromática de países lejanos? vuestros holocaustos no me son aceptos, y vuestros sacrificios no me agradan.”
21 Por eso, así dice Yahvé: “He aquí que voy a poner tropiezos a este pueblo, en ellos tropezarán padres e hijos a una, el vecino perecerá juntamente con su vecino.”
El enemigo
22 [72] Así dice Yahvé: “Mira que viene un pueblo del país del Septentrión, una nación grande se pone en movimiento desde los extremos de la tierra;
23 empuña el arco y el venablo, es cruel y no se apiada; su voz es como el bramido del mar. Vienen montados sobre caballos, listos para luchar como un solo hombre, contra ti, oh hija de Sión.”
24 “Al solo oír hablar de ellos se nos debilitan los brazos, se apodera de nosotros la angustia, dolores como de mujer que está de parto.”
25 No salgáis al campo, ni andéis por el camino; pues el enemigo tiene espada, y por todos lados reina el espanto.
26 Cíñete de saco, oh hija de mi pueblo, y revuélcate en la ceniza; haz llanto como por un hijo único, llanto amarguísimo, porque de repente cae sobre nosotros el devastador.
El profeta ha sido puesto como juez
27 [73] Te he constituido en mi pueblo como probador, como fortaleza; tú conocerás y examinarás su proceder.
28 Todos ellos son rebeldes entre rebeldes, andan calumniando, son bronce y hierro, corruptores, todos ellos.
29 Sopla furiosamente el fuelle para que el plomo sea consumido por el fuego; pero en vano trabaja el acrisolador, porque los inicuos no se separan.
30 Se les llamará plata reprobada; porque Yahvé los ha reprobado.
Jeremías 7
Vana confianza en el Templo
1 [74] He aquí la palabra que de parte de Yahvé llegó a Jeremías:
2 “Ponte a la puerta de la Casa de Yahvé, y pronuncia allí esta palabra y di: Oíd la palabra de Yahvé, todos los habitantes de Judá que entráis por estas puertas para adorar a Yahvé.
3 [75] Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras obras, y os dejaré habitar en este lugar.
4 [76] No confiéis en las palabras falaces de aquellos que dicen: ¡El Templo de Yahvé, el Templo de Yahvé! Aquí está el Templo de Yahvé.
5 Si realmente enmendáis vuestra conducta y vuestras obras, si de veras administráis justicia entre hombre y hombre;
6 si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda; si no derramáis sangre inocente en este lugar, ni andáis tras otros dioses para vuestra ruina,
7 entonces os dejaré habitar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde los siglos hasta los siglos.
8 Pero vosotros confiáis en palabras de mentira, que de nada os aprovecharán.
9 Hurtáis, matáis y cometéis adulterio, juráis en falso y quemáis incienso a Baal, os vais tras otros dioses que no conocéis
10 y luego venís a presentaros delante de Mí, en esta Casa, sobre la cual ha sido invocado mi nombre, y decís: Ya estamos salvos. ¡Es solo para practicar todas estas abominaciones!
11 [77] Esta Casa sobre la cual ha sido invocado mi nombre, ¿es acaso a vuestros ojos una cueva de ladrones? He aquí que Yo, Yo lo he visto” —oráculo de Yahvé.
El ejemplo de Silo
12 [78] Pues id a mi morada que tenía en Silo, donde al principio establecí una morada para mi Nombre, y ved lo que hice allí a causa de la maldad de Israel, mi pueblo.
13 Ahora bien, por cuanto hicisteis todas estas obras, dice Yahvé, y en vista de que Yo os he hablado, amonestándoos a tiempo, y no quisisteis escuchar; y que os he llamado, y no quisisteis responder;
14 por tanto haré con esta Casa sobre la cual ha sido invocado mi Nombre, y que es el objeto de vuestra confianza, y con este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, lo mismo que hice con Silo.
15 [79] Pues os arrojaré de mi presencia, así como he arrojado a todos vuestros hermanos, a toda la raza de Efraím.
16 Y tú, no intercedas por este pueblo, no eleves por ellos súplica ni oración, ni me insistas, pues no te escucharé.
17 ¿Acaso no ves lo que ellos están haciendo en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?
18 [80] Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres preparan la masa, a fin de hacer tortas para la reina del cielo, y derramar libaciones a dioses extraños, para ofenderme.
19 ¿Pero es a Mí, dice Yahvé, a quien ofenden? ¿No se ofenden más bien a sí mismos, para vergüenza de sus propios rostros?
20 [81] Por eso, así dice Yahvé el Señor: He aquí que el furor de mi ira se va a derramar sobre este lugar, sobre los hombres y sobre las bestias, sobre los árboles del campo y los frutos de la tierra; arderá y no se apagará.
Sacrificios sin rectitud del corazón
21 [82] Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: *Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios para comer carne.
22 Cuando Yo saqué a vuestros padres de la tierra de Egipto, nada les dije ni mandé en materia de holocaustos y sacrificios;
23 [83] lo que les mandé fue esto: Escuchad mi voz, y Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; y seguid todos los caminos que os he ordenado, para que os vaya bien.
24 Pero ellos no hicieron caso, ni inclinaron (a Mí) su oído; en la dureza de su mal corazón siguieron su propio consejo, y fueron hacia atrás y no hacia adelante.
25 [84] Desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto, hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos los profetas, apresurándome cada día a enviarlos.
26 Pero no me escucharon ni prestaron oído, sino que endurecieron su cerviz, y se portaron peor que sus padres.
27 Por más que les digas todo esto no te escucharán; y si los llamas no te responderán,
28 entonces les dirás: Este es el pueblo que no escucha la voz de Yahvé, su Dios, y que no acepta instrucción; ya no existe la fidelidad, desterrada está de su boca.”
Contra la idolatría
29 [85] Córtate la cabellera y arrójala, y ponte a plañir sobre los collados; porque Yahvé ha repudiado y desechado esta generación, (objeto) de su ira.
30 [86] Pues los hijos de Judá obraron lo malo a mis ojos, dice Yahvé, colocaron sus abominaciones en la Casa, sobre la cual ha sido invocado mi nombre, a fin de contaminarla.
31 [87] Construyeron los lugares altos de Tófet, en el valle del hijo de Hinnom para quemar a sus hijos y sus hijas en el fuego, cosa que Yo no mandé, ni me pasó por el pensamiento.
32 Por eso, he aquí que vienen días, dice Yahvé, en que no se llamará más Tófet, ni valle del hijo de Hinnom, sino valle de la mortandad, y enterrarán en Tófet por no haber otro lugar.
33 Y los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.
34 Y haré cesar en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, la voz de regocijo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa, porque el país vendrá a ser un desierto.”
Jeremías 8
Desolación y obstinación
1 [88] “En aquel tiempo, dice Yahvé, sacarán de sus sepulcros los huesos de los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de los habitantes de Jerusalén;
2 y los expondrán al sol y a la luna, y a toda la milicia del cielo, a quienes ellos amaron y sirvieron, tras los cuales anduvieron, a los que consultaron, ante los cuales se postraron. No serán recogidos ni sepultados, servirán de estiércol para el campo.
3 Y todos los que quedaren de esta raza perversa, en todos los lugares a donde los habré arrojado, preferirán la muerte a la vida, dice Yahvé de los ejércitos.
4 Les dirás: Así dice Yahvé: Acaso el que cae, ¿no se levanta luego? y el que se va, ¿no vuelve?
5 [89] ¿Por qué, pues, se ha desviado este pueblo de Jerusalén, para apostatar para siempre? ¿Por qué se obstinan en el engaño y rehúsan convertirse?
6 Estoy atento y escucho: no hablan con sinceridad, no hay quien se arrepienta de su maldad, preguntándose: ¿Qué es lo que he hecho? Todos han vuelto a tomar su carrera, como caballo que se lanza a la batalla.
Falsos doctores
7 [90] Aun la cigüeña en el aire conoce su tiempo, la tórtola, la golondrina y la grulla saben cuándo han de venir: pero mi pueblo no conoce lo debido a Yahvé.
8 [91] ¿Cómo decís: Sabios somos; poseemos la Ley de Yahvé? más he aquí que la pluma mentirosa de los escribas la ha convertido en mentira.
9 Confundidos están los sabios, consternados y presos; pues han rechazado la palabra de Yahvé. ¿Qué sabiduría puede haber en ellos?
10 [92] Por lo cual daré sus mujeres a otros, y sus campos a (nuevos) poseedores, porque desde el menor hasta el mayor, todos se dejan llevar de la avaricia, desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude.
11 [93] Curan la llaga de mi pueblo a la ligera, diciendo: ¡Paz, paz!, cuando no hay paz.
12 Serán confundidos porque cometen abominaciones. Pero en nada se avergüenzan, ni aun saben lo que es vergüenza. Por tanto caerán con los que han de caer; serán derribados en el día de su castigo, dice Yahvé.
Anuncio del castigo
13 [94] Acabaré del todo con ellos, dice Yahvé: no quedará uva en la vid, ni en la higuera higos; incluso el follaje se marchitará; y les aplicaré todavía (más castigos) que pasarán sobre ellos.
14 [95] *¿Por qué nos quedamos sentados? Congregaos, y vamos a las ciudades fuertes para perecer allí; pues Yahvé, nuestro Dios, nos hace perecer, y nos da a beber agua de hiel, por haber pecado contra Yahvé.
15 ¿Esperar la paz? pero no viene ningún bien; ¿el tiempo de salud? y no hay más que terror.*
16 Ya se oye desde Dan el resoplido de sus caballos; al relincho estrepitoso de sus corceles tiembla toda la tierra. Ya llegan y devoran el país y cuanto contiene, la ciudad y sus habitantes.
17 [96] Pues he aquí que enviaré contra vosotros serpientes y basiliscos, contra los cuales no sirve el encantamiento; os morderán”, dice Yahvé.
Dolor del profeta
18 [97] ¡Oh si hubiera consuelo en mi dolor! mi corazón desmaya dentro de mí.
19 Oigo la voz de la hija de mi pueblo que grita desde una tierra remota: “¿Por ventura Yahvé no está más en Sión? ¿No está ya en ella su Rey?” “¿Por qué me provocaron con sus ídolos, con diosas extrañas?”
20 “¡Pasó la siega, y el verano se acabó, y nosotros no hemos sido salvados!”
21 Por la ruina de la hija de mi pueblo estoy arruinado, estoy de luto, el espanto se ha apoderado de mí.
22 [98] ¿No hay ya bálsamo en Galaad? ¿No existe médico allí? ¿Por qué, pues, no se venda (la llaga) de la hija de mi pueblo?
Jeremías 9
El profeta llora la ruina de su pueblo
1 ¡Quién diera que mi cabeza fuera (un manantial de) agua, y mis ojos fuente de lágrimas, para llorar día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
2 [99] ¡Ojalá tuviera yo en el desierto un albergue de caminantes, para retirarme de mi pueblo, y alejarme de ellos! Pues todos son adúlteros, una ralea de traidores.
3 “Entesan su lengua como un arco; se han hecho poderosos en la tierra para decir mentiras, mas no la verdad; corren de maldad en maldad, y a Mí no me conocen, dice Yahvé.
4 [100] Guárdese cada uno de su amigo, y ninguno se fíe de su hermano; porque todo hermano urde insidias, y todo amigo anda calumniando.
5 Unos a otros se engañan, y no dicen la verdad; tienen avezada su lengua a hablar mentiras; se fatigan obrando el mal.
6 [101] Tú vives rodeado de mala fe; por su mala fe no quieren conocerme, dice Yahvé.
7 Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos: “Voy a acrisolarlos, voy a probarlos. Pues ¿qué otra cosa puedo hacer con la hija de mi pueblo?
8 Flecha mortífera es su lengua, habla solamente para engañar; con su boca hablan de paz a su prójimo, mas en su interior le arman asechanzas.
9 Y Yo ¿no he de castigarlos por estas cosas?, dice Yahvé; ¿acaso no tomaré venganza de un pueblo tal?”
10 [102] Me pondré a llorar y gemir sobre los montes, haré lamentación por los pastos de la estepa, porque han sido abrasados y nadie transita por ellos; no se oye ya la voz del ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias, todos han huido, han desaparecido.
11 Convertiré a Jerusalén en montón de ruinas, en albergue de chacales; y a las ciudades de Judá en despoblado sin moradores.
12 ¿Quién es el hombre sabio que entienda esto, al cual hable la boca de Yahvé a fin de que declare por qué perece la tierra y está abrasada como el desierto, sin que nadie transite por ella?
13 Yahvé lo ha dicho: “Porque han dejado mi Ley, que Yo puse delante de ellos, y no han escuchado mi voz, ni procedieron según ella,
14 [103] sino que siguieron su corazón obstinado, y los Baales, que les enseñaron sus padres.”
15 [104] Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “He aquí que a este pueblo le daré para comida ajenjo, y para bebida, agua de hiel.
16 Y los esparciré por entre las naciones, que ellos no conocieron, ni ellos ni sus padres; y tras ellos enviaré la espada, hasta consumirlos.”
Lamentaciones del pueblo
17 [105] Así dice Yahvé de los ejércitos: Atended, y llamad a las plañideras, para que vengan; enviad por las más diestras (en el duelo);
18 que vengan de prisa y alcen sobre nosotros sus lamentos; derramen lágrimas nuestros ojos, y nuestros párpados manen agua.
19 Porque voz de llanto se oye desde Sión: “¡Cómo hemos sido desolados! Cubiertos de vergüenza dejamos el país porque han derribado nuestras casas.”
20 Oíd, pues, oh mujeres, la palabra de Yahvé, y perciba vuestro oído lo que dice su boca. Enseñad a vuestras hijas lamentaciones, y cada cual a su compañera endechas.
21 [106] Pues la muerte sube por nuestras ventanas, y penetra en nuestros palacios, exterminando a los niños en las calles, y a los jóvenes de en medio de las plazas.
22 Así dice Yahvé: “Los cadáveres de hombres yacerán como estiércol sobre el campo, y como el manojo que queda tras el segador, sin que nadie (los) recoja.”
La verdadera gloria consiste en conocer a Dios
23 [107] Así dice Yahvé: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el poderoso de su poder, no se gloríe el rico de sus riquezas.
24 [108] El que se gloría gloríese en esto: en tener inteligencia y conocerme a Mí, que Yo soy Yahvé, que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra; porque estas son las cosas en que me complazco, dice Yahvé.”
25 [109] He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que castigaré a los circuncisos como a los incircuncisos:
26 [110] a Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Ammón, a Moab, a todos los que se rapan las sienes y viven en el desierto; porque todos los gentiles son incircuncisos, pero toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.
Jeremías 10
Vanidad de la idolatría
1 Oíd, oh casa de Israel, la palabra que os dice Yahvé.
2 [111] Así dice Yahvé: “No imitéis las costumbres de los gentiles, ni temáis las señales del cielo, de las cuales tienen miedo los gentiles.
3 [112] Porque los ritos de los gentiles son vanidad: Se corta un árbol del bosque, lo labra la mano del artífice con el buril,
4 Io adorna con plata y oro, y lo sujeta con clavos a golpe de martillo, para que no se caiga.
5 Son como un espantajo en el melonar, no hablan: han de ser llevados, porque no pueden caminar. No los temáis, ya que no pueden hacer ni mal ni bien.
6 Nadie hay semejante a Ti, oh Yahvé; Tú eres grande, y grande es el poder de tu nombre.
7 ¿Quién no te temerá a Ti, oh Rey de las naciones? porque esto te corresponde; pues entre todos los sabios de los gentiles, y en todos sus reinos nadie hay como Tú.
8 Todos ellos son estúpidos y necios; vana su doctrina, nada más que leño.
9 [113] Se trae plata laminada de Tarsis, y oro de Ufaz, que se labra por el artífice y por las manos del platero; de jacinto y púrpura son sus vestidos, obra de diestros artífices todos ellos.
Omnipotencia de Yahvé
10 Yahvé es el Dios verdadero, Él es el Dios vivo y Rey de la eternidad. Ante su indignación se estremece la tierra, y los gentiles no pueden soportar su ira.
11 Así, pues, les diréis: “Esos dioses que no han hecho ni cielo ni tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo.”
12 El, con su poder, hizo la tierra, con su sabiduría estableció el orbe y con su inteligencia extendió los cielos.
13 A una orden suya braman las aguas del cielo; Él levanta las nubes desde los extremos de la tierra, hace los relámpagos para la lluvia, y saca de sus depósitos el viento.
14 Necio es todo hombre que no sabe (esto); todo platero se cubre de vergüenza haciendo un ídolo, porque mentira es su obra de fundición, y no hay aliento en ella.
15 [114] Son obras vanas, dignas de escarnio; al tiempo de la visita de (Dios) perecerán.
16 [115] No es como esta la porción de Jacob, porque Él ha hecho todas las cosas, e Israel es la tribu de su herencia; Yahvé de los ejércitos es su nombre.
El castigo de Dios es justo
17 Lleva fuera del país tu bagaje, tú que habitas en la ciudad fortificada.
18 Porque así dice Yahvé: “He aquí que esta vez lanzaré lejos a los moradores del país, y los atribularé, para que (me) encuentren.”
19 [116] ¡Ay de mí! ¡Qué quebranto el mío! Mi llaga es malísima. Y me dije: “Esto es, en verdad, un mal, y debo soportarlo.”
20 [117] Mi tienda ha sido devastada, y todas mis cuerdas están rotas; me han separado de mis hijos que ya no existen; no hay quien pueda levantar mi tienda, ni alzar mi pabellón.
21 Porque los pastores han obrado neciamente, y no han buscado a Yahvé; por esto no entendieron y toda su grey anda dispersa.
22 [118] He aquí que viene un ruido, un rumor, y grande alboroto de la parte del Norte, para convertir las ciudades de Judá en desierto, en morada de chacales.
23 [119] “Ya sé, Yahvé, que no es del hombre (determinar) su camino, ni es del hombre el andar y dirigir sus pasos.
24 [120] Pero corrígeme, oh Yahvé, con equidad, no en tu ira, para que no me aniquiles.
25 [121] Derrama tu ardiente ira sobre los gentiles que no te conocen, y sobre los pueblos que no invocan tu nombre; porque han devorado a Jacob, lo han devorado y acabado con él y han devastado su morada.
Jeremías 11
Violación de la alianza del Sinaí
1 De parte de Dios llegó a Jeremías la siguiente palabra:
2 [122] “Escuchad las palabras de este pacto, y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén diciéndoles:
3 Así habla Yahvé, el Dios de Israel: Maldito el hombre que desobedezca las palabras de esta alianza,
4 [123] que Yo ordené a vuestros padres, cuando los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciendo: Escuchad mi voz, y haced según todo lo que os mando; y seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios;
5 a fin de cumplir el juramento prestado a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel, como (se ve) en el día de hoy.” Y yo respondí y dije: “Así sea, oh Yahvé.”
6 Entonces me dijo Yahvé: “Grita todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Escuchad las palabras de esta alianza y observadlas.
7 Porque conjuré solemnemente a vuestros padres desde el día que los saqué de la tierra de Egipto, hasta hoy, y los amonesté sin cesar, diciendo: Escuchad mi voz.
8 [124] Pero ellos no escucharon, ni prestaron oído; sino que siguieron cada cual su obstinado y maligno corazón; por lo cual ejecuté contra ellos todas las palabras de esta alianza, que les había mandado cumplir y que ellos no cumplieron.”
9 [125] Luego Yahvé me dijo: “Hay una conjuración entre los hombres de Judá, y entre los habitantes de Jerusalén.
10 Han vuelto a las iniquidades de sus primeros padres, que rehusaron escuchar mis palabras; y se han ido tras otros dioses para servirlos. Así la casa de Israel y la casa de Judá han quebrantado mi alianza la que Yo contraje con sus padres.
11 Por tanto, así dice Yahvé: He aquí que haré venir sobre ellos un mal del cual no podrán librarse; y cuando clamen a Mí no los escucharé.
12 E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes suelen ofrecer incienso, y que no podrán salvarlos en el tiempo de su tribulación.
13 [126] Porque tan numerosos como tus ciudades son tus dioses, oh Judá; y tan numerosas como las calles de Jerusalén son los altares que habéis erigido a la ignominia, los altares en que quemáis incienso a Baal.
No ruegues por este pueblo
14 [127] Por eso no intercedas por este pueblo, ni eleves por ellos oraciones y súplicas, porque no escucharé cuando clamen a Mí en su calamidad.
15 [128] ¿Qué buscas aún, amada mía, en mi casa, tú que has cometido tantas maldades? ¿Acaso las carnes sagradas podrán librarte del mal, ya que cuando hiciste maldad, entonces te regocijaste?
16 [129] Yahvé te dio el nombre de Olivo verde y fruto de hermoso aspecto pero tras el estruendo de un gran fragor lo incendió, y quedaron abrasadas sus ramas.
17 Porque Yahvé de los ejércitos, que te plantó, ha decretado el mal contra ti, a causa de las maldades que la casa de Israel y la casa de Judá hicieron para irritarme quemando incienso a Baal.
Conjuración contra el profeta
18 [130] Yahvé me informó y así lo supe; Tú me mostraste entonces sus maquinaciones.
19 [131] Yo era como un manso cordero llevado al matadero, y no sabía que contra mí maquinaban (diciendo): “Destrocemos el árbol con su fruto, y cortémosle de la tierra de los vivientes, y no quede ya más memoria de su nombre.”
20 Pero Tú, oh Yahvé de los ejércitos, que juzgas con justicia, y escudriñas los riñones y el corazón, déjame ver como tomas de ellos venganza, porque a Ti te he entregado mi causa.
21 Por tanto, así dice Yahvé respecto de los hombres de Anatot, que buscan tu vida, diciendo: “No profetices en el nombre de Yahvé, si no quieres morir a nuestras manos.”
22 Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos: “He aquí que Yo los castigaré; los jóvenes morirán al filo de la espada, y sus hijos e hijas perecerán de hambre.
23 No quedará resto alguno de ellos; porque descargaré calamidades sobre los hombres de Anatot, cuando llegue el tiempo de su castigo.
Jeremías 12
¿Por qué prosperan los impíos?
1 [132] Justo eres Tú, oh Yahvé; por eso no puedo contender contigo; sin embargo déjame hablar de justicia. ¿Por qué es próspero el camino de los malvados y viven tranquilos todos los pérfidos?
2 [133] Tú los plantaste, y ellos se han arraigado, crecen y producen fruto; te tienen en su boca, pero lejos de Ti está su corazón.
3 Mas Tú, Yahvé, me conoces; me ves y sondeas lo que pienso de Ti. Arráncalos, como ovejas destinadas para el matadero, prepáralos para el día de la matanza.
4 ¿Hasta cuándo ha de llorar la tierra, han de secarse las plantas de todos los campos? A causa de la maldad de los que allí habitan perecen las bestias y las aves; por cuanto dijeron: “No verá Él nuestro fin.”
Respuesta divina
5 [134] “Si tú corriendo con gente de a pie te fatigas, ¿cómo competirás con (los de a) caballo? Y si (apenas) en una tierra de paz te sientes seguro, ¿qué harás en los matorrales del Jordán?
6 Porque tus mismos hermanos y la casa de tu padre, aun estos te han traicionado; ellos mismos te persiguen con fuertes gritos; no te fíes de ellos cuando te traten con buenas palabras.”
Devastación del país
7 [135] “He desamparado mi casa, he desechado mi heredad; he entregado el objeto de mi amor en manos de sus enemigos.
8 Mi heredad ha venido a ser para Mí como un león en el bosque, que ruge contra Mí; por eso la aborrezco.
9 [136] ¿No es mi heredad para Mí ave de rapiña de varios colores, contra la cual se juntan otras aves de rapiña? ¡Andad, pues, y congregad a todas las fieras del campo; traedlas para que la devoren!
10 [137] Muchos pastores han destruido mi viña; han pisoteado mi heredad; han convertido mi deliciosa posesión en un desierto desolado.
11 La asolaron por completo, triste está ella delante de Mí; desolado y devastado está todo el país, sin que haya quien reflexione en su corazón.”
12 Sobre todos los collados del desierto vienen los devastadores: porque la espada de Yahvé devora la tierra desde un confín al otro, y no habrá salvación para carne alguna.
13 Sembraron trigo y cosecharon espinas, se han fatigado sin sacar provecho. Avergonzaos de vuestras cosechas, a causa de la ardiente ira de Yahvé.
Destino de los enemigos
14 [138] Así dice Yahvé contra todos mis malos vecinos que atacan la heredad que Yo di en posesión a Israel, mi pueblo: “He aquí que los arrancaré de sus tierras, y sacaré a la casa de Judá de en medio de ellos.
15 [139] Mas después de haberlos arrancado, me apiadaré de nuevo de ellos, y los haré volver cada uno a su heredad, y cada cual a su tierra.
16 Y cuando aprendan el camino de mi pueblo, de modo que juren por mi nombre: Vive Yahvé, como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, entonces serán establecidos en medio de mi pueblo.
17 Pero si no quieren escuchar, arrancaré a tal nación, sí, la arrancaré y la destruiré” —oráculo de Yahvé.
Jeremías 13
Profecía del cautiverio
1 [140] Así me dijo Yahvé: “Ve y cómprate un cinturón de lino y ciñe con el tus lomos; mas no lo metas en agua.”
2 Compré el cinturón, según la orden de Yahvé, y me lo puse sobre los lomos.
3 Y me llegó la palabra de Yahvé por segunda vez, para decirme:
4 “Toma el cinturón que compraste, y que está sobre tus lomos, y levántate, anda al Éufrates y escóndelo allí en la hendidura de una roca.”
5 Fuí y lo escondí junto al Éufrates, como Yahvé me lo había ordenado.
6 Y sucedió que pasados muchos días, Yahvé me dijo: “Levántate, ve al Éufrates, y saca de allí el cinturón que te mandé esconder en aquel lugar.”
7 Fuí, pues, al Éufrates y cavé, y saqué el cinturón del lugar donde lo había escondido; mas he aquí que estaba podrido, y ya no era útil para nada.
8 Entonces me habló Yahvé, diciendo:
9 [141] “Así dice Yahvé: De esta manera destruiré la soberbia de Judá, y el gran orgullo de Jerusalén.
10 Este pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que siguiendo su obstinado corazón se va tras otros dioses, para servirles y adorarlos, vendrá a ser como este cinturón que para nada es útil.
11 Pues así como el cinturón se adhiere a los lomos del hombre, así había Yo unido estrechamente conmigo a toda la casa de Israel, y a toda la casa de Judá, dice Yahvé, a fin de que fuese el pueblo mío para mi renombre, alabanza y gloria; mas ellos no escucharon.
12 [142] Les dirás esta palabra: Así dice Yahvé, el Dios de Israel: “Todas las tinajas han de llenarse de vino.” Y te dirán: ¿Acaso no sabemos muy bien que todas las tinajas han de llenarse de vino?
13 Entonces les responderás: Así dice Yahvé: “He aquí que Yo llenaré de embriaguez a todos los habitantes de este país, a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas, y a todos los moradores de Jerusalén;
14 y los estrellaré a unos contra otros, padres e hijos juntamente, dice Yahvé. No tendré piedad, ni compasión, ni misericordia, y no dejaré de destruirlos.”
Exhortación al arrepentimiento
15 Oíd y prestad oídos. No os ensoberbezcáis, pues es Yahvé quien habla.
16 [143] Dad gloria a Yahvé, vuestro Dios, antes que Él envíe tinieblas, y tropiecen vuestros pies sobre los montes tenebrosos; cuando Él trueque en sombra de muerte la luz que esperáis, conviniéndola en densas tinieblas.
17 [144] Mas si no escucháis, mi alma llorará en secreto a causa de (vuestra) soberbia, llorará amargamente, y mis ojos se derretirán en lágrimas por la cautividad de la grey de Yahvé.
18 [145] “Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos (en el suelo), porque se os cae de vuestras cabezas la corona de vuestra gloria.
19 Las ciudades del Mediodía estarán cerradas, sin que haya quien las abra; todo Judá será llevado al cautiverio, todos sin excepción.
20 Levanta tus ojos, y ve quiénes son estos que vienen del norte. ¿Dónde está la grey que te fue dada, tu magnífico rebaño?
21 [146] ¿Qué dirás cuando Él ponga sobre ti, por cabeza, a tus amantes, que tú mismo has amaestrado contra ti? ¿No sufrirás entonces dolores, como una mujer que da a luz?
22 [147] Y si dices en tu corazón: ¿Por qué viene sobre mí esto? por la muchedumbre de tus maldades han sido descubiertas tus faldas y manchadas las plantas de tus pies.
23 [148] ¿Puede acaso el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así tampoco podéis obrar bien vosotros, los que estáis avezados a hacer el mal.
24 Los esparciré como la hojarasca, que arrebata el viento del desierto.
25 Esta es tu suerte, la porción que Yo te he reservado, dice Yahvé; por haberte olvidado de Mí, poniendo tu confianza en la mentira.
26 Pues también Yo te descubriré las faldas (alzándolas) sobre tu rostro, para que se vean tus vergüenzas.
27 [149] Tus adulterios, tus relinchos, la ignominia de tu fornicación, en los collados y por los campos, (todas) tus abominaciones las he visto. ¡Ay de ti, oh Jerusalén, que no quieres purificarte! ¿Hasta cuándo esperas todavía?”
Jeremías 14
Plegaria de Jeremías en la sequía
1 [150] He aquí lo que dijo Yahvé a Jeremías con motivo de la sequía:
2 Judá está de luto, sus puertas languidecen; entristecidas se inclinan hacia el suelo y Jerusalén alza el grito.
3 Sus nobles envían a sus criados por agua; van estos a los pozos, y no hallando agua se vuelven con sus cántaros vacíos, cubierta su cabeza a causa de la vergüenza y confusión.
4 También los labradores se cubren por vergüenza la cabeza a causa del suelo que está rajado por falta de lluvia sobre la tierra.
5 Pues hasta la cierva en el campo después de parir abandona (su cría), porque no hay pasto.
6 Los asnos salvajes se ponen encima de los riscos, aspirando el aire como chacales; desfallecen sus ojos, porque no hay cosa verde.
7 [151] “Aunque nuestras maldades testifican contra nosotros, trátanos, Yahvé, respetando tu Nombre; pues son muchas nuestras rebeldías; hemos pecado contra Ti.
8 [152] ¡Oh Tu, Esperanza de Israel, Salvador suyo en tiempo de angustia! ¿cómo es que estás cual extranjero en el país, cual pasajero que solo se detiene para pasar una noche?
9 ¿Por qué eres Tú como un hombre atónito, como un valiente incapaz de salvar? Y sin embargo, Tú, Yahvé, estás entre nosotros, los que llevamos tu Nombre. No nos desampares.”
Respuesta de Dios
10 Así dice Yahvé respecto de este pueblo: “Esto les gusta: andar de un lugar a otro, sin dar descanso a sus pies; pero Yahvé no se complace en ellos: ahora se va a acordar de sus iniquidades, y castigará sus pecados.”
11 [153] Y me dijo Yahvé: “No ruegues para bien de este pueblo.
12 Aun cuando ayunen no oiré sus clamores, y cuando ofrezcan holocaustos y ofrendas, no los aceptaré, sino que los extirparé con la espada, con el hambre y con la peste.”
Falsos profetas extravían al pueblo
13 [154] Entonces dije: “¡Ah, Señor, Yahvé! Mira cómo los profetas les dicen: No veréis espada, ni tendréis hambre, antes bien, Yo os daré una paz segura en este lugar.”
14 Y me respondió Yahvé: “Los profetas profetizan mentiras en mi Nombre; Yo no los he enviado, nada les he ordenado; no he hablado a ellos; visiones mentirosas, vanas adivinaciones e ilusiones de su propio corazón es lo que profetizan.
15 Por tanto, así dice Yahvé respecto de los profetas que profetizan en mi Nombre sin que Yo los haya enviado, y que dicen: No habrá en el país ni espada ni hambre: al filo de la espada y por hambre perecerán estos profetas;
16 las gentes ante las cuales ellos profetizan, serán arrojadas por las calles de Jerusalén, víctimas del hambre y de la espada, y no habrá quien los entierre, a ellos, sus mujeres, sus hijos y sus hijas; y derramaré sobre ellos su maldad.
17 Diles, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas, noche y día, sin cesar, porque la virgen, hija de mi pueblo ha sido quebrantada con extremo quebranto, herida de gravísima plaga.
18 [155] Si salgo al campo, veo a los que murieron por la espada, y si entro en la ciudad, a los extenuados por el hambre, pues tanto el profeta como el sacerdote andan errantes hacia un país desconocido.”
Confianza del profeta
19 [156] ¿Has rechazado del todo a Judá? ¿Aborrece tu alma a Sión? ¿Por qué nos has herido de muerte? Esperábamos la paz, y no hay bien; el tiempo de restablecernos y no hay más que espanto.
20 Reconocemos, oh Yahvé, nuestra maldad, la culpa de nuestros padres; ya que hemos pecado contra Ti.
21 [157] No nos rechaces, por amor de tu Nombre, no profanes el solio de tu gloria; acuérdate, no rompas tu alianza con nosotros.
22 [158] ¿Hay acaso entre los ídolos de los gentiles quien pueda dar lluvia? ¿O pueden acaso los cielos enviar aguas? ¿No eres Tú, el Señor, Dios nuestro? En Ti esperamos, porque Tú haces todas estas cosas.
Jeremías 15
Dios no acepta la intercesión del profeta
1 [159] Me dijo Yahvé: “Aun cuando Moisés y Samuel se me pusieran delante, mi alma no se inclinaría hacia este pueblo. ¡Arrójalos de mi vista, y que se vayan!
2 Si te preguntan: ¿A dónde hemos de ir? les responderás: Así dice Yahvé: El que a la muerte, a la muerte; el que a la espada, a la espada; el que al hambre, al hambre; y el que al cautiverio, al cautiverio.
3 Enviaré contra ellos cuatro azores, dice Yahvé: la espada para matar, los perros para arrastrar, las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorar y destrozar.
4 [160] Y los entregaré para que sean maltratados en todos los reinos de la tierra, por lo que Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá hizo en Jerusalén.
5 ¿Quién tendrá compasión de ti, oh Jerusalén? ¿quién se conmoverá por tu causa? ¿o quién se desviará del camino para preguntar cómo andas?
6 Tú me has abandonado, dice Yahvé; te has vuelto hacia atrás; por tanto extenderé mi mano contra ti, y te exterminaré; estoy cansado de perdonar.
7 Los aventaré con el bieldo hasta las puertas del país, los privaré de hijos, exterminaré a mi pueblo; porque no dejan sus caminos.
8 Sus viudas serán más numerosas que la arena del mar; enviaré en pleno día un desolador contra la madre de los jóvenes guerreros; haré caer sobre ellos de repente angustia y terror.
9 [161] Desfallece la que dio a luz siete (hijos), desmaya su alma, se le ha puesto el sol cuando era aún de día; está avergonzada y abochornada, y los restantes de sus (hijos), los entregaré a la espada en presencia de sus enemigos”, dice Yahvé.
El Señor consuela al profeta
10 [162] ¡Ay de mí, madre mía! ¿por qué me diste a luz, hombre de contradicción como soy, y objeto de discordia para todo el mundo? A nadie he prestado dinero, y nadie me prestó a mí, y con todo cada uno de ellos me maldice.
11 Así dijo Yahvé: En verdad, te libraré para bien tuyo, y te asistiré contra el enemigo en el tiempo del mal y de la angustia.
12 [163] ¿Acaso es posible que el hierro rompa el hierro del Aquilón y el bronce?
13 “Entregaré tus bienes y tesoros al saqueo, los entregaré gratis por todos tus pecados, (que cometiste) en todo tu territorio.
14 [164] Haré que pasen con tus enemigos a una tierra que no conoces; porque se ha encendido un fuego en mi rostro que arderá contra vosotros.”
15 Tú lo sabes, oh Yahvé; acuérdate de mí, y ampárame, véngame de mis perseguidores; y no me arrebates en tu longanimidad (para con ellos), sábete que por Ti soporto oprobio.
16 [165] Cuando yo hallé tus palabras, me alimenté con ellas; y tus palabras me eran el gozo y la alegría de mi corazón, porque llevo el nombre tuyo, oh Yahvé, Dios de los ejércitos.
17 No me he sentado para gozarme en el conciliábulo de los que se divierten; bajo tu mano me he sentado solitario, pues me habías llenado de indignación.
18 [166] ¿Por qué no tiene fin mi dolor; y no admite remedio mi herida desahuciada? ¿Serás para mí como un (torrente) falaz, como aguas que engañan?
19 [167] Por esto, así me dice Yahvé: “Si te conviertes, Yo te restauraré, para que puedas estar ante mi rostro, y si separas lo precioso de lo vil, serás como boca mía; ellos han de volver hacia ti, pero tú no debes volverte a ellos.
20 [168] Haré que seas para este pueblo un fuerte muro de bronce. Ellos pelearán contra ti, mas no te vencerán, porque Yo estoy contigo para salvarte y librarte, dice Yahvé.
21 Te libraré de las manos de los malvados, y te redimiré del poder de los opresores.”
Jeremías 16
El profeta, figura de su pueblo
1 Me llegó la palabra de Yahvé, que dijo:
2 [169] “No tomes mujer, ni tengas hijos ni hijas en este lugar.
3 Porque así dice Yahvé acerca de los hijos e hijas que nacen en este lugar, y acerca de sus madres que los dan a luz, y acerca de sus padres que los engendran en este país:
4 De muerte dolorosa morirán; no serán llorados ni sepultados; yacerán como estiércol sobre el haz del campo; perecerán por la espada y por el hambre; y sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.”
5 [170] Pues así dice Yahvé: “No entres en casa de luto, no vayas a llorar ni expresar tu duelo con ellos, pues Yo, dice Yahvé, he retirado de este pueblo mi paz, la piedad y la misericordia.
6 Grandes y pequeños morirán en este país, no serán sepultados ni se los lamentará; nadie se hará por ellos sajaduras ni calvez;
7 nadie partirá con ellos (el pan) en su duelo, para consolarlos por el muerto, ni se les dará de beber la copa de consolación por (la muerte de) su padre o de su madre.
8 Tampoco entres en casa donde haya festín para sentarte con ellos a comer y beber.
9 Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a hacer que en este lugar, a vuestros ojos, y en vuestros días, enmudezca la voz de gozo y la voz de alegría, el canto del esposo y el canto de la esposa.
Anuncio del cautiverio
10 Cuando anuncies a este pueblo todas estas cosas, y ellos te digan: ¿Por qué ha decretado Yahvé contra nosotros todo este mal tan grande? Pues, ¿cuál es nuestra iniquidad, y cual nuestro pecado que hemos cometido contra Yahvé, nuestro Dios?
11 [171] Entonces les dirás: Porque me abandonaron vuestros padres, dice Yahvé, y se fueron en pos de otros dioses; y les sirvieron y los adoraron abandonándome a Mí y quebrantando mi Ley.
12 Y vosotros habéis hecho cosas peores aún que vuestros padres; pues he aquí que andáis cada uno según la obstinación de su depravado corazón, sin escucharme a Mí.
13 [172] Por lo tanto os arrojaré de este país a otro desconocido de vosotros y de vuestros padres; allí serviréis a otros dioses, día y noche, y no tendré compasión de vosotros.
Anuncio de la liberación
14 Por eso, he aquí que vienen días, dice Yahvé, en que ya no se dirá: Vive Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto,
15 sino Vive Yahvé, que sacó a los hijos de Israel del país del Norte, y de todos los países, adonde los había arrojado, y los haré volver a la tierra que di a sus padres.
16 [173] He aquí que enviaré muchos pescadores, dice Yahvé, que los pescarán, y después enviaré muchos cazadores que los cazarán por todos los montes y por todos los collados y en las hendiduras de las rocas.
17 Porque mis ojos están observando todos sus caminos, delante de Mí no está escondido ninguno, y su iniquidad no está encubierta ante mis ojos.
18 [174] Primeramente les pagaré al doble su iniquidad y su pecado, por haber contaminado mi tierra con los cadáveres de sus ídolos, y llenado mi herencia con sus abominaciones.”
19 [175] Oh Yahvé, fuerza mía y fortaleza mía, y mi refugio en el día de la tribulación, a Ti vendrán las naciones desde los confines de la tierra, y dirán: “Ciertamente nuestros padres no tenían otra herencia que la mentira y vanidades que de nada sirven.”
20 [176] ¿Acaso el hombre puede fabricarse dioses, que en realidad no son dioses?
21 Por eso, he aquí que esta vez les doy a conocer, les mostraré mi mano y mi poder y conocerán que mi Nombre es Yahvé.
Jeremías 17
El pecado de Judá
1 [177] El pecado de Judá está escrito con punzón de hierro, y grabado a punta de diamante en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares;
2 [178] ya que sus hijos siempre piensan en sus altares y sus ascheras, junto a los árboles frondosos, sobre los altos collados.
3 [179] “Oh montaña mía plantada en el llano, entregaré al saqueo tus riquezas, todos tus tesoros, tus lugares excelsos, a causa del pecado en todo tu territorio.
4 Perderás por propia culpa tu herencia que Yo te di; y te haré servir a tus enemigos en un país desconocido pues habéis encendido el fuego de mi cólera, que arderá para siempre.”
5 [180] Así dice Yahvé: “Maldito quien pone su confianza en el hombre, y se apoya en un brazo de carne, mientras su corazón se aleja de Yahvé.
6 Será como desnudo arbusto en el desierto; cuando viene el bien no lo ve; pues vive en la sequedad del desierto, en una tierra salobre y no habitada.
7 Bienaventurado el varón que confía en Yahvé, cuya confianza es el mismo Yahvé.
8 Es como árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces hacia el río; no teme cuando llega el calor, permanece verde su hoja; no se inquieta en el año de la sequía, ni deja de dar fruto.
9 [181] La cosa más dolosa y perversa es el corazón, ¿quién podrá conocerlo?
10 [182] Yo, Yahvé, que escudriño el corazón y pruebo los riñones, para retribuir a cada cual según su proceder, según el fruto de sus obras.
11 Como la perdiz empolla huevos ajenos, así el que junta riquezas, mas no con justicia, a la mitad de sus días tendrá que dejarlas, y en sus postrimerías será un necio.”
Plegaria de Jeremías
12 [183] Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro Santuario.
13 [184] Oh Yahvé, Esperanza de Israel, todos los que te abandonan quedarán confundidos, los que se apartan de Ti, en la tierra serán escritos, por haber dejado a Yahvé, la fuente de aguas vivas.
14 ¡Sáname, Yahvé, y quedaré sano; sálvame, y seré salvo; porque Tú eres mi gloria!
15 [185] Mira que ellos me dicen: “¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla!”
16 [186] Yo no he rehusado ser pastor en pos de Ti, ni he deseado el día aciago, Tú lo sabes; lo que salió de mis labios fue recto ante Ti.
17 [187] No quieras causarme temor, Tú eres mi refugio en el día malo.
18 [188] Sean avergonzados mis perseguidores, mas no quede avergonzado yo; tiemblen ellos, y no sea yo quien tiembla. Venga sobre ellos el día de la calamidad, quebrántalos con doble quebranto.
Observación de sábado
19 Así me dijo Yahvé: “Ve y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por donde entran y salen los reyes de Judá, y a todas las puertas de Jerusalén;
20 y diles: Escuchad la palabra de Yahvé, reyes de Judá, y Judá entero, y todos los habitantes de Jerusalén, que entráis por estas puertas.
21 [189] Así dice Yahvé: Guardad vuestras almas; no llevéis cargas en día de sábado, ni las paséis por las puertas de Jerusalén.
22 No saquéis cargas de vuestras casas en día de sábado, ni hagáis labor alguna, antes bien, santificad el día de sábado, como Yo mandé a vuestros padres.
23 Mas ellos no escucharon ni prestaron oídos, sino que endurecieron su cerviz, para no oír ni recibir la instrucción.
24 Si de veras me obedecéis, dice Yahvé, y no introducís cargas por las puertas de esta ciudad en día de sábado, y santificáis el día de sábado no haciendo en él labor alguna,
25 [190] entrarán por las puertas de esta ciudad reyes y príncipes, que se sentarán sobre el trono de David, montados en carrozas y caballos, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y los habitantes de Jerusalén; y esta ciudad estará siempre poblada.
26 Y de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén, de la tierra de Benjamín y de la Sefelá, de la montaña y del Négueb vendrán gentes trayendo holocaustos y sacrificios, ofrendas e incienso, y ofrecerán sus alabanzas en la Casa de Yahvé.
27 Pero si no me obedecéis en santificar el día de sábado, si al contrario lleváis cargas, entrando por las puertas de Jerusalén en día de sábado, encenderé en sus puertas un fuego, que devorará los palacios de Jerusalén; y no se apagará.”
Jeremías 18
La vasija deshecha, símbolo de Israel
1 Palabra que de parte de Yahvé llegó a Jeremías en estos términos:
2 [191] “Levántate y desciende a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.”
3 Descendí a la casa del alfarero, y he aquí que este estaba trabajando sobre la rueda.
4 Mas la vasija que el alfarero hacía de barro se deshizo entre sus manos, por lo cual volvió a hacer otra vasija de la forma que le plugo.
5 Y me llegó la palabra de Yahvé que decía:
6 “¿Acaso no puedo hacer Yo con vosotros, oh casa de Israel, como hace este alfarero?, dice Yahvé. Mirad lo que es el barro en la mano del alfarero, eso mismo sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
7 A veces hablo Yo contra una nación o un reino, para arrancarlo, para derribarlo y para destruirlo;
8 [192] Si aquella nación contra la cual he hablado se convierte de su maldad, Yo también me arrepiento del mal que había pensado hacerle.
9 [193] Y a veces pienso en fundar y plantar una nación o un reino,
10 si (esta nación) obra mal ante mis ojos, y no escucha mi voz. Yo también me arrepiento del bien que dije que le haría.
11 Habla ahora, a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciendo: Así dice Yahvé: He aquí que Yo preparo males para vosotros, y estoy trazando un plan en daño vuestro. Convertíos cada cual de su mal camino, y enmendad vuestras costumbres y vuestras obras.”
12 [194] Pero ellos dicen: “Es inútil, seguiremos nuestras propias ideas, y obre cada uno según la dureza de su mal corazón.”
Dispersión del pueblo
13 Por esto, así dice Yahvé: “Preguntad a los pueblos: ¿Quién jamás oyó cosas cómo estas? Crímenes horribles ha cometido la virgen de Israel.
14 ¿Acaso puede faltar la nieve en las peñas de la tierra o en el Líbano? ¿o se secan las aguas que vienen de lejos, frescas y corrientes?
15 [195] Pues mi pueblo se ha olvidado de Mí; queman incienso a los ídolos que los hacen tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que yendo por (su propio) camino, por vía no allanada,
16 convierten su tierra en un desierto, objeto de eterno ludibrio. Todo aquel que pase junto a ella, quedará pasmado y meneará la cabeza.
17 Como viento solano los dispersaré delante del enemigo; les mostraré las espaldas, y no el rostro, en el día de su calamidad.”
Nueva conjuración contra Jeremías
18 [196] Ellos dijeron: “Venid, vamos a urdir asechanzas contra Jeremías; porque no falta todavía la Ley al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni el oráculo al profeta. Vamos, pues, y ataquémosle con la lengua, y no hagamos caso de ninguna de sus palabras.”
19 Préstame, oh Yahvé, tu atención, y escucha la voz de mis adversarios.
20 ¿Así se paga bien con mal? Pues ellos han cavado una fosa para mi vida. Acuérdate de cómo me he presentado ante Ti, para hablar en favor de ellos y sustraerlos a tu ira.
21 [197] Por eso, abandona a sus hijos al hambre, y entrégalos al poder de la espada; quédense sus mujeres viudas y sin hijos, mueran sus maridos de muerte violenta, y sean traspasados sus jóvenes en la batalla por la espada.
22 [198] Óiganse alaridos desde sus casas, cuando de repente hagas venir sobre ellos bandas armadas; porque cavaron una fosa para prenderme, y tendieron a mis pies lazos ocultos.
23 Péro Tú, Yahvé, conoces todos sus planes de destruirme; ¡no les perdones su iniquidad, ni borres de tu presencia su pecado! ¡Que tropiecen delante de Ti! Castígalos en el tiempo de tu ira.
Jeremías 19
El destino tremendo de Jerusalén
1 Así dijo Yahvé: “Anda y toma una vasija de barro, obra de alfarero, y unos ancianos del pueblo, con algunos ancianos de los sacerdotes;
2 [199] y sal al valle del hijo de Hinnom, que está a la entrada de la puerta de la Alfarería, y pregona allí las palabras que voy a decirte.
3 Dirás: Escuchad la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que descargaré sobre este lugar una desventura tal, que a cuantos la oyeren les retiñirán los oídos.
4 [200] Por cuanto me han dejado, y han enajenado este lugar, quemando en él incienso a dioses ajenos, desconocidos de ellos, de sus padres y de los reyes de Judá. Llenaron este lugar de sangre de inocentes;
5 [201] y erigieron (altares) excelsos a Baal, para quemar en el fuego a sus hijos como holocaustos a Baal; cosa que Yo no he mandado ni dicho, ni me pasó por el pensamiento.
6 Por tanto, he aquí que días vendrán, dice Yahvé, en que ya no se llamará este lugar Tófet, ni valle del hijo de Hinnom, sino valle de la Mortandad.
7 En este lugar frustraré los planes de Judá y de Jerusalén; los exterminaré con la espada de sus enemigos, y por mano de los que buscan su vida; y daré sus cadáveres como pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
8 Y haré de esta ciudad un objeto de asombro y silbido: Todos cuantos pasen junto a ella quedarán asombrados y silbarán, viendo todas sus calamidades.
9 [202] Les daré de comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerán la carne de sus amigos, en la angustia y en la estrechez a que los reducirán sus enemigos y los que atentan contra su vida.
10 Luego romperás la vasija a vista de los hombres que te acompañan;
11 [203] y les dirás: Esto dice Yahvé de los ejércitos: Así romperé Yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe una vasija de alfarero, la cual ya no puede componerse; y por falta de lugar enterrarán (a los muertos) en Tófet.
12 Así trataré a este lugar y sus habitantes, dice Yahvé, y haré que esta ciudad sea como Tófet.
13 [204] También las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá, serán inmundas como el lugar de Tófet; todas las casas sobre cuyos terrados quemaron incienso a toda la milicia del cielo, y derramaron libaciones a dioses ajenos.”
14 Jeremías volvió de Tófet, adonde Yahvé le había enviado a profetizar; y se paró en el atrio de la Casa de Yahvé, donde dijo a todo el pueblo:
15 [205] “Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que haré venir sobre esta ciudad y sobre todas las ciudades (que dependen) de ella, todas las calamidades que contra ella he anunciado; puesto que han endurecido su cerviz, para no escuchar mis palabras.”
Jeremías 20
Jeremías maltratado por Fasur
1 [206] Cuando el sacerdote Fasur, hijo de Imer, superintendente de la Casa de Yahvé, oyó a Jeremías que profetizaba estas cosas,
2 mandó azotar al profeta Jeremías, y le puso en el cepo que hay a la puerta superior de Benjamín, en la Casa de Yahvé.
3 Cuando al día siguiente Fasur sacó a Jeremías del cepo, le dijo Jeremías: “Yahvé no te llama más Fasur, sino Terror por doquier,
4 porque así dice Yahvé: He aquí que Yo haré que seas un terror para ti y para todos tus amigos, los cuales caerán por la espada de sus enemigos, viéndolo tus mismos ojos; y entregaré todo Judá en manos del rey de Babilonia, quien los transportará a Babilonia y los pasara a filo de espada.
5 Y todas las riquezas de esta ciudad, todos sus productos y todos sus objetos preciosos, y todos los tesoros de los reyes de Judá los entregaré en manos de sus enemigos, quienes los saquearán y se apoderarán de ellos para llevarlos a Babilonia.
6 [207] Y tú, Fasur, y todos los que habitan en tu casa, iréis a la cautividad; llegarás a Babilonia, donde morirás, y donde serás sepultado, tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste mentiras.”
Queja del profeta
7 [208] Tú me sedujiste, Yahvé, y yo me dejé seducir; Tú fuiste más fuerte que yo, y prevaleciste; por eso soy todo el día objeto de burla, todos se mofan de mí.
8 Porque siempre que hablo, tengo que gritar, y clamar: “¡Ruina y devastación!”, porque la palabra de Yahvé es para mí un oprobio, una afrenta todo el día.
9 Por eso me dije: “No me acordaré ya de Él ni hablaré más en su Nombre”, pero luego sentí en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos; y me esforcé por contenerlo, pero no pude.
10 Oí cómo muchos decían: “Atemoricémosle por todos lados, delatadle; sí, le delataremos.” Todos los que yo trataba como amigos, espían mis pasos. “Quizás se deje engañar y prevaleceremos contra él; y tomaremos de él venganza.”
11 Pero Yahvé está conmigo como un fuerte guerrero; por eso tropezarán los que me persiguen, y no prevalecerán; quedaran sumamente avergonzados al ver frustrados sus planes; será una afrenta eterna que nunca se borrará.
12 Oh Yahvé de los ejércitos, que pruebas al justo, que escudriñas los riñones y el corazón, vea yo la venganza qué tomarás de ellos, porque a Ti confío mi causa.
13 Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, porque Él libra la vida del pobre de la mano de los malvados.
14 [209] ¡Maldito el día en que nací! ¡No sea bendito el día en que me dio a luz mi madre!
15 ¡Maldito el hombre que dio a mi padre la noticia: “Te ha nacido un hijo varón”, colmándole así de alegría!
16 ¡Sea aquel hombre como las ciudades que destruye Yahvé sin compasión! ¡Oiga él gritos por la mañana, y el estruendo (de la guerra) al mediodía!
17 ¿Por qué no me hizo morir en el seno materno, de modo que mi madre fuese mi sepulcro, y su seno una eterna preñez?
18 ¿Por qué salí del seno para ver dolor y aflicción y consumir mis días en ignominia?
Jeremías 21
Respuesta del profeta al rey
1 [210] Palabra que llegó a Jeremías de parte de Yahvé, cuando el rey Sedecías le envió a decir por Fasur, hijo de Malaquías, y por Sofonías, hijo del sacerdote Maasías:
2 “Consulta, te ruego, a Yahvé acerca de nosotros: porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizás haga Yahvé con nosotros según todas sus grandes maravillas y aquel se retire de nosotros.”
3 Jeremías les respondió: Así diréis a Sedecías:
4 “Esto dice Yahvé, el Dios, de Israel: He aquí que volveré atrás las armas de guerra que tenéis en vuestras manos y con que peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os tienen cercados rodeando las murallas, y las amontonaré en medio de esta ciudad.
5 [211] Y Yo mismo lucharé contra vosotros con mano extendida y brazo fuerte, con ira, con furor y con grande indignación.
6 Heriré a los que viven en esta ciudad, hombres y bestias, y morirán de una gran peste.
7 Después de esto, dice Yahvé, entregaré a Sedecías, rey de Judá, a sus servidores y al pueblo, y a los que en esa ciudad escapen de la peste, de la espada y del hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos, y en manos de los que atentan contra su vida, y él los herirá a filo de espada, sin perdonarlos, sin piedad, sin misericordia.
8 [212] Y a este pueblo le dirás: Así dice Yahvé: He aquí que Yo os pongo delante el camino de la vida y el camino de la muerte.
9 [213] El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de peste; más el que salga y se entregue a los caldeos que os tienen cercados, vivirá, y tendrá su vida como botín.
10 Porque he vuelto mi rostro hacia esta ciudad para mal y no para bien, dice Yahvé: será entregada en poder del rey de Babilonia, el cual la entregará a las llamas.
11 Y en cuanto a la casa del rey de Judá, la palabra de Yahvé:
Mensaje a la casa de David
12 [214] Oh casa de David, así dice Yahvé: Apresuraos a hacer justicia, librad al oprimido del poder del opresor, no sea que estalle como fuego mi ira, y arda sin que haya quien la apague, a causa de la maldad de vuestras obras.
13 [215] He aquí que a ti me dirijo, oh habitadora del valle, peña (que se alza) en la llanura, dice Yahvé; a vosotros, que decís: ¿Quién descenderá contra nosotros? o ¿quién podrá penetrar en nuestras casas?
14 Os castigaré según el fruto de vuestras obras, dice Yahvé, pues prenderé fuego a su bosque, que devorará todos sus alrededores.”
Jeremías 22
Otro mensaje a la casa real
1 Así dice Yahvé: “Baja a la casa del rey de Judá, y di allí esta palabra:
2 [216] Dirás: Escucha la palabra de Yahvé, oh rey de Judá, que te sientas en el trono de David, tú, y tus servidores, y tu pueblo, los que entráis por estas puertas.
3 Así dice Yahvé: Haced lo recto y lo justo, y librad al oprimido de mano del opresor: no maltratéis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni les hagáis violencia; y no derraméis sangre inocente en este lugar.
4 [217] Si de veras cumpliereis esta palabra, entrarán por las puertas de esta Casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carrozas y caballos; ellos y sus servidores y su pueblo.
5 Pero si no escucháis estas palabras, entonces por Mí mismo juro, dice Yahvé, que esta Casa vendrá a ser desolada.
6 [218] Porque así dice Yahvé acerca de la casa del rey de Judá: Aunque eras para mí un Galaad y (como) la cima del Líbano; con todo haré de ti un desierto, una ciudad inhabitada.
7 [219] He consagrado contra ti destructores, cada uno con sus armas; cortarán tus cedros escogidos y los echarán al fuego.
8 [220] Y pasará mucha gente ante esta ciudad, y se dirán unos a otros: ¿Por qué ha tratado Yahvé así a esta gran ciudad?
9 Y se dará por respuesta: Porque abandonaron el pacto de Yahvé, su Dios, y adoraron a otros dioses y los sirvieron.”
10 [221] No lloréis al difunto, ni hagáis duelo por él; llorad al contrario por el que se ha ido (al cautiverio), porque no volverá más, ni verá la tierra de su nacimiento.
Contra Sellum y Joakim
11 [222] Porque así dice Yahvé en orden a Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, el que reinó en lugar de su padre Josías, y salió de este lugar: “No volverá más aquí;
12 en el lugar adonde le han llevado cautivo, allí morirá, y no verá ya más esta tierra.”
13 [223] Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salones sin equidad; que hace trabajar a su prójimo sin salario, y no le paga el jornal de su trabajo;
14 que dice: “Me edificaré una casa grande, con amplias salas”, y hace en ella grandes ventanas, la cubre de cedros y la pinta de bermellón.
15 ¿Acaso tú eres rey para rivalizar en obras de cedro? ¿Por ventura no comió y bebió tu padre y fue feliz haciendo lo recto y justo?
16 [224] Defendía la causa del pobre y del desvalido; y así le fue bien. ¿No es esto conocerme a Mí? dice Yahvé.
17 Pero tus ojos y tu corazón no buscan más que tu propio interés, el derramar sangre inocente y hacer opresión y violencia.
18 [225] Por tanto, así dice Yahvé respecto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá: “No le lamentarán (diciendo): ¡Ay, hermano mío! ¡Ay, hermana mía! No le llorarán (clamando): ¡Ay, señor mío! ¡Ay, su majestad!
19 [226] Será enterrado como un asno; le arrastrarán y le arrojarán fuera de las puertas de Jerusalén.”
Contra Jerusalén y el rey Jeconías
20 [227] Sube (oh Jerusalén) al Líbano y clama; en Basan alza tu voz; grita desde Abarim; pues han sido destruidos todos tus amantes.
21 Yo te hablé en tu prosperidad, y tú dijiste: “No quiero escuchar.” Este ha sido tu proceder desde tu mocedad; no has escuchado mi voz.
22 El viento llevará a todos tus pastores, y tus amantes irán al cautiverio. Entonces te llenarás de confusión, y de vergüenza a causa de todas tus maldades.
23 [228] Tú que habitas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan las angustias, los dolores, como a mujer que da a luz!
24 [229] “Por mi vida, dice Yahvé; aunque Jeconías, hijo de Joakim, rey de Judá, fuese el anillo de mi mano derecha, de allí te arrancaría,
25 te entregaré a los que buscan tu vida, en poder de los que temes; en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en poder de los caldeos.
26 Te arrojaré a ti y a tu madre que te dio a luz, a otro país, en que no nacisteis, y allí moriréis.
27 No volverán al país adonde su alma anhela volver.”
28 ¿Es, pues, este hombre Jeconías una vasija despreciada y quebrada, algún objeto que nadie quiere? ¿Por qué son arrojados él y su linaje, y llevados a un país que no conocían?
29 ¡Tierra, tierra, tierra, escucha la palabra de Yahvé!
30 [230] Así dice Yahvé: “Inscribid a este hombre como estéril, como varón que no ha prosperado durante toda su vida, Pues no logrará que un descendiente suyo se siente en el trono de David para reinar en Judá.”
Jeremías 23
Contra los malos pastores
1 “¡Ay de los pastores que destrozan y dispersan las ovejas de mi dehesa! —oráculo de Yahvé.
2 Por eso, así dice Yahvé, el Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis desparramado y no habéis cuidado de ella. He aquí que Yo os castigaré por la maldad de vuestras obras, dice Yahvé.
3 [231] Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países donde las he dispersado, y las haré volver a sus prados, y crecerán y se multiplicarán.
4 Les suscitaré pastores que las apacienten; no temerán más, ni tendrán que temblar; y no faltará ninguna de ellas, dice Yahvé.
Profecía mesiánica
5 He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que suscitaré a David un Vástago justo, que reinará como rey, y será sabio, y ejecutará el derecho y la justicia en la tierra.
6 En sus días Judá será salvo, e Israel habitará en paz, y el nombre con que será llamado, es este: “Yahvé, justicia nuestra.”
7 Por eso, he aquí que vendrán días, dice Yahvé, en que ya no se dirá: ¡Vive Yahvé, que sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!,
8 sino: “¡Vive Yahvé, que sacó y trajo a los hijos de la casa de Israel de la tierra del Norte y de todos los países adonde Yo los había arrojado.” Y habitarán en su propia tierra.
Contra los falsos profetas
9 [232] A los profetas: Se me parte el corazón en mi pecho, tiemblan todos mis huesos; ante Yahvé y su santa palabra estoy como un ebrio, como un hombre embriagado de vino.
10 Pues el país está atestado de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está de luto, y se han secado los pastos del desierto; su carrera se dirige hacia el mal, y su fuerza consiste en hacer lo que no es recto.
11 [233] “Porque tanto el profeta como el sacerdote han apostatado, hasta en mi Casa he encontrado su malicia, dice Yahvé.
12 Por eso su camino les será un resbaladero en medio de tinieblas; serán empujados, de modo que caigan en él; pues haré venir sobre ellos la calamidad en el año en que Yo les visite, dice Yahvé.
13 [234] En los profetas de Samaria he visto cosas insensatas, profetizaban por Baal, e hicieron errar a Israel, mi pueblo.
14 Pero en los profetas de Jerusalén he visto lo más horrible: cometen adulterio, practican la mentira, y dan su apoyo a los malhechores, para que nadie se convierta de su maldad. Todos ellos son para Mí como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra.”
15 [235] Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos contra los profetas: “He aquí que les daré para comida ajenjo, y para bebida agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén la impiedad se ha difundido sobre todo el país.
16 [236] Así dice Yahvé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os embaucan, os cuentan las visiones de su imaginación, que no son de la boca de Yahvé.
17 Repiten a los que me desprecian: Yahvé ha dicho: Tendréis paz; y a cuantos siguen su obstinado corazón les dicen: Ningún mal vendrá sobre vosotros.
18 ¿Quién (de ellos) asistió al consejo de Yahvé, vio y oyó su palabra? ¿Quién prestó oído para escuchar lo que Él dijo?
19 [237] Ved que de Yahvé viene un furioso torbellino, una tempestad impetuosa, que descargará sobre la cabeza de los impíos.
20 No cesará la ira de Yahvé, hasta que ejecute y cumpla los designios de su corazón. Al fin de los tiempos lo comprenderéis.
21 Yo no enviaba a esos profetas, ellos (de suyo) corrían; Yo no les hablaba, y sin embargo profetizaban.
22 [238] Si han asistido a mi consejo, que comuniquen mis palabras a mi pueblo, y lo conviertan de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
23 ¿Soy Yo Dios solo de cerca? dice Yahvé. ¿No soy también Dios de lejos?
24 ¿Acaso un hombre puede ocultarse en escondrijo alguno, sin que lo vea Yo? dice Yahvé. ¿No lleno Yo el cielo y la tierra? dice Yahvé.
25 [239] He oído lo que dicen los profetas, los que en mi nombre profetizan mentiras, diciendo: He tenido un sueño, he tenido un sueño.
26 ¿Hasta cuándo ha de durar esto en el corazón de esos profetas que profetizan mentiras, y presentan como vaticinios las imposturas de su corazón?
27 Por sus sueños que unos a otros se van contando, quieren que mi pueblo olvide mi nombre, como sus padres olvidaron mi nombre por amor de Baal.
28 [240] El profeta que tenga un sueño cuente el sueño; y el que reciba palabra mía, proclame mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Yahvé.
29 [241] ¿No es mi palabra como fuego, dice Yahvé, y como martillo que quebranta la roca?
30 Por eso, he aquí que estoy contra esos profetas, dice Yahvé, que se roban mutuamente mis palabras.
31 He aquí que estoy contra esos profetas, dice Yahvé, que se valen de sus lenguas para hablar en tono de oráculo.
32 He aquí que estoy contra esos profetas que sueñan mentiras, dice Yahvé, y contándolos extravían con sus mentiras y fanfarronadas a mi pueblo. Yo no los he enviado ni les he dado orden alguna. De ninguna manera aprovechan a este pueblo, dice Yahvé.
¿Cómo ha de hablar el profeta?
33 [242] Cuando te preguntare este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la carga de Yahvé? les responderás: La carga sois vosotros, y Yo os desecharé, dice Yahvé.
34 Y si el profeta, o el sacerdote, o el pueblo, dijere: Carga de Yahvé, Yo castigaré a tal hombre y a su casa.
35 Así habéis de decir cada uno a su compañero, y cada cual a su hermano: ¿Qué ha respondido Yahvé? ¿Qué dijo Yahvé?
36 Mas no digáis más Carga de Yahvé, pues la carga de cada cual será su propia palabra; ya que habéis pervertido las palabras del Dios vivo, Yahvé de los ejércitos, nuestro Dios.
37 Así has de preguntar al profeta: ¿Qué te ha respondido Yahvé?, ¿Qué es lo que dijo Yahvé?
38 Pero si decís: Carga de Yahvé, entonces, así dice Yahvé: Porque decís todavía esta palabra: Carga de Yahvé, después de haberos Yo prohibido decir: Carga de Yahvé,
39 por eso he aquí que os olvidaré del todo, y os desecharé, al par que la ciudad que di a vosotros y a vuestros padres;
40 y traeré sobre vosotros oprobio sempiterno, ignominia eterna, cuya memoria nunca se borrará.”
Jeremías 24
Parábola de los dos canastos de higos
1 [243] Me mostró Yahvé en una visión dos canastos de higos colocados delante del Templo de Yahvé, después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había transportado cautivos de Jerusalén a Babilonia, a Jeconías, hijo de Joakim, rey de Judá, a los príncipes de Judá, a los carpinteros y a los herreros.
2 Uno de los canastos tenía higos muy buenos, como los higos de primera cosecha; mas el otro canasto tenía higos muy malos, tan malos que de malos no se podían comer.
3 Y me dijo Yahvé: “¿Qué es lo que ves, Jeremías?” Respondí: “Higos; higos buenos, muy buenos; e higos malos, tan malos, que de malos no se pueden comer.”
4 Entonces me llegó la palabra de Yahvé, que decía:
5 Así dice Yahvé, el Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré Yo a los cautivos de Judá, a quienes para su bien he arrojado de este lugar al país de los caldeos.
6 Pondré sobre ellos mis ojos benignamente, los haré volver a este país y los edificaré; no los destruiré, sino que los plantaré y no los desarraigaré.
7 [244] Y les daré un corazón para que me conozcan (y sepan) que Yo soy Yahvé. Ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Dios; pues se convertirán a Mí de todo corazón.
8 [245] Mas así como los higos malos no pueden ser comidos, de puro malos, de la misma manera, dice Yahvé, trataré Yo a Sedecías, rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén, a los que quedan aún en este país, y a los que habitan en la tierra de Egipto.
9 [246] Haré de ellos un objeto de horror, una calamidad para todos los reinos de la tierra, vendrán a ser el oprobio, la fábula, el ludibrio, la maldición en todos los lugares a donde los habré de arrojar.
10 Y enviaré contra ellos la espada, el hambre y la peste hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres.
Jeremías 25
Los setenta años de cautiverio
1 [247] He aquí el oráculo que Jeremías recibió acerca de todo el pueblo de Judá, el año cuarto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, que corresponde al año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
2 Jeremías el profeta lo anunció a todo el pueblo de Judá, y a todos los habitantes de Jerusalén, diciendo:
3 “Desde el año trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, durante veintitrés años, me ha sido revelada la palabra de Yahvé y yo os la he predicado sin demora; mas no habéis escuchado.
4 [248] Yahvé se apresuró a mandaros todos sus siervos, los profetas, pero vosotros no escuchasteis, ni siquiera inclinasteis vuestros oídos para escuchar.
5 [249] Os decía: *Convertíos cada uno de su mal camino y de vuestras malas obras, y habitaréis en el país que Yahvé os dio a vosotros y a vuestros padres por todos los siglos,
6 con tal que no andéis tras otros dioses para servirlos y para adorarlos, ni provoquéis mi ira con las obras de vuestras manos, de manera que Yo os tenga que castigar.
7 Pero vosotros no me escuchasteis, dice Yahvé; antes provocasteis mi ira con las obras de vuestras manos, para daño vuestro.*
8 Por lo cual, así dice Yahvé de los ejércitos: *Por cuanto no habéis escuchado mis palabras,
9 [250] he aquí que enviaré a llamar a todos los pueblos del Norte, dice Yahvé, y a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y los haré venir contra este país y contra todos sus habitantes, y contra todos los pueblos circunvecinos, y los destruiré del todo, convirtiéndolos en objeto de horror, de irrisión y desolación perpetua.
10 Y haré que desaparezca de ellos la voz de gozo y la voz de alegría, el canto del esposo y el canto de la esposa, el ruido del molino y la luz del candelero.
11 [251] Todo este país será una desolación y un desierto, y esta población servirá al rey de Babilonia setenta años.
Castigo de los babilonios y otros enemigos
12 Pasados los setenta años tomaré cuenta al rey de Babilonia y a aquella nación, por su maldad, dice Yahvé, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desierto perpetuo.
13 Y cumpliré contra esa tierra todas mis palabras que he pronunciado contra ella, todo lo escrito en este libro, que Jeremías ha profetizado contra todas las naciones.
14 Porque también ellas serán reducidas a servidumbre por grandes naciones y poderosos reyes, y les daré el pago conforme a sus fechorías y según las obras de sus manos*.”
15 [252] Pues así me dice Yahvé, el Dios de Israel: *Toma de mi mano esta copa del vino de mi ira y dale de beber a todas las naciones a quienes yo te envío.
16 Beberán y tambaleando enloquecerán, a causa de la espada que Yo enviaré entre ellas*.
17 Tomé la copa de la mano de Yahvé, y la di a beber a todas las naciones a las cuales Yahvé me había enviado:
18 a Jerusalén y a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus príncipes, para convertirlos en espantosa desolación, objeto de irrisión y maldición, como hoy se ve;
19 al Faraón, rey de Egipto, a sus servidores, a sus príncipes y a todo su pueblo;
20 [253] a toda la mezcla de pueblos, a todos los reyes de la tierra de Us; a todos los reyes de los filisteos, a Ascalón, a Gaza, a Acarón, y al resto de Azoto;
21 a Edom, a Moab y a los hijos de Ammón,
22 a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes de las islas que están al otro lado del mar;
23 [254] a Dedán y a Tema, a Buz y a todos los que se cortan los bordes del cabello;
24 a todos los reyes de Arabia, y a todos los reyes de la mezcla de gente que habita en el desierto;
25 a todos los reyes de Zimrí, a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de los medos;
26 [255] a todos los reyes del norte, cercanos y lejanos, a cada uno según su turno; en fin a todos los reyes del mundo que hay sobre la faz de la tierra. Y después de ellos beberá el rey de Sesac.
27 Les dirás: “Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: ¡Bebed, emborrachaos y vomitad, y caed para no levantaros más ante la espada que Yo enviaré entre vosotros!
28 Y si se negaren a topar la copa de tu mano para bebería, les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos: La beberéis sin remedio.
29 [256] Pues he aquí si Yo comienzo el castigo por la ciudad sobre la cual ha sido invocado mi nombre, ¿acaso vosotros podréis pasar por inocentes? No pasaréis por inocentes, porque Yo llamo la espada contra todos los habitantes de la tierra, dice Yahvé de los ejércitos.
El juicio de las naciones
30 Tú profetizarás contra ellos todas estas palabras, y les dirás: “Ruge Yahvé, desde lo alto, y desde la morada de su santidad hace oír su voz; ruge fuertemente sobre su Morada; lanza gritos, como los que pisan el lagar, contra todos los moradores de la tierra.
31 Hasta los cabos del orbe llega el estruendo, porque Yahvé entra en juicio con las naciones, para juzgar a toda carne; para entregar a los inicuos a la espada, palabra de Yahvé.
32 Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que el mal pasará de una nación a otra, y un gran huracán se desencadenará desde los extremos de la tierra.
33 Y los que Yahvé matare en ese día (cubrirán) la tierra de un cabo al otro; no serán llorados, ni recogidos, ni sepultados; quedaran como estiércol sobre la faz del campo.
34 Aullad, pastores, y alzad él grito; revolcaos (en ceniza), mayorales del rebaño, porque os ha llegado el día de la matanza; os dispersaré, y caeréis como un vaso selecto.
35 No habrá refugio para los pastores, ni escape para los mayorales del rebaño.
36 Se oyen los gritos de los pastores, y los alaridos de los mayorales del rebaño; porque Yahvé ha devastado su dehesa.
37 Desoladas están sus apacibles praderas, a causa de la ira ardiente de Yahvé.
38 [257] Ha salido de su tabernáculo cual leoncillo; la tierra de ellos ha venido a ser un desierto, a causa de la espada destructora, y a causa del ardor de su ira.”
Jeremías 26
Conflicto con los sacerdotes
1 Al principio del reinado de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, habló Yahvé en estos términos:
2 [258] “Así dice Yahvé: Ponte en el atrio de la Casa de Yahvé, y anuncia a las gentes de todas las ciudades de Judá, que vienen a adorar en la Casa de Yahvé, todas las palabras que Yo te he mandado decirles. No quites ni una palabra.
3 [259] Quizás te escuchen y se conviertan cada cual de su mal camino, para que Yo me arrepienta del mal que por sus malas obras he pensado hacerles.
4 Les dirás: Así dice Yahvé: Si no me escucháis observando mi ley que he puesto delante de vosotros,
5 y obedeciendo las palabras de mis siervos los profetas, que Yo os envío y que Yo no dejo de enviar, sin que les deis crédito,
6 [260] haré que esta Casa sea como Silo, y esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra.”
7 Ahora bien, oyeron los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo cómo Jeremías decía estas palabras en la Casa de Yahvé;
8 [261] y sucedió que al acabar Jeremías de anunciar todo lo que Yahvé le había mandado decir a todo el pueblo, le prendieron los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, diciendo: “¡Morirás sin remedio!”
9 ¿Cómo profetizas en nombre de Yahvé, diciendo: Como Silo será esta Casa, y esta ciudad quedará destruida de modo que nadie la habite?” Y se reunió todo el pueblo contra Jeremías en la Casa de Yahvé.
Los príncipes salvan a Jeremías
10 Cuando lo supieron los príncipes de Judá, subieron de la casa del rey a la Casa de Yahvé, y se sentaron a la entrada de la puerta Nueva de (la Casa de) Yahvé.
11 Entonces los sacerdotes y los profetas hablaron a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: “Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos.”
12 [262] Jeremías respondió a todos los príncipes y a todo el pueblo: “Es Yahvé quien me ha enviado para profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las cosas que acabáis de oír.
13 Enmendad ahora vuestra conducta y vuestras obras, y escuchad la voz de Yahvé, vuestro Dios, y Yahvé se arrepentirá del mal que ha profetizado contra vosotros.
14 En cuanto a mí, he aquí que estoy en vuestras manos; haced conmigo lo que os parezca recto y justo.
15 Pero tened por cierto que, si me matáis, traeréis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad, y sobre sus habitantes; pues en verdad Yahvé me ha enviado a vosotros para intimar a vuestros oídos todas estas palabras.”
16 Entonces los príncipes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: “Este hombre no es reo de muerte; pues nos ha hablado en Nombre de Yahvé, Dios nuestro.”
17 Se levantaron también algunos ancianos del país y hablaron a toda la asamblea del pueblo, diciendo:
18 [263] Miqueas de Moréset, que profetizaba en tiempo de Ezequías, rey de Judá, habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: “Así dice Yahvé de los ejércitos: Sión será arada como un campo, y Jerusalén vendrá a ser un montón de escombros, y la colina del Templo un monte selvoso.”
19 ¿Fue acaso matado por Ezequías, rey de Judá, y por todo Judá? ¿No temió (el rey) a Yahvé, y suplicó a Yahvé?, y Yahvé se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos. ¡Y nosotros vamos a cometer un mal tan grande contra nosotros mismos!”
20 [264] Hubo también otro varón que profetizaba en nombre de Yahvé: Urías, hijo de Semaya, de Kiryatyearim; el cual profetizó contra esta ciudad y contra este país todo lo que ha dicho Jeremías.
21 Y cuando el rey Joakim y todos sus oficiales y todos los príncipes se enteraron de sus palabras, el rey quiso darle muerte; mas lo supo Urías, y por temor huyó, marchando a Egipto.
22 Entonces el rey Joakim envió hombres a Egipto: a Elnatán, hijo de Acbor, y con él algunos otros (que le acompañaron) a Egipto.
23 Estos sacaron a Urías de Egipto, y le condujeron al rey Joakim, el cual le mató a espada y arrojó su cuerpo a la fosa de la gente común.
24 [265] En realidad fue la mano de Ahicam hijo de Safán, la que sostuvo a Jeremías a fin de evitar que le entregasen en poder del pueblo para darle muerte.
Jeremías 27
El yugo simbólico
1 [266] Al principio del reinado de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías este oráculo de Yahvé:
2 Así me dijo Yahvé: “Hazte una coyunda y un yugo, y póntelos sobre el cuello.
3 [267] Luego los enviarás al rey de Edom, al rey de Moab, al rey de los hijos de Ammón, al rey de Tiro y al rey de Sidón, por mano de los mensajeros que han venido a Jerusalén a (tratar con) Sedecías rey de Judá;
4 y les ordenarás que digan a sus señores: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: De esta manera habéis de hablar a vuestros señores:
5 [268] Yo he hecho la tierra, a los hombres y las bestias que hay sobre la faz de la tierra con mi gran poder y mi brazo extendido; y la doy a quien me place.
6 Al presente he dado todas estas tierras en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo mío; y le he dado también las bestias del campo para su servicio.
7 [269] Todos los pueblos le han de servir, a él y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que también a su país le toque el turno y lo sometan grandes naciones y reyes poderosos.
8 Al pueblo y al reino que no le sirviere a él, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no sometiere su cerviz al yugo del rey de Babilonia, a tal pueblo visitaré Yo con la espada y con hambre y con peste, hasta destruirlo por mano de él. —Oráculo de Yahvé.
9 [270] Vosotros no escuchéis a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros magos, que os repiten: No seréis siervos del rey de Babilonia,
10 [271] porque lo que os profetizan es mentira; para que seáis arrojados de vuestra tierra y Yo os destierre y perezcáis.
11 Pero al pueblo que sometiere su cerviz al yugo del rey de Babilonia para servirle, lo dejaré en paz y en su tierra, dice Yahvé, y la cultivará y morará en ella.
Mensaje al rey y a los sacerdotes
12 [272] Hablé entonces a Sedecías, rey de Judá, conforme a todas estas palabras, diciendo: “Someted vuestra cerviz al yugo del rey de Babilonia, servidle a él y a su pueblo y viviréis.
13 ¿Para qué morir, tú y tu pueblo, a espada, y de hambre, y de peste, como Yahvé lo tiene dicho respecto del pueblo que no quiere servir al rey de Babilonia?
14 No escuchéis las palabras de los profetas que os repiten: No seréis siervos del rey de Babilonia, pues lo que os profetizan es mentira.
15 [273] Porque no los he enviado Yo, dice Yahvé, sino que profetizan falsamente en mi Nombre; para que Yo os destierre y perezcáis, tanto vosotros como los profetas que os profetizan.”
16 [274] Hablé también a los sacerdotes y a todo este pueblo, diciendo: “Así dice Yahvé: No escuchéis las palabras de los profetas que os vaticinan, diciendo: He aquí que los vasos de la Casa de Yahvé serán restituidos de Babilonia ahora muy pronto, porque lo que os profetizan es mentira.
17 No los escuchéis. Servid al rey de Babilonia, y viviréis. ¿Por qué ha de convertirse esta ciudad en desierto?
18 Si en verdad son profetas, y si en ellos está la palabra de Yahvé, que intercedan ahora con Yahvé de los ejércitos, a fin de que los vasos que quedan aún en la Casa de Yahvé y en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no vayan también a Babilonia.
19 [275] Así dice Yahvé de los ejércitos, acerca de las columnas, acerca del mar (de bronce), acerca de las basas y del resto de los vasos que aún quedan en esta ciudad,
20 y que no se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, al deportar de Jerusalén a Babilonia a Jeconías, hijo de Joakim, rey de Judá, con todos los nobles de Judá y de Jerusalén.
21 Pues así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel, respecto de los vasos que quedan aún en la Casa de Yahvé, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalén:
22 [276] “A Babilonia serán llevados, y allí estarán hasta el día que Yo los visitare, dice Yahvé, y los sacare y los devolviere a este lugar.”
Jeremías 28
Jeremías y Hananías
1 [277] Aquel mismo año, al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el quinto mes del año cuarto, Hananías, hijo de Azur, un profeta de Gabaón, me habló en la Casa de Yahvé, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo:
2 “Esto dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He roto el yugo del rey de Babilonia.
3 Dentro de dos años restituiré a este lugar todos los vasos de la Casa de Yahvé que de aquí se llevó Nabucodonosor, rey de Babilonia, para transportarlos a Babilonia.
4 También haré volver a este lugar a Jeconías, hijo de Joakim; rey de Judá, y a todos los cautivos de Judá deportados a Babilonia, dice Yahvé; porque Yo quebraré el yugo del rey de Babilonia.”
5 Respondió el profeta Jeremías a Hananías profeta, en presencia de los sacerdotes y todo el pueblo que estaba en la Casa de Yahvé;
6 [278] y le dijo el profeta Jeremías: “¡Así sea! ¡Hágalo así Yahvé! ¡Cumpla Yahvé tus palabras que has profetizado, de modo que Él haga volver de Babilonia a este lugar los vasos de la Casa de Yahvé y todos los cautivos!
7 Pero escucha solo esta palabra que voy a decir a tus oídos, y a oídos de todo el pueblo.
8 [279] Los profetas de tiempos antiguos, que fueron antes de mí y antes de ti, vaticinaron guerras, calamidades y peste contra muchos países y contra grandes reinos.
9 En cuanto al profeta que profetiza cosas buenas, verificado que se haya su profecía, será reconocido como profeta realmente enviado por Yahvé.”
10 [280] Entonces el profeta Hananías tomó el yugo del cuello del profeta Jeremías y lo rompió.
11 [281] Y habló Hananías delante de todo el pueblo, diciendo: “Esto dice Yahvé: De la misma manera romperé Yo, dentro de dos años, el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que está sobre el cuello de todos los pueblos.” Y el profeta Jeremías se fue por su camino.
Castigo de Hananías
12 Después que Hananías hubo roto el yugo que estaba, sobre el cuello del profeta Jeremías, llegó a este la palabra de Yahvé que decía:
13 “Anda y dile esto a Hananías: Así dice Yahvé: Has quebrado un yugo de madera, pero en su lugar has hecho un yugo de hierro.
14 [282] Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Yo he puesto un yugo de hierro sobre el cuello de todos estos pueblos para que estén sujetos a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán. Hasta los animales del campo le he dado.”
15 Y dijo el profeta Jeremías a Hananías profeta: “Escucha, Hananías, Yahvé no te ha enviado, y tú has hecho que este pueblo confíe en la mentira.
16 Por lo cual, así dice Yahvé: He aquí que te voy a quitar de sobre la tierra; este mismo año morirás, por cuanto has predicado la rebelión contra Yahvé.”
17 En efecto, murió el profeta Hananías aquel mismo año, en el séptimo mes.
Jeremías 29
Carta de Jeremías a los cautivos
1 [283] He aquí el texto de la carta que el profeta Jeremías envió desde Jerusalén al resto de los ancianos que estaban entre los cautivos, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor había deportado de Jerusalén a Babilonia;
2 después que habían salido de Jerusalén Jeconías el rey, la reina, los eunucos, los príncipes de Judá y de Jerusalén, y los carpinteros y herreros.
3 (La envió) por mano de Elasá, hijo de Safán, y de Gamarías, hijo de Helcías, a quienes Sedecías, rey de Judá, había despachado a Babilonia, a Nabucodonosor rey de Babilonia. Decía (la carta):
4 “Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel, a todos los cautivos que he deportado de Jerusalén a Babilonia:
5 Edificad casas y habitadlas; plantad huertos, y comed sus frutos.
6 Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas; y tomad mujeres para vuestros hijos, y dad vuestras hijas a maridos, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos allá y no mengüéis en número.
7 [284] Procurad el bien de la ciudad adonde os he llevado cautivos, y rogad por ella a Yahvé; pues el bien de ella es vuestro bien.
8 Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: No os dejéis engañar por vuestros profetas que están en medio de vosotros, ni por vuestros adivinos; y no deis crédito a los sueños que soñáis.
9 Porque falsamente os profetizan en mi nombre. Yo no los he enviado, dice Yahvé.
Volverán al cabo de setenta años
10 Así dice Yahvé: Concluidos los setenta años para Babilonia, os visitaré, y cumpliré en vosotros mi buena promesa de restituiros a este lugar.
11 [285] Porque Yo conozco los designios que tengo respecto de vosotros, dice Yahvé; pensamientos de paz, y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza.
12 Me invocaréis, y volveréis; me suplicaréis, y os escucharé.
13 Me buscaréis y me hallaréis, si me buscareis de todo vuestro corazón.
14 Y cuando me hayáis hallado, dice Yahvé, trocaré vuestro cautiverio, y os congregaré de entre todos los pueblos, y de todos los lugares adonde os he desterrado; y os haré volver al lugar de donde os he llevado cautivos.
15 [286] Porque habéis dicho: Yahvé nos ha suscitado profetas en Babilonia;
16 [287] (Sabed) que así dice Yahvé respecto del rey que se sienta sobre el trono de David, y respecto de todo el pueblo que habita en esta ciudad, respecto de vuestros hermanos que no fueron llevados con vosotros a la cautividad.
17 Así dice Yahvé: He aquí que voy a enviar contra ellos la espada y el hambre y la peste; y los haré semejantes a higos detestables que de puro malos no pueden comerse;
18 y los perseguiré con la espada y con el hambre y con la peste, y haré de ellos un objeto de horror para todos los reinos de la tierra; un objeto de maldición, de espanto, de ludibrio y de oprobio entre todas las naciones adonde los he arrojado;
19 por cuanto, dice Yahvé, no escucharon mis palabras que Yo les hice llegar por medio de mis siervos los profetas. Los envié con toda solicitud, mas vosotros no quisisteis oír, dice Yahvé.
20 Vosotros todos los del cautiverio, a quienes he deportado de Jerusalén a Babilonia, oíd la palabra de Yahvé.
Contra los falsos profetas Acab y Sedecías.
21 Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel, acerca de Acab, hijo de Colias, y de Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan mentira en mi Nombre; He aquí que los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cual los ajusticiará a vuestros ojos.
22 Y todos los cautivos de Judá que están en Babilonia, los tomarán como ejemplo de maldición y dirán: Yahvé te haga como a Sedecías y como a Acab, a quienes el rey de Babilonia asó al fuego,
23 [288] por haber hecho ellos maldades en Israel, y cometido adulterio con las mujeres de sus prójimos, y hablado en mi nombre palabras mentirosas que Yo no les había ordenado decir. Yo lo sé y soy testigo, dice Yahvé.
Contra Semeías
24 [289] A Semeías nehelamita le dirás:
25 Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Por cuanto enviaste cartas en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, diciendo:
26 *Yahvé te ha constituido sacerdote en lugar del sacerdote Joiadá, a fin de que haya autoridades en la Casa de Yahvé para cada fanático que quiera pasar por profeta, y para que le pongas en el cepo y en grillos.
27 ¿Cómo es, pues, que no has castigado a Jeremías de Anatot, que hace de profeta entre vosotros?
28 [290] Pues, debido a ello, nos escribió a Babilonia, diciendo: Pasará mucho tiempo; edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed sus frutos*.”
29 Cuando el sacerdote Sofonías leyó esta carta al profeta Jeremías,
30 llegó a este la palabra de Yahvé, que decía:
31 “Envía a decir a todos los cautivos: Así dice Yahvé acerca de Semeías nehelamita: Por cuanto os ha profetizado Semeías sin tener ninguna misión mía, y os ha hecho confiar en mentiras,
32 [291] por eso, así dice Yahvé: He aquí que castigaré a Semeías nehelamita y a su linaje. Ninguno de los suyos habitará en medio de este pueblo, ni vera el bien que voy a hacer a mi pueblo, dice Yahvé, porque ha predicado la rebelión contra Yahvé.”
Jeremías 30
Restauración de Israel
1 [292] Fue dirigida a Jeremías la palabra de Yahvé, que decía:
2 “Así habla Yahvé, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho.
3 [293] Porque he aquí que vendrán días, dice Yahvé, en que trocaré el cautiverio de mi pueblo, Israel y Judá, dice Yahvé, y los haré regresar al país que di a sus padres y lo poseerán.”
4 Y estas son las palabras que Yahvé dirige a Israel y a Judá:
5 “Así dice Yahvé: Hemos oído voces de terror, de espanto, y no de paz.
6 [294] Preguntad y ved si dan a luz los varones. ¿Cómo es que veo a todos los varones con las manos sobre sus lomos, como parturientas? ¿Y por qué se han vuelto pálidos todos los rostros?
7 [295] ¡Ay! porque grande es aquel día, no hay otro que le sea igual. Es el tiempo de angustia para Jacob; mas será librado de ella.
8 En aquel día, dice Yahvé de los ejércitos, quebraré el yugo del (enemigo) sobre tu cerviz, y romperé tus coyundas. No lo sojuzgarán más los extranjeros,
9 [296] pues servirá a Yahvé su Dios, y a David su rey, que Yo les suscitaré.
10 Y tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Yahvé, ni te amedrentes, oh Israel, que Yo te sacaré de una tierra lejana, y a tus hijos del país de su cautiverio. Jacob volverá, y vivirá quieto y tranquilo, sin que nadie lo espante.
11 Porque Yo estoy contigo, dice Yahvé, para librarte; acabaré con todas las naciones donde te he dispersado. A ti, empero no te exterminaré, aunque te castigaré con equidad y no te dejaré del todo impune.
Promesa de la salud
12 [297] Porque así dice Yahvé: Tu llaga es incurable, y sin remedio tu herida.
13 [298] No hay quien tome tu causa para (vendar) tu herida; no hay medicamentos para curarte.
14 Todos tus amantes te han olvidado, no preguntan ya por ti, porque yo te he herido como hiere un enemigo, con pena cruel, en castigo de tus muchas iniquidades, pues son graves tus pecados.
15 ¿Por qué gritas a causa de tu quebranto? Es incurable tu mal; por la muchedumbre de tus iniquidades, y por la gravedad de tus pecados, te he hecho esto.
16 Mas cuantos te devoran serán devorados, y todos tus opresores serán llevados cautivos; los que te despojan serán despojados, y todos los que te saquean serán saqueados.
17 Pues yo cicatrizaré tu llaga y curaré tus heridas, dice Yahvé; porque te han llamado la Desechada; esta es aquella Sión, por la cual nadie ya pregunta.
18 [299] Así dice Yahvé: He aquí que restableceré los tabernáculos de Jacob, y tendré compasión de sus moradas; la ciudad será reedificada sobre su monte, y el palacio se levantará en su lugar antiguo.
19 De allí saldrán alabanzas y voces de júbilo, los multiplicaré para que no sean pocos, y los honraré para que no sean despreciados.
20 Serán sus hijos como al principio, su congregación tendrá estabilidad ante Mí; y castigaré a todos sus opresores.
21 [300] De ella procederá su príncipe, y de en medio de ella saldrá su dominador; Yo le haré venir, y él se acercará a Mí; pues ¿quién es el que osaría acercarse a Mí?, dice Yahvé.
22 [301] Y vosotros seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios.
23 He aquí que se desata el torbellino de Yahvé, torbellino furioso que se precipita y descarga sobre la cabeza de los impíos.
24 [302] No cesará el ardor de la ira de Yahvé hasta realizar y cumplir los designios de su corazón. Al fin de los tiempos entenderéis esto.
Jeremías 31
El nuevo pueblo de Dios
1 [303] En aquel tiempo, dice Yahvé, seré Yo el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
2 [304] Así dice Yahvé: Halló gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada; Israel llegó a su descanso.
3 [305] Desde lejos se me apareció Yahvé (diciendo): “Con amor eterno te he amado, por eso no dejé de compadecerte.
4 De nuevo te edificaré, y quedarás edificada, virgen de Israel; todavía te adornarás con tus tamboriles y saldrás a alegres danzas.
5 [306] Todavía plantarás viñas sobre los montes de Samaria; plantarán los plantadores y se gozarán.
6 [307] Porque tiempo vendrá en que los atalayas clamarán sobre los montes de Efraím: ¡Levantaos y subamos a Sión, a Yahvé, nuestro Dios!
7 [308] Porque así dice Yahvé: Cantad con alegría loores a Jacob, exaltad porque es el primero de los pueblos, pregonad, cantad y exclamad: ¡Yahvé, salva a tu pueblo, el resto de Israel!
Plenitud de bienes
8 He aquí que Yo los traeré de la tierra del Norte, y los recogeré de los extremos de la tierra; entre ellos también al ciego y al cojo, a la mujer que está encinta, como a aquella que da a luz. Grande será la muchedumbre de los que volverán aquí.
9 [309] Vendrán llorando, pero Yo los conduciré con misericordia; los guiaré a corrientes de agua, por un camino recto donde no tropezarán, porque Yo soy Padre para Israel, y Efraím es mi primogénito.”
10 Escuchad la palabra de Yahvé, naciones, anunciadla a las islas remotas, y decid: “El que dispersó a Israel, lo recoge, y lo guarda como el pastor a su rebaño.”
11 Porque Yahvé ha rescatado a Jacob, lo ha librado del poder de uno que era más fuerte que él.
12 [310] Vendrán y exaltarán sobre las alturas de Sión, y concurrirán a los bienes de Yahvé, al trigo, al vino, al aceite, a las crías de ovejas y de vacas; y será su alma como jardín regado, y no padecerán ya necesidades.
13 Entonces las doncellas, danzando en coro, se regocijarán, y los jóvenes a una con los ancianos; pues Yo trocaré su duelo en alegría, los consolaré, y los llenaré de gozo en cambio de su dolor.
14 [311] Saciaré de grosura el alma de los sacerdotes, y mi pueblo se hartará de mis bienes”, dice Yahvé.
Esperanza para el pueblo penitente
15 [312] Así dice Yahvé: “Se oye una voz en Ramá, gemidos y llanto amargo. Es Raquel que llora a sus hijos, rehúsa consolarse de la suerte de sus hijos que ya no existen”.
16 Así dice Yahvé: Cese tu voz de llorar, y tus ojos de derramar lágrimas, pues será recompensada tu pena —oráculo de Yahvé—, volverán del país del enemigo.
17 Hay esperanza para tus días postreros —oráculo de Yahvé—, pues tus hijos volverán a su tierra.
18 [313] He oído con atención a Efraím que así se lamentaba: “Tú me has castigado, y yo cual indómito novillo he sido corregido. ¡Conviérteme y yo me convertiré! pues Tú eres Yahvé, mi Dios.
19 Porque después de mi defección, me he arrepentido, y después de volver en mí, me azoté el muslo; estoy avergonzado y confuso, pues llevo el oprobio de mi juventud.”
20 [314] ¿No es Efraím para Mí un hijo querido, un niño predilecto? pues cuanto más hablo contra él, con tanto mayor cariño lo recuerdo; por eso se conmueven por él mis entrañas, no puedo dejar de apiadarme de él, dice Yahvé.
Vuelta del pueblo
21 [315] Plántate hitos, asienta jalones, pon tu atención en el camino, el camino por donde fuiste. ¡Vuelve, virgen de Israel, regresa a estas tus ciudades!
22 [316] ¿Hasta cuándo andas errando, hija infiel? pues Yahvé ha hecho una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón.
23 [317] Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “Otra vez al tornar Yo su cautiverio, dirán en el país de Judá y en sus ciudades: ¡Te bendiga Yahvé, oh Morada de la justicia, oh Monte santo!
24 Y habitarán allí Judá y todas sus ciudades juntamente, los labradores y los pastores de rebaños.
25 [318] Porque saciaré al alma que desfallece y hartaré a toda alma decaída.”
26 Con esto me desperté, y vi que me fue dulce mi sueño.
27 “He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá con simiente de hombres y con simiente de bestias.
28 [319] Y de la misma manera que velaba sobre ellos para arrancar y derribar, para destruir y arruinar y hacer daño, así velaré sobre ellos para edificar y plantar, dice Yahvé.
29 [320] En aquellos días no se dirá más: Los padres comieron agraces, y los hijos sufren la dentera.
30 Cada uno morirá por su propia maldad; y solo aquel que coma agraces sufrirá la dentera.
La nueva alianza con Israel
31 [321] He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que haré una nueva alianza con la casa de Israel, y con la casa de Judá;
32 no como la alianza que hice con sus padres cuando los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Ellos quebrantaron esa alianza, y Yo les hice sentir mi mano, dice Yahvé.
33 [322] Esta será la alianza que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Yahvé: Pondré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones; y Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
34 [323] Y no tendrán ya que enseñar cada cual a su compañero y cada cual a su hermano, diciendo: ¡Conoced a Yahvé! porque todos ellos me conocerán, desde el menor hasta el mayor, dice Yahvé; porque perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de sus pecados.”
35 [324] Así dice Yahvé, el que ha establecido el sol para alumbrar el día, y leyes a la luna y a las estrellas para que alumbren de noche; el que alborota el mar, de modo que bramen sus olas, Yahvé de los ejércitos es su Nombre.
36 “Si cesan estas leyes ante Mí, dice Yahvé, entonces también el linaje de Israel para siempre cesará de ser nación delante de Mí.
37 Así dice Yahvé: Si pueden medirse los cielos arriba, y escudriñarse los cimientos de la tierra abajo, también Yo desecharé a toda la raza de Israel, por todo lo que han hecho, dice Yahvé.
38 [325] He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que la ciudad será edificada para Yahvé desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Ángulo;
39 y la cuerda de medir seguirá en línea recta hasta la colina de Gareb, dando vuelta después hacia Goa.
40 Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el torrente Cedrón, y hasta la esquina de la puerta de los Caballos, al oriente, serán consagrados a Yahvé; no serán arrancados ni destruidos jamás.
Jeremías 32
La compra del campo en Anatot
1 [326] Palabra de Yahvé que fue dirigida a Jeremías el año décimo de Sedecías, rey de Judá, que corresponde al año decimoctavo de Nabucodonosor.
2 A la sazón el ejército del rey de Babilonia tenía cercada a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio de la cárcel que había en el palacio del rey de Judá.
3 Le había encerrado Sedecías, rey de Judá, diciendo: “¿Cómo es que tú profetizas esto?: *Así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que se apoderará de ella;
4 y Sedecías, rey de Judá, no escapará de las manos de los caldeos, sino que caerá sin remedio en poder del rey de Babilonia; y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán los ojos de él;
5 y llevará a Sedecías a Babilonia; y allí se quedará hasta que Yo le visite, dice Yahvé; pues aunque hagáis guerra contra los caldeos, no tendréis éxito*.”
6 Y dijo Jeremías: “Me llegó la palabra de Yahvé, que decía:
7 [327] He aquí que Hananeel, hijo de tu tío Sellum, vendrá a decirte: Cómprate mi campo que está en Anatot; porque a ti te corresponde adquirirlo por ser el pariente más cercano.
8 En efecto, conforme a la palabra de Yahvé, Hananeel, hijo de mi tío, vino a verme en el patio de la cárcel, y me dijo; Cómprame el campo que está en Anatot, en la tierra de Benjamín; porque te corresponde por derecho de herencia y es tuyo pues eres el pariente más cercano; cómpratelo. Entonces conocí que era palabra de Yahvé.
9 Compré a Hananeel, hijo de mi tío el campo situado en Anatot, y le pesé el dinero: diez y siete siclos de plata.
10 Hice escritura y puse sello, tomé testigos y pesé el dinero en la balanza.
11 [328] Después tomé la escritura de compra, la sellada según ley y costumbre, y la (otra) que no llevaba sello,
12 y di la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, en presencia de Hananeel, (hijo de) mi tío, y en presencia de los testigos que habían firmado el contrato de compra, y en presencia de los judíos que estaban sentados en el patio de la cárcel.
13 Y en presencia de ellos di a Baruc esta orden:
14 Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Toma estas escrituras: la escritura de compra que lleva sello, y la otra escritura que no lleva sello, y colócalas en un tubo de barro, para que se conserven muchos días.
15 Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Todavía se comprarán casas y campos y viñas en esta tierra.
Oración de Jeremías
16 Después de entregar el contrato de compra a Baruc, hijo de Nerías, dirigí a Yahvé esta oración:
17 [329] “¡Ay, Señor Yahvé! Tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; no hay cosa que sea imposible para Ti.
18 [330] Tú usas de misericordia en mil (generaciones) y castigas la iniquidad de los padres en el seno de sus hijos después de ellos. Tú eres el Dios grande, el Fuerte, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos,
19 el Grande en consejo, y el Poderoso en obras, cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de Adán, para retribuir a cada uno según su conducta y según merecen sus obras.
20 Tú hiciste prodigios y milagros en la tierra de Egipto (y los haces) hasta el día de hoy, tanto en Israel como entre (otros) hombres; y te has creado un nombre, como se ve al presente.
21 Sacaste a Israel, tu pueblo, de la tierra de Egipto, con prodigios y milagros, con mano poderosa y brazo extendido, y en medio de un espanto inmenso.
22 Y les diste esta tierra que con juramento prometiste a sus padres, tierra que mana leche y miel.
23 Pero ellos, cuando entraron y la tomaron en posesión, no escucharon tu voz ni obraron según tu Ley; y nada hicieron de cuanto les mandaste que hiciesen, por lo cual descargaste sobre ellos todo este mal.
24 He aquí que los baluartes (enemigos) llegan ya hasta la ciudad para tomarla, y la ciudad está a punto de ser entregada en manos de los caldeos que la combaten con la espada, el hambre y la peste; y lo que has anunciado se ha realizado ya, como Tú mismo lo ves.
25 Y con todo me dices, oh Señor Yahvé: Cómprate el campo por dinero y toma testigos, en tanto que la ciudad está por caer en manos de los caldeos.”
Respuesta de Dios
26 [331] Entonces Jeremías recibió esta respuesta de Yahvé:
27 “Mira, Yo soy Yahvé, el Dios de toda carne: ¿hay acaso algo imposible para Mí?
28 Por esto, así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar esta ciudad en poder de los caldeos, y en poder de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cual la tomará.
29 Los caldeos que combaten esta ciudad, entrarán en ella; pegarán fuego a esta ciudad y la quemarán, junto con las casas en cuyos terrados se quemaba incienso a Baal, y se derramaban libaciones a otros dioses para provocar mi ira.
30 Pues los hijos de Israel y los hijos de Judá obran solamente lo malo ante mis ojos, desde su mocedad; de veras, los hijos de Israel no hacen más que irritarme con las obras de sus manos, dice Yahvé.
31 Porque desde el día de su fundación hasta hoy, esta ciudad ha sido para Mí objeto de ira y de indignación; por eso la hago desaparecer de delante de mi vista,
32 a causa de todas las maldades que los hijos de Israel y los hijos de Judá cometieron para irritarme, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén.
33 Me han vuelto la espalda y no la cara; y aunque Yo los instruía sin cesar, no querían recibir la instrucción.
34 [332] Colocaron sus ídolos en la Casa sobre la cual ha sido invocado mi Nombre, para contaminarla;
35 y edificaron los lugares altos de Baal que están en el valle del hijo de Hinnom, para pasar (por el fuego) a sus hijos e hijas en honor de Moloc; cosa que Yo no les mandé, ni me pasó por el pensamiento que hiciesen tal abominación para inducir a Judá a pecado.”
Restauración del pueblo
36 [333] Sin embargo, así dice Yahvé, el Dios de Israel, respecto de esta ciudad, de la cual vosotros decís que está por caer en manos del rey de Babilonia, a fuerza de la espada, del hambre y de la peste:
37 “He aquí que Yo los congregaré de todos los países adonde los he arrojado en mi ira y en mi furor, y en grande indignación; y los restituiré a este lugar, para que habiten allí en seguridad.
38 Y serán mi pueblo, y Yo seré su Dios.
39 Y les daré un mismo corazón y un solo camino, a fin de que me teman siempre, y les vaya bien a ellos y a sus hijos después de ellos.
40 Y haré con ellos una alianza eterna, según la cual no me apartaré más de ellos, ni dejaré de hacerles bien, sino que infundiré mi temor en su corazón, para que no se aparten de Mí.
41 Y mi gozo consistirá en hacerles bien, y los plantaré firmemente en este país con todo mi corazón y toda mi alma.
42 Porque así dice Yahvé: De la manera que he traído sobre este pueblo todo este gran mal, así traeré sobre ellos todo el bien que les he anunciado.
43 Y se comprarán campos en esta tierra de la cual vosotros decís que es un desierto sin hombres y bestias, entregado en manos de los caldeos.
44 [334] Se comprarán campos por dinero, se escribirán contratos, se imprimirá en ellos el sello, y no faltarán testigos, en el territorio de Benjamín y en los alrededores de Jerusalén, en las ciudades de Judá y en las ciudades de la Montaña, en las ciudades de la Sefelá, y en las ciudades del Négueb; porque Yo trocaré su cautiverio” —oráculo de Yahvé.
Jeremías 33
Nueva prosperidad del país
1 [335] Estaba Jeremías todavía preso en el patio de la cárcel, cuando le llegó por segunda vez la palabra de Yahvé, y le dijo:
2 “Así dice Yahvé, el que hace (todo) esto, Yahvé, el que lo dispone y le da el cumplimiento. Yahvé es su Nombre.
3 [336] Clama a Mí, y te responderé, y te mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
4 Porque así dice Yahvé, el Dios de Israel, acerca de las casas de esta ciudad, y acerca de las casas de los reyes de Judá derribadas (para hacer fortificaciones) contra los terraplenes y contra la espada,
5 y acerca de los que van a luchar contra los caldeos, para llenar aquellas (casas) de cadáveres de hombres, que Yo herí en mi ira y en mi indignación, porque he apartado mi rostro de esta ciudad a causa de todas sus maldades:
6 He aquí que Yo les cicatrizaré la llaga, les daré salud y los sanaré y les manifestaré la abundancia de paz y seguridad.
7 Y haré que vuelvan los cautivos de Judá, y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio.
8 [337] Y los limpiaré de todas sus maldades que han cometido contra Mí; y les perdonaré todas las iniquidades, con que me han ofendido y hecho rebelión contra Mí;
9 [338] y (Jerusalén) será para Mí un nombre de gozo, la alabanza y gloria (mía) entre todas las naciones de la tierra; pues sabrán todo el bien que Yo les haré, y quedarán llenos de temor y asombro a la vista de todo el bien y de toda la prosperidad que Yo les concederé.
10 Así dice Yahvé: Todavía se oirá en este lugar, del cual decís: Es un desierto sin hombres y sin bestias, sí, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, desoladas, sin hombres, sin habitantes, sin bestias,
11 [339] (se oirá) la voz de júbilo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa, la voz de gentes que dicen: Alabad a Yahvé de los ejércitos; porque Yahvé es bueno, porque es eterna su misericordia, (la voz) de los que traen ofrendas a la Casa de Yahvé; porque Yo restituiré a los desterrados de este país, a su primer estado, dice Yahvé.
12 Así dice Yahvé de los ejércitos: En este lugar desolado, sin hombres y sin bestias y en todas sus ciudades, habrá todavía apriscos donde los pastores harán sestear los rebaños.
13 [340] En las ciudades de la Montaña, como en las ciudades de la Sefelá, en las ciudades del Négueb, como en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén, como en las ciudades de Judá, pasarán aún las ovejas bajo la mano del que los cuenta, dice Yahvé.
Renovación de las promesas mesiánicas
14 He aquí que vienen días, dice Yahvé, en que cumpliré aquella buena palabra que di a la casa de Israel y a la casa de Judá.
15 [341] En aquellos días y en ese tiempo suscitaré a David un Vástago justo que hará derecho y justicia en la tierra.
16 En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará en paz, y será llamada: Yahvé, justicia nuestra.
17 Porque así dice Yahvé: Nunca faltará a David un descendiente que se siente sobre el trono de la casa de Israel;
18 [342] y a los sacerdotes levitas tampoco les faltará un varón que delante de Mí ofrezca los holocaustos, y queme las ofrendas y presente sacrificios todos los días.”
Estabilidad de las promesas
19 Y llegó la palabra de Yahvé a Jeremías en estos términos:
20 [343] “Así dice Yahvé: Si podéis romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que no haya día y noche a su tiempo,
21 entonces será roto también mi pacto con David, mi siervo, de modo que no le nazca hijo que reine sobre su trono; y (mi pacto) con los levitas sacerdotes, ministros míos.
22 Así como no puede contarse la milicia celestial, ni medirse la arena del mar; así multiplicaré a los descendientes de David, mi siervo, y a los levitas, mis ministros.”
23 Y llegó a Jeremías esta palabra de Yahvé:
24 [344] “¿No ves lo que dice este pueblo: Yahvé ha desechado a las dos familias que había escogido? Y así desprecian a mi pueblo, que a sus ojos ya no es pueblo.
25 Esto dice Yahvé: Si no he establecido Yo mi pacto con el día y con la noche, si no he fijado las leyes del cielo y de la tierra,
26 [345] entonces sí, desecharé el linaje de Jacob y de David, mi siervo; y no tomaré de su descendencia reyes para la raza de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver a sus cautivos y tendré de ellos misericordia.”
Jeremías 34
Castigo de Sedecías y del pueblo infiel
1 Palabra de Yahvé que fue dirigida a Jeremías, cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército, y todos los reinos de la tierra sometidos a su dominio, y todos los pueblos, hacían guerra contra Jerusalén y contra todas sus ciudades.
2 “Así dice Yahvé, el Dios de Israel: Ve y habla a Sedecías, rey de Judá, y dile: Esto declara Yahvé: He aquí que voy a entregar esta ciudad en poder del rey de Babilonia, el cual le pegará fuego.
3 Y tú no escaparás de sus manos, sino que infaliblemente serás tomado preso y entregado en su mano; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y él te hablará boca a boca. A Babilonia irás.
4 Pero escucha la palabra de Yahvé, oh Sedecías, rey de Judá. Así dice Yahvé respecto de ti: No morirás a espada;
5 [346] morirás en paz; y como se quemaron perfumes en honor de tus padres, los reyes anteriores que te precedieron, así los quemarán para ti, y te harán lamentaciones, diciendo: ¡Ay, señor! Porque Yo he decretado esto”, dice Yahvé.
6 El profeta Jeremías dijo todas estas palabras a Sedecías, rey de Judá, en Jerusalén.
7 Entretanto el ejército del rey de Babilonia atacaba a Jerusalén y todas las ciudades de Judá que habían quedado: a Laquís y a Asecá; porque de las ciudades fortificadas de Judá habían quedado solamente estas.
Falta de justicia y misericordia
8 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después que el rey Sedecías hizo un pacto con todo el pueblo que había en Jerusalén, proclamando entre ellos libertad,
9 [347] de tal manera que cada uno dejara ir libre a su esclavo hebreo y a su esclava hebrea, sin que nadie retuviera como esclavo a un judío, hermano suyo.
10 En efecto, todos los príncipes y todo el pueblo, que habían aceptado el pacto de dejar ir libre cada uno a su esclavo y a su esclava, consintieron en no retenerlos más como esclavos. Obedecieron, pues, y los dejaron ir.
11 [348] Pero después se arrepintieron y reclamaron de nuevo a los esclavos y a las esclavas que habían emancipado y los redujeron (otra vez) a servidumbre como esclavos y esclavas.
12 Entonces llegó a Jeremías esta palabra de Yahvé:
13 “Así dice Yahvé; el Dios de Israel: Yo hice un pacto con vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre, y dije:
14 Al cabo de siete años, cada uno de vosotros dará libertad a su hermano hebreo que le haya sido vendido; seis años te servirá, y luego le dejarás ir libre de tu casa. Mas vuestros padres no me obedecieron ni prestaron su oído.
15 Vosotros hoy os habéis convertido y habéis hecho lo recto a mis ojos, proclamando cada uno la libertad de su prójimo, y habéis hecho un pacto delante de Mí en la Casa sobre la cual ha sido invocado mi Nombre.
16 Pero os habéis vuelto atrás y habéis profanado mi nombre, reclamando cada cual a su esclavo y a su esclava que habíais dejado libres según su voluntad, y los habéis forzado a ser (otra vez) esclavos y esclavas.
17 [349] Por eso, así dice Yahvé: Porque vosotros no me habéis escuchado y no habéis proclamado cada uno la libertad de su hermano y cada uno la libertad de su prójimo, he aquí que Yo anuncio a vosotros la libertad, dice Yahvé, (de elegir) entre la espada, la peste y el hambre, y haré de vosotros un objeto de horror entre todos los reinos de la tierra.
18 [350] Y a los hombres que han violado mi pacto y no han cumplido las palabras del pacto que hicieron ante Mí, los haré semejantes al becerro que cortaron en dos partes para pasar por medio de ellas;
19 (a saber) a los príncipes de Judá y a los príncipes de Jerusalén, a los eunucos, y a los sacerdotes, y a todo el pueblo del país, que pasaron por entre los trozos del becerro.
20 Los entregaré en poder de sus enemigos, y en poder de los que atentan contra su vida; y sus cadáveres servirán de pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
21 [351] También a Sedecías, rey de Judá, y a sus príncipes los entregaré en poder de sus enemigos, en poder de los que quieren quitarles la vida, en poder del ejército del rey de Babilonia, que se ha retirado de vosotros.
22 He aquí que doy orden, dice Yahvé, y los volveré a traer contra esta ciudad; la combatirán, la tomarán y la entregarán a las llamas; y de las ciudades de Judá haré un desierto sin habitantes.
Jeremías 35
El ejemplo de los recabitas
1 Palabra de Yahvé que Jeremías recibió en tiempo de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá:
2 [352] “Anda a la casa de los recabitas y habla con ellos, y llévalos a la Casa de Yahvé, a una de las cámaras, y dales a beber vino.”
3 Tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos y todos sus hijos, y toda la familia de los recabitas;
4 y los introduje en la Casa de Yahvé, en la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, la que estaba junto a la cámara de los príncipes, encima de la cámara de Maasías, hijo de Sellum, guardián de la puerta;
5 y puse ante los hijos de la estirpe de los recabitas jarros y copas llenos de vino, y les dije: “Bebed vino.”
6 [353] Pero ellos contestaron: “No bebemos vino; pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: *Nunca jamás beberéis vino, ni vosotros ni vuestros hijos.
7 Tampoco edificaréis casas ni haréis siembras, ni plantaréis viñas, ni poseeréis (cosa alguna), sino que habitaréis en tiendas durante toda vuestra vida, para que viváis largo tiempo sobre la tierra en la cual sois peregrinos.*
8 Hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo cuanto nos ha mandado, de modo que no bebemos vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas;
9 y no edificamos casas de habitación; ni tampoco tenemos viñas, ni campos, ni sementeras,
10 sino que vivimos en tiendas, obedeciendo a Jonadab, nuestro padre, y cumpliendo todo cuanto él nos ha mandado.
11 Mas cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió el país, nos dijimos: Vámonos y retirémonos a Jerusalén ante el ejército de los caldeos y ante el ejército de los sirios; y así venimos a habitar en Jerusalén.”
La infidelidad de Israel
12 Entonces fue dirigida a Jeremías esta palabra de Dios:
13 “Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Anda y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿Por qué no tomáis ejemplo para obedecer mis palabras?, dice Yahvé.
14 [354] Se cumplen las órdenes de Jonadab, hijo de Recab, que mandó a sus hijos no beber vino, de modo que ellos no lo beben hasta el día de hoy, pues obedecen el precepto de su padre; y Yo os he hablado con tanta solicitud, y no me habéis escuchado.
15 Con la misma solicitud y sin cesar os he enviado a todos mis siervos los profetas, para deciros: Convertíos cada cual de su mal camino, y enmendad vuestra conducta, y no vayáis tras otros dioses dándoles culto, para que habitéis la tierra que di a vosotros y a vuestros padres, pero no hicisteis caso ni me escuchasteis.
16 Por cuanto los hijos de Jonadab, hijo de Recab, han observado el precepto que su padre les había dado, y este pueblo, empero, no me ha obedecido a Mí,
17 por eso, así dice Yahvé, el Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que haré venir sobre Judá y sobre los habitantes de Jerusalén todas las calamidades que les he anunciado; pues les he hablado, y no han escuchado; los he llamado, y no han respondido.”
18 Y dijo Jeremías a la casa de los recabitas: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “Porque habéis obedecido el precepto de Jonadab, vuestro padre, y habéis observado todas sus órdenes, haciendo todo cuanto él os mandó,
19 por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Nunca faltarán a Jonadab, hijo de Recab, varones que me sirvan todos los días.”
Jeremías 36
Baruc escribe las profecías de Jeremías
1 [355] El año cuarto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de Yahvé:
2 “Toma el rollo de un libro, y escribe en él todas las palabras que Yo te he dicho contra Israel, contra Judá y contra todos los pueblos, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta el día de hoy.
3 [356] Cuando oigan los de la casa de Judá todas las desgracias que pienso hacerles, se convertirán tal vez cada uno de su mal camino y Yo les perdonaré su culpa y su pecado.”
4 Llamó Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y dictándole Jeremías escribió Baruc en el rollo del libro todas las palabras que Yahvé le había dicho.
5 Después dio Jeremías a Baruc esta orden: “Yo estoy encerrado y no puedo ir a la Casa de Yahvé.
6 [357] Ve, pues, tú y lee al pueblo, en el Templo del Señor, en un día de ayuno, las palabras de Yahvé que a mi dictado has consignado en el rollo. Léelas también a todo Judá, a los que vienen de sus ciudades,
7 por si tal vez sus súplicas lleguen a la presencia de Yahvé y se conviertan cada cual de su mal camino; porque grande es la ira y la indignación que Yahvé ha manifestado contra este pueblo.”
8 Hizo Baruc, hijo de Nerías, todo lo que había mandado el profeta Jeremías, y leyó en el Templo del Señor el libro de las palabras de Yahvé.
9 Pues el año quinto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, fue proclamado un ayuno ante Yahvé para todo el pueblo de Jerusalén, y para todo el pueblo que de las ciudades de Judá vendría a Jerusalén.
10 Entonces leyó Baruc a todo el pueblo el libro de las palabras de Jeremías, en la Casa de Yahvé, en la cámara de Gamarías, hijo de Safán, secretario, en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva de la Casa de Yahvé.
El rey quema el libro del profeta
11 Cuando Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safán, oyó todas las palabras de Yahvé que estaban en el libro,
12 bajó al palacio del rey, al despacho del secretario, y he aquí que estaban sentados allí todos los príncipes: Elisamá, el secretario. Dalaías, hijo de Semeías. Elnatán, hijo de Acbor. Gamarías, hijo de Safán, y Sedecías, hijo de Hananías, y todos los dignatarios.
13 Les refirió Miqueas todas las palabras que había oído al leer Baruc el libro al pueblo.
14 Entonces todos los príncipes enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, a decir a Baruc: “Toma en tu mano el rollo que has leído ante el pueblo, y ven.” Tomó, pues, Baruc, hijo de Nerías, el rollo en su mano, y fue adonde ellos estaban.
15 Le dijeron: “Siéntate, y léenos (este libro)”, y Baruc lo leyó a oídos de ellos.
16 Cuando oyeron todas estas palabras quedaron atónitos unos y otros, y dijeron a Baruc: “De todas estas cosas tenemos que dar parte al rey.”
17 Y preguntaron a Baruc: “Explícanos cómo recogiste de su boca todas estas palabras.”
18 [358] Baruc les respondió: “Con su boca me dictaba él todas estas palabras, y yo las escribía con tinta en el libro.”
19 [359] Después los príncipes dijeron a Baruc: “Ve y escóndete, tú y Jeremías, y nadie sepa donde estáis.”
20 Luego se fueron al rey (que estaba) en el atrio, dejando el rollo en el aposento de Elisamá, secretario, y comunicaron al rey todo lo ocurrido.
21 Entonces el rey envió a Jehudí para que trajese el rollo, y este lo sacó del aposento de Elisamá, secretario; y Jehudí lo leyó ante el rey y ante todos los príncipes que estaban parados delante del rey.
22 Hallábase el rey —era el mes noveno— en la casa de invierno; y delante de él había un brasero encendido.
23 [360] Y siempre cuando Jehudí acababa de leer tres o cuatro columnas, el (rey) las cortaba con el cortaplumas del escriba y las arrojaba al fuego del brasero, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego del brasero.
24 Pues ni el rey, ni ninguno de sus servidores que oyeron todas aquellas palabras, tuvieron temor ni rasgaron sus vestidos.
25 Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías pidieron al rey; que no quemase el rollo, mas no los escuchó.
26 [361] Y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Hamelec, a Saraías, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que prendiesen a Baruc, el escriba, y al profeta Jeremías, pero Yahvé los ocultó.
Oráculo contra el rey Joakim
27 Después que el rey quemó el rollo, con las palabras que Baruc había escrito según le dictaba Jeremías, fue dirigida a este la palabra de Yahvé en estos términos:
28 “Tómate otro rollo, y escribe en él todas las palabras anteriores que había en el primer rollo, que fue quemado por Joakim, rey de Judá.
29 Y dirás a Joakim, rey de Judá: Así dice Yahvé: Por cuanto has quemado este rollo, diciendo: ¿Por qué has escrito en él que el rey de Babilonia vendrá sin falta y destruirá esta tierra, sin dejar en ella ni hombres ni bestias?,
30 [362] por eso, así dice Yahvé respecto de Joakim, rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cadáver quedará expuesto al calor del día y al frío de la noche.
31 Y castigaré su iniquidad no solamente en él, sino también en su descendencia y en sus servidores; y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá, todo el mal que Yo les he anunciado y que ellos no quisieron oír.”
32 [363] Tomó Jeremías otro rollo, y lo dio a Baruc, escriba, hijo de Nerías, el cual escribió en él según le dictaba Jeremías, todas las palabras del libro que Joakim, rey de Judá, había quemado en el fuego, y se añadieron aún muchas como aquellas.
Jeremías 37
Consulta del rey Sedecías
1 [364] En lugar de Jeconías, hijo de Joakim, subió al trono Sedecías, al cual Nabucodonosor, rey de Babilonia, había constituido rey en la tierra de Judá.
2 Mas ni él, ni sus servidores, ni el pueblo del país escucharon las palabras que Yahvé había pronunciado por boca del profeta Jeremías.
3 Y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a Sofonías, hijo de Maasías, sacerdote, a decir al profeta Jeremías: “Ruega por nosotros a Yahvé, nuestro Dios.”
4 Jeremías andaba todavía libremente entre el pueblo, pues aún no le habían encarcelado.
5 [365] Entretanto, había salido de Egipto el ejército del Faraón; y los caldeos que sitiaban a Jerusalén, al oír esto, se habían retirado de Jerusalén.
6 Entonces llegó al profeta Jeremías esta palabra de Yahvé:
7 “Así dice Yahvé, el Dios de Israel: Esto diréis al rey de Judá que os envió a Mí para consultarme: He aquí que el ejército del Faraón, que ha salido para socorreros, volverá a su país, a Egipto.
8 Y vendrán de nuevo los caldeos y combatirán a esta ciudad, la tomarán y le pegarán fuego.
9 Así dice Yahvé: No os hagáis ilusiones, diciendo: Los caldeos se retirarán definitivamente de nosotros; porque no se retirarán.
10 Pues aun cuando derrotaseis todo el ejército de los caldeos que lucha contra vosotros, y no quedasen entre ellos sino algunos heridos, esos se levantarían cada uno en su tienda y prenderían fuego a esta ciudad.
Jeremías en la cárcel
11 Cuando se retiró el ejército de los caldeos de Jerusalén, a causa del ejército del Faraón,
12 [366] salió Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín, a retirar de allí una herencia que tenía en medio de su pueblo.
13 Pero cuando llegó a la puerta de Benjamín, allí el capitán de la guardia, que se llamaba Jerías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, lo detuvo, diciendo: “Tú intentas pasarte a los caldeos.”
14 [367] “Es falso, respondió Jeremías; no intento pasarme a los caldeos.” Mas Jerías no le escuchó, sino que prendió a Jeremías y le condujo a los jefes,
15 los cuales, irritados contra Jeremías, le hicieron azotar y le metieron en la cárcel, en la casa de Jonatán, secretario; pues allí habían instalado una cárcel.
El rey saca a Jeremías del calabozo
16 [368] Entró Jeremías en la casa de la mazmorra y en las bóvedas, y cuando había permanecido allí mucho tiempo,
17 [369] envió el rey Sedecías a sacarle; y le preguntó el rey secretamente en su casa, diciendo: “¿Hay alguna palabra de parte de Yahvé?” “Sí, la hay”, respondió Jeremías. “Tú serás entregado en poder del rey de Babilonia.”
18 [370] Y dijo Jeremías al rey Sedecías: “¿En qué he pecado contra ti, contra tus servidores y contra este pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel?
19 [371] ¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban, diciendo: El rey de Babilonia no vendrá contra vosotros, ni contra este país?
20 Óyeme ahora, oh rey, señor mío; y acoge propicio mi súplica. No me vuelvas a la casa de Jonatán, secretario; sería mi muerte.”
21 [372] Entonces mandó el rey Sedecías que guardasen a Jeremías en el patio de la cárcel, y que se le diese cada día un pan, de la calle de los panaderos, mientras hubiese pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Jeremías 38
Jeremías en la cisterna
1 Sefatías, hijo de Matán; Gedelías, hijo de Fasur; Jucal, hijo de Selemías, y Fasur, hijo de Melquías, habían oído las palabras que Jeremías dirigía a todo el pueblo, diciendo:
2 “Así dice Yahvé: Quien se quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de peste; pero el que se refugiare entre los caldeos vivirá; ese tal tendrá como botín su vida y vivirá.
3 Así dice Yahvé: Esta ciudad caerá sin remedio en poder del ejército del rey de Babilonia, el cual la tomará.”
4 [373] Y dijeron los príncipes al rey: “Este hombre debe morir, porque hablándoles así debilita las manos de los guerreros que quedan aún en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo. Este hombre no procura el bienestar sino el mal de este pueblo.”
5 Respondió el rey Sedecías: “Ahí lo tenéis a vuestra disposición, porque nada puede el rey contra vosotros.”
6 [374] Tomaron, pues, a Jeremías y le echaron en la cisterna de Melquías, hijo de Hamalec, situada en el patio de la cárcel; por medio de sogas lo bajaron a la cisterna donde no había agua, sino lodo, de modo que Jeremías se hundió en el lodo.
Un etíope salva la vida del profeta
7 [375] Supo Ebed-Mélec, etíope, eunuco de la casa del rey, que habían echado a Jeremías en la cisterna. El rey estaba entonces sentado a la puerta de Benjamín.
8 Salió Ebed-Mélec de la casa del rey y habló con el rey, diciendo:
9 “Oh rey, señor mío, han obrado mal estos hombres en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, echándolo en la cisterna, donde morirá de hambre, pues no hay ya pan en la ciudad.”
10 Entonces el rey dio esta orden a Ebed-Mélec, etíope: “Tómate de aquí treinta hombres, y saca al profeta Jeremías de la cisterna antes que muera.”
11 Tomó Ebed-Mélec a los hombres y fue a la casa del rey, al sótano de la tesorería, de donde sacó unas ropas usadas y trapos viejos, que con cuerdas hizo llegar a Jeremías en la cisterna.
12 Y dijo Ebed-Mélec, etíope, a Jeremías: “Ponte esta ropa usada y los trapos viejos debajo de tus sobacos, sobre las cuerdas.” Así lo hizo Jeremías.
13 Y tirando de Jeremías con las cuerdas, lo sacaron de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Jeremías se entrevista con el rey
14 El rey Sedecías envió a buscar al profeta Jeremías, y lo hizo traer junto a sí, a la tercera puerta de la Casa de Yahvé; y dijo el rey a Jeremías: “Quiero preguntarte una cosa: no me ocultes nada.”
15 [376] Dijo Jeremías a Sedecías: “Si te la digo, ¿no es cierto que me quitarás la vida?; y si te doy un consejo, no me vas a escuchar.”
16 Hizo, entonces el rey Sedecías a Jeremías secretamente este juramento: “Por la vida de Yahvé que nos ha dado esta vida, (te juro) que no te daré muerte, y que no te entregaré en manos de esos hombres que buscan tu vida.”
17 [377] Dijo Jeremías a Sedecías: “Así dice Yahvé, el Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: Si te pasas a los generales del rey de Babilonia, salvarás tu vida, y esta ciudad no será abrasada; y vivirás tú y tu casa.
18 Pero si no te pasas a los generales del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos, que la abrasarán; y tú no escaparás a sus manos.”
19 [378] Respondió el rey Sedecías a Jeremías: “Temo que los judíos que ya se han pasado a los caldeos me entreguen en manos de ellos y me escarnezcan.”
20 A lo cual Jeremías respondió: “No te entregarán. Escucha la voz de Yahvé, respecto de lo que te digo, y te irá bien y salvarás tu vida.
21 Pero si rehúsas salir, mira la palabra que Yahvé me ha revelado:
22 [379] He aquí que todas las mujeres que han quedado en la casa del rey de Judá, serán llevadas a los generales del rey de Babilonia y ellas dirán: Te han engañado y vencido tus mejores amigos; han hundido tus pies en el cieno y se han vuelto atrás.
23 Llevarán a todas tus mujeres y a tus hijos a los caldeos; y tú mismo no escaparás a sus manos; serás tomado preso por mano del rey de Babilonia, y abandonarás esta ciudad a las llamas.”
24 Entonces dijo Sedecías a Jeremías: “Nadie sepa nada de esto, y no morirás.
25 Por si acaso los príncipes llegan a saber que he hablado contigo, y vienen a decirte: Manifiéstanos lo que dijiste al rey, y lo que a ti te dijo el rey; si no nos ocultas nada, no te mataremos;
26 [380] les responderás: Yo suplicaba al rey que no me hiciese volver a la casa de Jonatán, pues moriría allí.”
27 En efecto, se acercaron todos los príncipes a Jeremías, y lo interrogaron, y él les respondió palabra por palabra lo que el rey le había mandado decir, de manera que lo dejaron en paz, pues no trascendió nada.
28 Así permaneció Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día en que fue tomada Jerusalén. Estaba aún allí cuando Jerusalén fue tomada.
Jeremías 39
Caída de Jerusalén
1 [381] El año noveno de Sedecías rey de Judá, en el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió.
2 Y el año undécimo de Sedecías, el día nueve del mes cuarto, fue abierta una brecha en la ciudad;
3 [382] y entraron todos los generales del rey de Babilonia, y se sentaron cerca de la puerta media; Nergalsarezer, Samgarnebo, Sarsequim, Rabsarís. Nergalsarezer, Rabmag, con todos los demás jefes del rey de Babilonia.
4 [383] Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos los guerreros, huyeron, y salieron de noche de la ciudad, por el camino del jardín del rey, por la puerta que está entre los dos muros; y se encaminaron hacia el Arabá.
5 [384] Pero los persiguió el ejército de los caldeos; y alcanzaron a Sedecías en la llanura de Jericó. Lo tomaron preso y lo llevaron a Riblá, en la tierra de Hamat, ante Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien lo sentenció.
6 El rey de Babilonia hizo matar en Riblá a los hijos de Sedecías, delante de los ojos de este. El rey de Babilonia hizo degollar también a todos los nobles de Judá.
7 A Sedecías le sacó los ojos y ordenó atarlo con cadenas de bronce, para conducirlo a Babilonia.
8 Los caldeos entregaron a las llamas el palacio del rey y las casas del pueblo, y destruyeron los muros de Jerusalén.
9 Al resto de los habitantes que habían quedado en la ciudad, y a los desertores que se habían pasado a él, como también a los restantes del pueblo que aún quedaba, los deportó Nabuzardán a Babilonia, capitán de la guardia.
10 Solamente de los pobres del pueblo, que nada tenían, Nabuzardán, capitán de la guardia, dejó algunos en la tierra de Judá, dándoles al mismo tiempo viñas y campos.
Jeremías es puesto en libertad
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, dio a Nabuzardán, capitán de la guardia, la siguiente orden respecto de Jeremías:
12 [385] “Tómalo, y pon en él tu ojo, no le hagas ningún daño, antes bien, trátalo según él mismo te indique.”
13 [386] Por lo tanto Nabuzardán, capitán de la guardia, Nebusazbán, Rabsarís, Nergalsarezer, Rabmag y todos los generales del rey de Babilonia,
14 [387] enviaron a sacar a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo llevase a su casa; y así habitó en medio del pueblo.
15 [388] Mientras estaba preso en el patio de la cárcel, Jeremías había recibido esta palabra de Yahvé:
16 “Ve y di a Ebed-Mélec, etíope: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a cumplir mis palabras acerca de esta ciudad, para mal y no para bien, y se cumplirán en aquel día ante tu vista.
17 Mas a ti te libraré en ese día, dice Yahvé, y no serás entregado en manos de aquellos hombres a quienes tienes miedo;
18 porque Yo te salvaré con toda seguridad y no caerás a espada, sino que tendrás por botín tu vida, por cuanto has confiado en Mí”, dice Yahvé.
Jeremías 40
Jeremías y Godolías
1 He aquí la palabra que Jeremías recibió de Yahvé, después que Nabuzardán, capitán de la guardia, lo había dejado ir de Ramá. Cuando lo hizo venir, estaba aún atado con cadenas en medio de todos los cautivos de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia.
2 El capitán de la guardia llamó a Jeremías y le dijo: “Yahvé tu Dios había predicho estos males contra este lugar;
3 [389] y Yahvé los ha traído y cumplido como lo había dicho; porque pecasteis contra Yahvé, y no obedecisteis su voz, por eso os ha sucedido esto.
4 Ahora, pues, mira que hoy te quito las cadenas que están sobre tus manos. Si te parece bien ir conmigo a Babilonia, ven y yo te cuidaré, pero si no quieres ir conmigo a Babilonia, no vengas. Mira que todo el país está delante de ti; podrás irte a cualquier lugar que te parezca bueno y conveniente.”
5 (Jeremías) tardaba aún en volver, por lo cual (le dijo); “Vete a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha constituido gobernador de las ciudades de Judá. Habita con él en medio del pueblo, o vete a donde mejor te parezca.” El capitán de la guardia le dio también provisiones y regalos y le despidió.
6 [390] Se fue Jeremías a Godolías, hijo de Ahicam, a Masfá, y habitó allí, en medio del pueblo que había quedado en el país.
7 Cuando a todos los capitanes de las tropas desparramadas por el campo, a ellos y a sus gentes, llegó la noticia de que el rey de Babilonia había hecho gobernador del país a Godolías, hijo de Ahicam, y que le había encomendado los hombres y las mujeres y los niños, y aquellos pobres del país que no habían sido deportados a Babilonia;
8 vinieron a Godolías, a Masfá, (estos hombres): Ismael, hijo de Natanías, Johanán y Jonatán, hijos de Caree, Seraías, hijo de Tanhumet, los hijos de Efai netofatita, y Jezanías, hijo del Macaatita, ellos y sus gentes.
9 [391] Y Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, les juró a ellos y a sus gentes diciendo: “No temáis servir a los caldeos; permaneced en el país y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.
10 He aquí que yo me quedo en Masfá, para estar a disposición de los caldeos que lleguen a nosotros; vosotros, en cambio, recoged la vendimia, la mies y el aceite, y metedlos en vuestras tinajas; y habitad en las ciudades que habéis ocupado.”
11 También todos los judíos que se encontraban en Moab, entre los hijos de Ammón y en Edom, y los desparramados en todos los países, supieron que el rey de Babilonia, había dejado un resto para Judá y que les había puesto por gobernador a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán.
12 Entonces todos aquellos judíos, volvieron de todos los lugares adonde habían sido desplazados y vinieron al país de Judá, a Godolías, a Masfá, y recolectaron vino y frutos en abundancia.
Conjuración contra Godolías
13 Johanán, hijo de Caree, y todos los capitanes de las tropas dispersas por el campo, vinieron a Godolías, a Masfá,
14 y le dijeron: “¿No sabes acaso que Baalís, rey de los hijos de Ammón, ha enviado a Ismael, hijo de Natanías, para quitarte la vida?” Pero Godolías, hijo de Ahicam, no les dio crédito.
15 Entonces Johanán, hijo de Caree, dijo secretamente a Godolías en Masfá: “Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías, sin que nadie lo sepa. ¿Por qué ha de matarte él a ti, y han de dispersarse todos los judíos que se han congregado en torno tuyo? Sería la ruina del resto de Judá.”
16 [392] Mas Godolías, hijo de Ahicam, respondió a Johanán, hijo de Caree: “No hagas tal cosa; porque lo que dices de Ismael es falso.”
Jeremías 41
Muerte de Godolías
1 En el séptimo mes llegó Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisamá, que era de estirpe real, con algunos magnates del rey y diez hombres, a Godolías, hijo de Ahicam, a Masfá; y comieron juntos allí en Masfá.
2 [393] Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y los diez hombres que con él estaban, e hirieron a espada a Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, dando así muerte al que el rey de Babilonia había constituido gobernador del país.
3 Ismael mató también a todos los judíos que estaban allí con Godolías en Masfá, y a todos los caldeos, hombres de guerra, que allí se hallaban.
Atrocidades de Ismael
4 Al segundo día después del asesinato de Godolías, cuando aún no lo sabía nadie,
5 [394] vinieron ochenta hombres de Siquem, de Silo y de Samaria, con la barba raída, rasgados los vestidos, y el cuerpo cubierto de incisiones, con ofrendas e incienso para ofrecerlos en la Casa de Yahvé.
6 Ismael, hijo de Natanías, les salió al encuentro desde Masfá, llorando mientras iba; y cuando los encontró, les dijo: “Venid a Godolías, hijo de Ahicam.”
7 Pero apenas habían llegado al centro de la ciudad cuando Ismael, hijo de Natanías, con los hombres que tenía consigo, los mató (y los arrojó) en la cisterna.
8 [395] Entre ellos se hallaron diez hombres que dijeron a Ismael: “No nos mates, porque tenemos escondidas en el campo provisiones de trigo, cebada, aceite y miel. A esos los dejó en paz, y no los mató con sus hermanos.
9 [396] La cisterna en que Ismael arrojó todos los cadáveres de los hombres que asesinó por causa de Godolías, es la misma que el rey Asá hizo contra Baasá, rey de Israel. Ismael, hijo de Natanías, la llenó con los (cuerpos de) los asesinados.
10 Después Ismael llevó cautivo a todo el resto del pueblo que había en Masfá, con las hijas del rey y a todo el pueblo que quedaba en Masfá, a saber, a todos cuantos Nabuzardán, capitán de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ahicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó cautivos y se puso en camino para pasarse a los hijos de Ammón.
El resto del pueblo huye a Egipto
11 Cuando Johanán, hijo de Caree, y todos los capitanes de las tropas que le acompañaban, supieron todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías,
12 [397] tomaron consigo toda la gente y se pusieron en marcha para luchar contra Ismael, hijo de Natanías, y lo encontraron junto a la grande piscina de Gabaón.
13 Entonces, cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán, hijo de Caree y a todos los capitanes de las tropas que le acompañaban, se llenó de alegría,
14 y todo el pueblo que Ismael llevaba cautivo de Masfá, dio la vuelta, y regresando se pasó a Johanán, hijo de Caree.
15 Pero Ismael, hijo de Natanías, escapó con ocho hombres, delante de Johanán, y se pasó a los hijos de Ammón.
16 Tomaron, pues, Johanán hijo de Caree, y todos los capitanes de las tropas que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que habían rescatado de Ismael, hijo de Natanías, —eran los (que este se había llevado) de Masfá, después de asesinar a Godolías, hijo de Ahicam— varones, hombres de guerra, mujeres, niños y eunucos, que había hecho volver de Gabaón;
17 [398] y se pusieron en marcha e hicieron alto en Gerut Camaam, cerca de Belén, para continuar la marcha y entrar en Egipto,
18 huyendo de los caldeos; pues los temían, por cuanto Ismael, hijo de Natanías, había asesinado a Godolías hijo de Ahicam, a quien el rey de Babilonia había nombrado gobernador del país.
Jeremías 42
El pueblo consulta al profeta
1 [399] Vinieron todos los capitanes de las tropas y Johanán, hijo de Caree, y Jezanías, hijo de Isaías y todo el pueblo, chicos y grandes,
2 y dijeron al profeta Jeremías: “Que te sea acepta nuestra petición, y haz oración a Yahvé, tu Dios, por nosotros, en favor de todo este resto; porque de muchos hemos quedado pocos, como nos están viendo tus ojos.
3 Que Yahvé, tu Dios, nos dé a conocer el camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer.”
4 [400] El profeta Jeremías les respondió: “Comprendo; he aquí que pediré a Yahvé, vuestro Dios, conforme a vuestras palabras; y cualquier cosa que responda Yahvé, os la comunicaré, sin ocultaros nada.”
5 Y dijeron ellos a Jeremías: “Sea Yahvé contra nosotros testigo verdadero y fiel, si no cumpliéramos todo cuanto Yahvé, Dios tuyo, nos mandare.
6 Sea cosa buena, sea cosa mala, obedeceremos la voz de Yahvé, nuestro Dios, a quien te enviamos para que nos vaya bien, pues escucharemos la voz de Yahvé, nuestro Dios.”
Respuesta de Dios
7 [401] Al cabo de diez días fue dirigida la palabra de Dios a Jeremías,
8 el cual llamó a Johanán, hijo de Caree, y a todos los capitanes de las tropas que le acompañaban, y a todo el pueblo, chicos y grandes,
9 y les dijo: “Así dice Yahvé el Dios de Israel, a quien me habéis enviado para presentarle vuestra súplica:
10 Si permanecéis en este país, Yo os edificaré y no os destruiré; os plantaré y no os arrancaré; porque me pesa el mal que os he hecho.
11 No temáis al rey de Babilonia, al cual tenéis tanto miedo; no le temáis, dice Yahvé; pues Yo estoy con vosotros, para salvaros y para libraros de su mano.
12 Yo os seré propicio, de modo que él tenga compasión de vosotros, y os haga volver a vuestro país.
13 Pero si decís: No permaneceremos en este país, y si no escucháis la palabra de Yahvé, vuestro Dios;
14 [402] si (al contrario) decís: No, sino que nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos ya la guerra, ni tendremos que oír el sonido de la trompeta, ni sufrir hambre, y allí habitaremos,
15 para este caso oíd la palabra de Yahvé, oh restos de Judá: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Si no dejáis vuestro proyecto de ir a Egipto y habitar allí,
16 la espada que teméis os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre ante el cual tembláis, os sobrevendrá allí en Egipto, donde moriréis.
17 Todos aquellos que se han propuesto ir a Egipto y habitar allí, morirán al filo de la espada y de hambre y de peste; y ninguno de ellos quedará con vida, ni se librará del mal que Yo descargaré sobre ellos.
18 [403] Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Así como se ha derramado mi ira y mi indignación sobre los habitantes de Jerusalén, del mismo modo se derramará mi indignación sobre vosotros, cuando entréis en Egipto, y seréis objeto de execración, de pasmo, de maldición, y de oprobio; y no volveréis a ver este lugar.”
19 [404] Por eso dice Yahvé acerca de vosotros, oh resto de Judá: “No vayáis a Egipto. Tomad nota de que yo os advierto el día de hoy.
20 [405] Porque os engañasteis a vosotros mismos, cuando me enviasteis a Yahvé, vuestro Dios, diciendo: Haz oración por nosotros a Yahvé, nuestro Dios; y todo cuanto diga Yahvé, nuestro Dios, dínoslo así, y cumpliremos.
21 Yo os lo he declarado hoy; mas vosotros no escucháis la voz de Yahvé, vuestro Dios, ni cosa alguna de las que Él me ha encargado deciros.
22 Sabed, pues, con toda seguridad, que moriréis al filo de la espada, de hambre y de peste en el lugar adonde queréis ir a habitar.”
Jeremías 43
Jeremías es llevado a Egipto
1 Cuando Jeremías hubo acabado de transmitir al pueblo entero todas las palabras de Yahvé, su Dios, todas aquellas palabras que Yahvé, su Dios, le había encargado decirles,
2 [406] respondieron Azarías, hijo de Osaías, y Johanán, hijo de Caree, y todos los hombres rebeldes: “Es mentira lo que dices; no te ha enviado Yahvé, nuestro Dios, para decir: No vayáis a Egipto para habitar allí;
3 [407] es Baruc, hijo de Nerías, el que te instiga contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, a fin de que nos maten, o nos deporten a Babilonia.”
4 De este modo Johanán, hijo de Caree, y todos los capitanes de las tropas, y todo el pueblo desobedecieron la orden de Yahvé de permanecer en la tierra de Judá.
5 Y así Johanán, hijo de Caree, y todos los capitanes de las tropas tomaron a todo el resto de Judá, a los que de todas las regiones donde había dispersos, habían regresado para habitar en la tierra de Judá;
6 [408] a hombres, mujeres y niños, a las hijas del rey, y a cuantos Nabuzardán, capitán de la guardia, había dejado con Godolías, hijo de Ahicam, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías;
7 [409] y entraron en la tierra de Egipto, no obedeciendo la orden de Yahvé, y llegaron hasta Tafnis.
Vaticinio sobre Egipto
8 En Tafnis recibió Jeremías esta palabra de Yahvé:
9 [410] “Toma en tu mano unas piedras grandes, y escóndelas con argamasa en el empedrado a la entrada del palacio del Faraón, en Tafnis, de modo tal que lo vean los hombres de Judá;
10 [411] y diles: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que enviaré a buscar a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, el cual colocará su trono sobre estas piedras que he escondido y extenderá sobre ellas su tapiz.
11 Pues él vendrá y herirá la tierra de Egipto, e (irán) los destinados a la muerte, a la muerte; los destinados al cautiverio, al cautiverio; y los destinados al filo de la espada, a la espada.
12 [412] Y pegará fuego a la casa de los dioses de Egipto; a unos de ellos los quemará, y a otros se los llevará cautivos; y despiojará el país de Egipto, como un pastor despioja su ropa, y saldrá de allí sin ser molestado.
13 [413] Romperá también las columnas del templo del Sol en la tierra de Egipto, y abrasara las casas de los dioses de Egipto.
Jeremías 44
Idolatría de los judíos en Egipto
1 [414] He aquí la palabra que fue dirigida a Jeremías respecto de todos los judíos que habitaban en el país de Egipto, en Migdol, en Tafnis, en Nof, y en la tierra de Patros:
2 Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que he hecho venir sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá; pues he aquí que hoy están desiertas y nadie habita en ellas,
3 [415] a causa de las maldades que cometieron para irritarme, yendo a quemar incienso a otros dioses, y a darles culto; dioses a quienes no conocían, ni ellos, ni vosotros, ni vuestros padres.
4 Yo os envié a tiempo todos mis siervos los profetas, diciéndoos: No hagáis esta cosa abominable que Yo aborrezco.
5 Pero no escucharon, ni prestaron oído para convertirse de su maldad y dejar de quemar incienso a otros dioses.
6 Por eso se derramó mi indignación y mi ira, que ardieron en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que se convirtieron en desierto y desolación, como (se ve) en el día de hoy.
7 Ahora, así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: ¿Por qué hacéis contra vosotros mismos este gran mal, de extirpar de Judá a hombres y mujeres, niños y mamantes, de tal suerte que no os queda resto alguno,
8 irritándome con las obras de vuestras manos, quemando incienso a otros dioses, en la tierra de Egipto, adonde habéis venido a habitar para perecer y para ser una maldición y un oprobio entre todos los pueblos de la tierra?
9 ¿Habéis olvidado las maldades de vuestros padres, las maldades de los reyes de Judá, las maldades de sus mujeres, vuestras propias maldades y las de vuestras mujeres, cometidas en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?
10 Hasta hoy no se han arrepentido; no han tenido temor, ni han observado la Ley y los mandamientos que Yo he puesto delante de vosotros y delante de vuestros padres.
11 [416] Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí que voy a volver mi rostro contra vosotros para mal, y para extirpar a todo Judá.
12 Tomaré los restos de Judá, que resolvieron entrar en la tierra de Egipto y habitar allí; serán todos consumidos en el país de Egipto; caerán por la espada y morirán de hambre, desde el menor hasta el mayor; a espada y de hambre perecerán, y vendrán a ser un objeto de execración, de pasmo, de maldición, de oprobio.
13 [417] Porque castigaré a los que habitan en el país de Egipto, como he castigado a Jerusalén con la espada, el hambre y la peste.
14 No habrá quien escape o quede con vida del resto de Judá que ha venido a la tierra de Egipto para habitar allí y para volver a la tierra de Judá, adonde tanto suspiran volver para habitar allí; pues no volverán, si no es algún fugitivo.
Respuesta de los judíos idólatras
15 [418] Entonces todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses, y todas las mujeres presentes allí en gran número, y todos los del pueblo que habitaban en el país de Egipto y en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:
16 “En cuanto a las palabras que nos has dicho en nombre de Yahvé, no queremos obedecerte,
17 [419] sino que continuaremos cumpliendo toda promesa que hayamos hecho, de quemar incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones; como hemos hecho, nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; con lo cual estábamos hartos de pan y nos iba bien y no veíamos ninguna calamidad.
18 Pero desde que hemos dejado de quemar incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones, nos falta todo, y nos consume la espada y el hambre.
19 Y si nosotras quemábamos incienso a la reina del cielo, y le derramábamos libaciones, ¿acaso no lo sabían nuestros maridos cuando hacíamos tortas a imagen de ella y le ofrecíamos libaciones?”
Castigo de los idólatras
20 Replicó Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, a todos los que le habían dado aquella respuesta, y dijo:
21 “¿Acaso no se acordó Yahvé del incienso que quemasteis en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo del país? ¿Acaso Él no se dio cuenta de ello?
22 Yahvé no pudo aguantar más la maldad de vuestras obras y las abominaciones que cometisteis; por eso vuestro país ha venido a ser un desierto, un objeto de pasmo y de maldición, sin habitantes, como (se ve) hoy día.
23 Porque quemasteis incienso y pecasteis contra Yahvé, y no escuchasteis la voz de Yahvé, ni observasteis su Ley, sus mandamientos y testimonios; por eso os ha sobrevenido la presente calamidad.”
24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: “Oíd la palabra de Yahvé, todos los de Judá que estáis en la tierra de Egipto.
25 Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres ejecutáis con vuestras manos lo que expresasteis con vuestra boca, a saber: Seguiremos cumpliendo los votos que hemos hecho de quemar incienso a la reina del cielo, y derramarle libaciones. No hay duda de que cumplís sin falta vuestros votos y los ponéis por obra.
26 [420] Por eso, oíd la palabra de Yahvé, todos los de Judá que moráis en la tierra de Egipto: He aquí que Yo he jurado por mi gran Nombre, dice Yahvé, que en todo el país de Egipto no será pronunciado más mi Nombre por boca de ningún hombre de Judá que diga: ¡Vive Yahvé, el Señor!
27 Mirad: Yo estoy velando sobre ellos para mal y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en el país de Egipto, serán consumidos por la espada y por el hambre, hasta acabar con ellos.
28 Algunos pocos que escapen de la espada, volverán del país de Egipto a la tierra de Judá, pero todos los del resto de Judá que han venido a la tierra de Egipto para habitar allí, conocerán de quién es la palabra que se cumple, si la mía o la de ellos.
29 Y esto, dice Yahvé, os sirva de señal de que Yo os castigaré en este lugar; para que sepáis que mis palabras se cumplirán sin falta contra vosotros para mal vuestro.
30 [421] Así dice Yahvé: He aquí que voy a entregar al Faraón Hofra, rey de Egipto, en poder de sus enemigos, y en manos de aquellos que atentan contra su vida, así como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, enemigo suyo, que buscaba perderle.”
Jeremías 45
Jeremías consuela a Baruc
1 [422] Palabra que dijo Jeremías, el profeta, a Baruc, hijo de Nerías, al escribir este aquellas palabras en un libro, dictándoselas Jeremías, en el año cuarto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá:
2 “Así dice Yahvé, el Dios de Israel, respecto de ti, oh Baruc:
3 Tú dijiste: ¡Ay de mí, porque Yahvé ha añadido dolor a mi dolor! Cansado estoy de gemir y no hallo descanso.
4 [423] Así le dirás: Esto dice Yahvé: He aquí que lo que he edificado, lo voy a derribar; y voy a desarraigar lo que he plantado en toda esta tierra, pues es mía.
5 [424] ¿Y tú buscas para ti grandes cosas? ¡No las busques! pues mira, Yo voy a traer males sobre toda carne, dice Yahvé; pero a ti te daré la vida como botín en cualquier lugar adonde vayas.”
II. Vaticinios contra otros pueblos
Jeremías 46
Oráculo contra Egipto
1 Oráculos de Yahvé que el profeta Jeremías recibió sobre los gentiles.
2 [425] Para Egipto. Contra el ejército del Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba en Cárquemis, junto al río Éufrates, al que derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joakim, hijo de Josías, rey de Judá:
3 [426] “Preparad escudo y broquel, y salid a la batalla.
4 Uncid los caballos; jinetes, montad; poneos en filas con los morriones; acicalad las lanzas, ceñíos las corazas.
5 [427] Pero ¿qué veo? Despavoridos vuelven la espalda, batidos sus valientes, huyen apresuradamente, sin mirar atrás, por todos lados terror, dice Yahvé.
6 No se libra el ligero ni escapa el valiente. Al norte, junto al río Éufrates, tropiezan y caen.
7 [428] ¿Quién es este que se hincha como el Nilo, y cuyas aguas se alborotan como los ríos?
8 [429] Es Egipto, que se hincha como el Nilo, y cuyas aguas se alborotan como los ríos; que dice: Me hincharé, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y sus habitantes.
9 [430] ¡Adelante, caballos! ¡Carros, corred! Pónganse en marcha los guerreros, etíopes y libios, que empuñan el escudo, lidios que manejan y entesan el arco.
10 [431] Día de venganza es este para el Señor, Yahvé de los ejércitos, para vengarse de sus enemigos. Devorará la espada y se saciará; se embriagará de la sangre de ellos; pues un gran sacrificio celebra Yahvé de los ejércitos, el Señor, en tierras del norte, junto al río Éufrates.
11 [432] ¡Sube a Galaad y busca bálsamo, virgen hija de Egipto! En vano te multiplicarás los remedios; para ti no hay cura.
12 Las naciones conocen ya tu oprobio; tus alaridos llenan la tierra; chocó el fuerte con el fuerte, y cayeron ambos juntamente.”
Segundo oráculo contra Egipto
13 [433] He aquí la palabra que dijo Yahvé al profeta Jeremías, acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para derrotar la tierra de Egipto:
14 “Anunciadlo en Egipto, llevad la nueva a Migdol; proclamadlo en Nof y en Tafnis. Decid: Ponte en pie y prevente, pues ya devora la espada en torno tuyo.
15 [434] ¿Cómo ha sido derribado tu Toro? No se mantuvo en pie, porque Yahvé le derribó.
16 [435] Él multiplica el número de los que tropiezan, y cayendo unos sobre otros dicen: ¡Levantémonos, volvámonos a nuestro pueblo y a la tierra en que nacimos, huyendo de la espada destructora!
17 [436] Claman allí: El Faraón, rey de Egipto, está perdido, ha dejado pasar el tiempo fijado.
18 [437] Vivo Yo, dice el Rey, cuyo Nombre es Yahvé de los ejércitos. Como el Tabor entre los montes, y el Carmelo junto al mar, así Él se presenta.
19 [438] Prepárate el bagaje para el cautiverio, oh hija que habitas en Egipto, pues Nof se convertirá en un desierto, será abrasada y quedará sin habitantes.
20 [439] Novilla muy hermosa es Egipto; pero del Septentrión viene un tábano, sí, ya viene.
21 Y sus mercenarios en medio de ella, que son como becerros cebados, también ellos vuelven las espaldas, huyen todos, sin detenerse, porque vino sobre ellos el día de su ruina, el tiempo de su castigo.
22 Su voz es como de sierpe que se desliza; porque vienen con gran poderío, vienen contra ella con hachas, como leñadores de árboles.
23 Talan su bosque, dice Yahvé, su bosque impenetrable, pues son más numerosos que las langostas, y no tienen cuenta.
24 Quedará confundida la hija de Egipto; será entregada en manos del pueblo del Norte.”
25 [440] Dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “He aquí que Yo castigaré a Amón de No, al Faraón y a Egipto; a sus dioses y a sus reyes; al Faraón y a los que en él confían.
26 Y los entregaré en manos de los que buscan exterminarlos, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus servidores. Mas después de esto será otra vez habitado, como en los tiempos antiguos —oráculo de Yahvé.
27 [441] Pero tú, siervo mío Jacob, no temas; no te amedrentes, oh Israel; porque he aquí que te sacaré de (tierras) lejanas, y a tu descendencia del país de su cautiverio. Volverá Jacob y vivirá en plena tranquilidad, sin que haya quien le espante.
28 [442] No temas tú, siervo mío Jacob, dice Yahvé; pues Yo estoy contigo. Exterminaré a todas las naciones adonde te he arrojado, pero a ti no te exterminaré, aunque te corregiré con equidad y no te dejaré del todo impune.”
Jeremías 47
Oráculo contra los filisteos
1 Palabra que dijo Yahvé al profeta Jeremías, acerca de los filisteos, antes que el Faraón derrotara a Gaza.
2 [443] Así dice Yahvé: “He aquí aguas que avanzan del Norte, como torrente que inunda; inundan el país y su amplitud, la ciudad y sus habitantes. Claman los hombres y dan alaridos todos los moradores del país,
3 al estrépito de los cascos de sus caballos, al estruendo de sus carros y al ruido de sus ruedas. Los padres no miran ya por sus hijos; les faltan las fuerzas,
4 [444] pues llegó el día para destruir a todos los filisteos; para privar a Tiro y Sidón del postrer aliado. Porque Yahvé va a destruir a los filisteos, el residuo de la isla de Caftor.
5 [445] Sobre Gaza viene la calvicie, Ascalón, resto de los gigantes, es reducida a silencio. ¿Hasta cuándo te harás incisiones?
6 ¡Ay espada de Yahvé! ¿Cuándo descansarás? ¡Vuélvete a tu vaina, descansa y calla!
7 ¿Mas cómo podrás descansar cuando Yahvé te ha dado orden? Es contra Ascalón y la costa del mar adonde Él la dirige.”
Jeremías 48
Vaticinio contra Moab
1 [446] Para Moab: Así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “¡Ay de Nebó, que está devastada; confundida y tomada ha sido Kiryataim; Misgab está consternada y abatida.
2 [447] Pasó ya la gloria de Moab; en Hesbón se trama su mal. ¡Venid, exterminémosla para que no sea más nación! Tú también, Madmén, perecerás, tras ti va la espada.
3 Gritos desde Horonaim, devastación y ruina grande.
4 Moab está destruido, lloran sus parvulitos.
5 En la cuesta de Luhit se oye llanto, suben llorando, y en la bajada de Horonaim se oyen angustiosos gritos de quebranto.
6 Huid, salvad vuestras vidas, sed como un arbusto en el desierto.
7 [448] Porque has puesto tu confianza en tus obras y en tus tesoros, también tú serás tomada; y Camos irá al cautiverio, a una con sus sacerdotes y príncipes.
8 [449] Vendrá el devastador a cada ciudad, y ninguna se salvará; será asolado el valle y devastado el altiplano, como lo ha dicho Yahvé.
9 [450] Dad alas a Moab para que se escape volando, pues sus ciudades serán un desierto, sin habitantes en ellas.
10 [451] ¡Maldito aquel que ejecuta la obra de Yahvé negligentemente y maldito el que veda a su espada derramar sangre!
Se anuncia el exterminio de Moab
11 [452] Tranquilo estuvo Moab desde su mocedad, descansando sobre sus heces, no fue trasegado de una vasija a otra, ni marchó al cautiverio, y así ha conservado su gusto y no se ha mudado su aroma.
12 Por eso, he aquí que vienen días, dice Yahvé, en que le enviaré trasegadores que le trasegarán; que vaciarán sus vasijas y romperán sus tinajas.
13 [453] Entonces Moab se avergonzará de Camos, como la casa de Israel se avergonzó de Betel, objeto de su confianza.
14 ¿Cómo decís: Nosotros somos héroes y fuertes para la guerra?
15 El devastador sube contra Moab y sus ciudades, la flor de su juventud baja para la matanza, dice Yahvé, cuyo Nombre es Yahvé de los ejércitos.
16 La ruina de Moab está cerca, y va a venir muy pronto su desastre.
17 Lamentadle, todos sus vecinos, y todos los que conocéis su nombre, decid: ¡Cómo se ha quebrado un cetro tan fuerte, un báculo tan magnífico!
18 Desciende de tu gloria, y siéntate en lo árido, oh hija, habitadora de Dibón; porque el devastador de Moab sube contra ti, para arrasar tus fortificaciones.
19 Estáte junto al camino y atalaya, moradora de Aroer, pregunta al que huye y di a la que se escapa: ¿Qué pasa?
20 [454] Avergonzado está Moab, porque ha sido derrotado. ¡Dad alaridos y gritad! ¡Anunciad en el Arnón que Moab está destruido!
21 El juicio ha venido sobre la tierra del Altiplano, sobre Holón, sobre Jasa y sobre Mefaat;
22 sobre Dibón, sobre Nebó y sobre Bet-Diblataim;
23 sobre Kiryataim, sobre Bet Gamul, y sobre Bet Maón;
24 sobre Kiryat, sobre Bosra y sobre todas las ciudades del país de Moab, lejanas y cercanas.
25 [455] Ha sido cortado el cuerno de Moab, y su brazo está quebrado, dice Yahvé.
26 [456] Embriagadle, pues se alzó contra Yahvé. ¡Revuélquese Moab en su mismo vómito, y sea objeto de mofa también él!
27 [457] ¿Pues no fue Israel objeto de burla para ti? ¿Fue acaso hallado entre los ladrones? pues cuantas veces hablaste de él y meneaste la cabeza.
28 Dejad las ciudades y vivid en los peñascos, habitantes de Moab, sed como la paloma que hace su nido sobre el borde de la cueva.
29 Hemos oído hablar de la soberbia de Moab que es muy orgulloso, de su altanería, arrogancia, presunción y altivez de su corazón.
30 [458] Yo conozco su saña, dice Yahvé, sus vanas jactancias, sus obras falaces.
Elegía sobre Moab
31 [459] Por eso doy alaridos por Moab, me lamento por Moab entero; son llorados los hombres de Kir-Heres.
32 Más que a Jaser te lloraré a ti, oh vid de Sibmá: tus sarmientos pasaron más allá del mar, se extendieron hasta el mar de Jaser; sobre tu cosecha y tu vendimia se precipitó el devastador.
33 [460] Se ha retirado la alegría y el júbilo del campo feraz, y de la tierra de Moab; Yo he quitado a los lagares el vino; no se los pisa más con gritos de alegría, porque los gritos ya no son gritos de alegría.
34 Desde Hesbón hasta Elealé se oyen gemidos, hasta Jasa llegan sus alaridos, desde Zoar hasta Horonaim y Eglat-Selisiá; pues también las aguas de Nimrim serán un desierto.
35 Exterminaré en Moab, dice Yahvé, a quien ofrezca sacrificios en las alturas, y queme incienso a sus dioses.
36 Por eso mi corazón gime cual flauta por Moab; como una flauta gime mi corazón por las gentes de Kir-Heres; porque ha desaparecido lo que habían adquirido.
37 [461] Pues toda cabeza está calva, y toda barba ha sido rapada; en todas las manos hay sajaduras, y sobre los lomos llevan sacos.
38 Sobre todos los terrados de Moab, y en todas sus plazas se oyen llantos, porque Yo he quebrado a Moab, como vasija inútil —oráculo de Yahvé.
39 ¡Cómo ha sido derribado! ¡Ululad! ¿Cómo es que Moab ha vuelto las espaldas vergonzosamente para ser un objeto de ludibrio y espanto para todos sus vecinos?
Destrucción total y promesa de restauración
40 Pues así dice Yahvé: He aquí que (el enemigo) viene volando como águila, y extiende sus alas sobre Moab.
41 Conquistadas las ciudades y tomadas las fortalezas, el corazón de los guerreros de Moab en aquel día será como el corazón de una mujer que está de parto.
42 Moab será destruido y dejara de ser nación, por cuanto se ha levantado contra Yahvé.
43 ¡Espanto, fosa y lazo sobre ti, habitante de Moab, dice Yahvé.
44 El que escape del espanto caerá en la fosa; y el que suba de la fosa quedará preso en el lazo, porque haré venir sobre Moab el año de su visitación —oráculo de Yahvé.
45 [462] Agotados se detienen los fugitivos a la sombra de Hesbón, y llamas de en medio de Sehón, que devora las sienes de Moab, y la coronilla de los hijos del tumulto.
46 ¡Ay de ti, Moab! ¡Perdido está el pueblo de Camos! Pues tus hijos son llevados al destierro, y tus hijas al cautiverio.
47 [463] Pero haré que vuelvan los cautivos de Moab en los últimos días”, dice Yahvé. Hasta aquí el juicio sobre Moab.
Jeremías 49
Contra los ammonitas
1 [464] Para los hijos de Ammón: Así dice Yahvé: “¿No tiene acaso hijos Israel? ¿No tiene heredero? ¿Por qué Melcom se ha posesionado de Gad, y habita su pueblo en las ciudades de este?
2 [465] Por eso, he aquí que vienen días, dice Yahvé, en que haré oír en Rabbat de los hijos de Ammón el estruendo de la guerra. Ella se convertirá en un montón de escombros, y sus ciudades serán quemadas, e Israel heredará a sus propios herederos —oráculo de Yahvé.
3 [466] Hesbón prorrumpe en alaridos, porque ¡ay! está devastada; alzad el grito, hijas de Rabbat, ceñíos cilicios, llorad; corred de un lado a otro por los vallados, porque Melcom va al cautiverio, y con él sus sacerdotes y sus príncipes.
4 [467] ¿Por qué te glorías de los valles? —es rico tu valle, oh hija rebelde— y confías en tus tesoros (diciendo): ¿Quién vendrá contra mí?
5 He aquí que haré venir sobre ti el terror, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos, el terror de todos los que te rodean; y seréis arrojados, cada cual en su dirección, sin que haya quien reúna a los fugitivos.
6 Mas después de esto haré volver a los cautivos de los hijos de Ammón” —oráculo de Yahvé.
Contra Edom
7 [468] Para Edom: Así dice Yahvé de los ejércitos: “¿No hay ya sabiduría en Temán? ¿Se retiró de sus sabios el consejo? ¿Se acabó su inteligencia?
8 [469] ¡Huid! ¡Volveos atrás! Buscad refugios profundos, habitantes de Dedán, porque voy a traer sobre él la ruina de Esaú, el tiempo de su castigo.
9 Si vinieran sobre ti vendimiadores, dejarían por lo menos algunos racimos; y si ladrones de noche, destruirían solo una parte.
10 [470] Yo empero voy a despojar a Esaú, descubriré su escondrijo, y no podrá ocultarse; será destruida su raza, así como sus hermanos y sus vecinos; y él mismo ya no existirá.
11 ¡Deja tus huérfanos, que Yo les conservaré la vida, y tus viudas pongan en Mí su esperanza!
12 [471] Porque así dice Yahvé: He aquí, si los que no estaban condenados a beber el cáliz, lo bebieron sin remedio, ¿tú, por ventura, saldrás impune? No saldrás impune, lo beberás sin falta.
13 [472] Pues por Mí mismo he jurado, dice Yahvé: Bosra será un objeto de horror y de oprobio, una desolación y lugar de maldición, y todas sus ciudades una eterna soledad.”
14 He oído de parte de Yahvé esta nueva, ha sido enviado a las naciones este mensaje: “Congregaos y marchad contra ella, y levantaos para ir a la guerra.”
15 “Pues he aquí que Yo te he hecho pequeño entre los pueblos, despreciado entre los hombres.
16 Te ha engañado tu arrogancia, la soberbia de tu corazón, pues habitas en las hendiduras de las rocas, y ocupas la cima de los montes. Pero aunque pongas tan alto como el águila tu nido, de allí te haré bajar, dice Yahvé.
17 Edom vendrá a ser un horror; cuantos por allí pasaren quedarán pasmados, y silbando contemplarán todas tus plagas.
18 Será arrasado como Sodoma y Gomorra, y sus ciudades vecinas, dice Yahvé; no vivirá nadie allí, ni habrá hombre que lo habite.
19 [473] Como león subirá (el enemigo) desde las espesuras del Jordán a los pastizales siempre verdes, pero en un momento lo arrojaré de allí, y estableceré en (Edom) a quien Yo escogiere, pues ¿quién hay como Yo? ¿Quién me pedirá cuenta? ¿Quién es el pastor que pueda enfrentarse conmigo?
20 [474] Por eso, oíd el designio de Yahvé, que Él tiene resuelto contra Edom, y sus planes que ha trazado contra los habitantes de Teman. Os aseguro que serán arrastrados hasta los débiles de la grey, y quedarán devastados juntamente con ellos sus pastizales.
21 Al estruendo de su caída temblará la tierra, sus gritos se oirán hasta el Mar Rojo.
22 He aquí que como águila subirá (el enemigo), volará y extenderá sus alas contra Bosra; y será el corazón de los guerreros de Edom en aquel día como el corazón de una mujer que está de parto.”
Contra Damasco
23 [475] Para Damasco: “Confundidas están Hamat y Arfad; oyeron una mala noticia, por la cual se han turbado. Son como un mar agitado que no se puede calmar.
24 Desmáyase Damasco, se dispone a huir, tiembla; se apoderan de ella angustia y dolores como de parturienta.
25 [476] ¡Cómo ha sido abandonada la ciudad gloriosa, la ciudad de mi alegría!
26 Por eso sus jóvenes caerán por sus calles, y todos sus hombres de guerra perecerán en aquel día —oráculo de Yahvé de los ejércitos—;
27 [477] y pegaré fuego al muro de Damasco, que devorará los palacios de Benhadad.
Contra Cedar y Hasor
28 [478] Para Cedar y los reinos de Hasor, que derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia: Así dice Yahvé: “Levantaos, marchad contra Cedar, y destruid a los hijos del Oriente.
29 Se les quitarán sus tiendas y sus rebaños, las lonas de sus (tiendas) y todos sus utensilios; serán llevados sus camellos, y se les clamará: ¡Terror por doquier!
30 Huid, dispersaos por todas partes; escondeos en cavernas, moradores de Hasor, dice Yahvé; porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, tiene resuelto un plan contra vosotros, y contra vosotros se dirigen sus pensamientos.
31 Levantaos, dice Yahvé (a los caldeos), marchad contra un pueblo tranquilo, que habita confiado, dice Yahvé, sin puertas, sin cerrojos, todo aislado.
32 [479] Sus camellos serán un botín, y una presa la muchedumbre de sus ganados. Esparciré a todos los vientos a los que se rapan las sienes; y de todos sus confines traeré su mal, dice Yahvé.
33 Hasor vendrá a ser morada de chacales, un desierto perpetuo, no habitará allí hombre alguno ni morará hijo de hombre en ella.
Contra Elam
34 [480] Al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, recibió el profeta Jeremías esta palabra de Dios para Elam:
35 “Así dice Yahvé de los ejércitos: He aquí que romperé el arco de Elam, lo principal de su fuerza.
36 Soltaré contra Elam los cuatro vientos desde los cuatro puntos del cielo; y los dispersaré hacia todos estos vientos; y no habrá nación adonde no lleguen fugitivos de Elam.
37 Porque haré temblar a Elam delante de sus enemigos, y delante de los que intentan su ruina; descargaré sobre ellos el mal, mi ira ardiente, dice Yahvé, y tras ellos enviaré la espada hasta acabar con ellos.
38 Asentaré mi trono en Elam, y daré allí muerte al rey y a los príncipes, dice Yahvé.
39 [481] Pero en los últimos tiempos haré volver a los cautivos de Elam” —oráculo de Yahvé.
Jeremías 50
Contra Babilonia
1 [482] Palabra que Yahvé dirigió a Babilonia, a la tierra de los caldeos, por boca del profeta Jeremías:
2 [483] “Publicadlo entre los pueblos, pregonadlo; alzad bandera, proclamadlo, no lo encubráis; decid: Tomada ha sido Babilonia; avergonzado está Bel y abatido Merodac. Sus simulacros están cubiertos de ignominia, sus ídolos tiemblan de terror.
3 [484] Pues desde el Septentrión marcha contra ella una nación, que hará de su tierra una soledad sin habitantes; hombres y bestias huyeron, se marcharon.
Retorno de Israel
4 [485] En aquellos días y en aquel tiempo, dice Yahvé, vendrán los hijos de Israel, y con ellos los hijos de Judá; vendrán llorando y buscando a Yahvé, su Dios.
5 Preguntarán por el camino de Sión, dirigiendo hacia allá sus rostros, (y diciendo): Vamos y liguémonos con Yahvé en alianza eterna, que nunca será borrada.
6 Mi pueblo ha venido a ser un rebaño de ovejas perdidas, sus pastores lo han descarriado; por los montes lo hicieron ir vagando; y andando de monte en collado se han olvidado del aprisco.
7 [486] Cuantos los hallaban, los devoraban; y sus opresores se decían: No hacemos mal, pues han pecado contra Yahvé, la morada de justicia; contra Yahvé, la esperanza de sus padres.
8 [487] Huid de en medio de Babel, y salid del país de los caldeos, sed como los carneros que van delante del rebaño.
9 [488] Pues he aquí que Yo suscitaré y lanzaré contra Babel una multitud de grandes naciones desde el país del Norte, se apostarán contra ella, y de ese lado será tomada; sus flechas son como de hábil guerrero; no vuelven vacías.
10 Y Caldea será saqueada; todos sus saqueadores se hartarán”, dice Yahvé.
11 [489] Aunque os alegráis y saltáis de gozo, oh saqueadores de mi herencia; aunque brincáis como novilla en la hierba y relincháis como caballos,
12 [490] quedará muy avergonzada vuestra madre, será cubierta de ignominia la que os dio a luz. He aquí que será la última de las naciones, desierto, tierra árida, estepa.
13 A causa de la ira de Yahvé no será habitada, y toda ella se convertirá en soledad. Cuantos pasaren junto a Babilonia, se pasmarán y harán rechifla de todas sus plagas.
14 Tomad posiciones contra Babilonia a la redonda; los que tendéis el arco, tirad contra ella, no escatiméis las flechas, porque ha pecado contra Yahvé.
15 [491] Alzad contra ella el grito por todos lados; se rinde ya, caen sus baluartes, derribados están sus muros. Es la venganza de Yahvé; tomad venganza de ella; tratadla como ella os ha tratado a vosotros.
16 [492] Exterminad de Babilonia al que siembra, y al que maneja la hoz en el tiempo de la siega. Ante la espada destructora vuélvase cada cual a su pueblo, y huya cada uno a su tierra.
17 [493] Un rebaño descarriado es Israel, lo dispersaron los leones. Primero lo devoró el rey de Asiria, y el último ha sido este Nabucodonosor, rey de Babel, que le rompió los huesos.
18 Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “He aquí que Yo castigaré al rey de Babilonia y su tierra al modo que castigué al rey de Asiria.
19 Traeré a Israel a sus pastizales, y pacerá en el Carmelo y en Basán; sobre las montañas de Efraím y de Galaad se saciará.
20 [494] En aquellos días y en aquel tiempo, dice Yahvé, se buscará la iniquidad de Israel, y no se hallará; y los pecados de Judá, y no se encontrarán, porque seré propicio al resto que haya dejado.
Descripción profética de la caída de Babel
21 [495] ¡Sube contra la tierra de las rebeliones, sube contra ella y sus habitantes (que merecen) castigo! ¡Devasta y extirpa sus restos, dice Yahvé, y haz conforme a cuanto te tengo mandado!”
22 ¡Estruendo de guerra en la tierra, y ruina tremenda!
23 [496] ¡Cómo ha sido roto y quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo ha venido a ser Babilonia un objeto de horror en medio de las naciones!
24 Te he tendido un lazo, y quedaste presa, oh Babilonia, sin darte cuenta. Fuiste sorprendida y tomada, porque hiciste guerra contra Yahvé.
25 Abrió Yahvé su arsenal y sacó las armas de su indignación; porque el Señor, Yahvé de los ejércitos, quiere ejecutar una obra en el país de los caldeos.
26 [497] ¡Venid contra ella desde los cabos (del mundo), abrid sus graneros, haced de (sus piedras) montones como gavillas y exterminadla; no le quede ni siquiera un resto!
27 Matad a todos sus toros, sean conducidos al matadero. ¡Ay de ellos, pues ha llegado su día, el tiempo de su castigo!
28 Se oye la voz de fugitivos que escapan de la tierra de Babel, para anunciar en Sión la venganza de Yahvé, nuestro Dios, la venganza de su Templo.
29 [498] Convocad contra Babilonia a muchos (pueblos), a todos los que entesan el arco; acampad contra ella a la redonda, para que nadie escape; dadle el pago de sus obras; haced con ella conforme a cuanto ella ha hecho, pues se ha alzado contra Yahvé, contra el Santo de Israel.
30 “Por eso caerán en sus plazas sus jóvenes, y todos sus guerreros perecerán en aquel día, dice Yahvé.
31 Heme aquí contra ti, oh soberbio, dice el Señor, Yahvé de los ejércitos; pues ha llegado tu día, el tiempo de tu castigo.
32 Tropezará el soberbio y caerá, sin que haya quien le levante; pues pegaré fuego a sus ciudades que devorará todos sus alrededores.”
El mismo Dios defenderá la causa de su pueblo
33 Así dice Yahvé de los ejércitos: “Viven oprimidos los hijos de Israel juntamente con los hijos de Judá, y todos los que los cautivaron los retienen y rehúsan soltarlos.
34 [499] Pero su libertador es fuerte, Yahvé de los ejércitos es su nombre; Él no tardará en defender la causa de ellos, para dar descanso al país y hacer temblar a los habitantes de Babilonia.
35 ¡Espada contra los caldeos, dice Yahvé, y contra los habitantes de Babilonia; contra sus príncipes y contra sus sabios!
36 [500] ¡Espada contra los impostores y se volverán estúpidos, espada contra sus combatientes y se amedrentarán!
37 ¡Espada contra sus caballos y contra sus carros, contra toda la turba de gentes en medio de ella, y serán como mujeres! ¡Espada contra sus tesoros, que serán saqueados!
38 ¡Sequedad sobre sus aguas, que se secarán! Porque es un país de ídolos, se vuelven locos con sus imágenes.
39 Por eso habitarán (allí) las fieras con los chacales; y los avestruces tendrán en ella su morada; nunca jamás será habitada, ni volverá a ser poblada en los siglos.
40 Como cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, dice Yahvé, no habitará hombre allí, ni morará en ella hijo de hombre.
41 [501] He aquí que viene del Norte un pueblo; una nación grande y reyes poderosos; se alzan desde los extremos del orbe,
42 empuñan el arco y el venablo, son crueles y sin piedad, sus voces son como el mar que brama, montan caballos y vienen armados como guerreros contra ti, oh hija de Babilonia.
43 El rey de Babel oye la noticia, y se le debilitan los brazos; le sobrevienen angustias y dolores como de parturienta.
44 [502] He aquí que sube como león de los boscajes del Jordán a los pastos de perenne verdor. Pero lo expulsaré de allí en un momento, y estableceré sobre él a quien Yo escogiere. Porque ¿quién hay como Yo, y quién me pedirá cuenta? ¿O quién es el pastor que pueda enfrentarse conmigo?”
45 Por eso, oíd el designio que Yahvé ha tomado contra Babel, y los planes que ha trazado contra el país de los caldeos. Serán arrastrados hasta los endebles del rebaño y será devastado el pastizal juntamente con ellos.
46 A la noticia de la conquista de Babilonia, temblará la tierra, darán alaridos las naciones.
Jeremías 51
Babilonia víctima de sus crímenes
1 [503] Así dice Yahvé: “Ved que voy a suscitar un espíritu destructor contra Babel y contra los moradores de Caldea.
2 Enviaré a Babilonia aventadores que la aventarán, y que despojen su país y lo rodeen por todas partes en el día de la desdicha.
3 Entese el arquero su arco contra el arquero, y contra aquel que se jacta de su coraza. No perdonéis a sus jóvenes, exterminad a todas sus huestes”,
4 para que caigan muertos en la tierra de los caldeos y traspasados en sus calles.
5 [504] Porque Israel y Judá no son viudas (desamparadas) de su Dios, Yahvé de los ejércitos: aunque su país está lleno de culpa contra el Santo de Israel.
6 [505] Huid de en medio de Babilonia, salve cada uno su vida, no sea que perezcáis por la iniquidad de ella; porque, tiempo es de la venganza de Yahvé; Él va a darle su merecido.
7 [506] Babilonia era un cáliz de oro en la mano de Yahvé, para embriagar a toda la tierra; de su vino bebieron los pueblos de modo que enloquecieron.
8 [507] De repente ha caído Babilonia, y ha sido quebrantada; lamentadla, tomad bálsamo para su herida, a ver si sana.
9 Hemos procurado curar a Babilonia, pero ella no ha sanado. Abandonadla, y vámonos cada cual a su país, pues su crimen alcanza hasta el cielo, y se alza hasta las nubes.
10 Yahvé ha manifestado nuestra justicia; venid, y narremos en Sión la obra de Yahvé, Dios nuestro.”
Los medos como instrumentos de la venganza de Dios
11 Aguzad las saetas, cubríos con los escudos; Yahvé ha excitado el espíritu de los reyes de los medos; porque su plan contra Babilonia es destruirla; es la venganza de Yahvé, la venganza de su Templo.
12 Alzad el estandarte contra los muros de Babilonia, aumentad la vigilancia; poned centinelas, y disponed emboscadas, porque Yahvé ejecuta lo que se ha propuesto, o que ha anunciado contra los habitantes de Babel.
13 [508] Tú que habitas junto a muchas aguas, rica en tesoros, ha llegado tu fin, (está llena) la medida de tus rapiñas.
14 Yahvé de los ejércitos ha jurado por sí mismo: “Te inundaré de hombres como si fuesen langostas, y lanzarán contra ti gritos” (de victoria).
15 [509] Él hizo la tierra con su poder, fundó el orbe con su sabiduría, y con su inteligencia desplegó los cielos.
16 A su voz se amontonan las aguas en el cielo; Él hace subir las nubes desde los extremos de la tierra, prepara los relámpagos para la lluvia, y saca de sus depósitos los vientos.
17 Todo hombre es necio, sin inteligencia; avergüéncese todo artífice de sus ídolos, porque mentira son sus imágenes de fundición, y no hay aliento en ellas.
18 Cosas vanas son, obras de engaño; perecerán en el tiempo de su castigo.
19 La porción de Jacob no es semejante a ellas, porque Él formó todas las cosas; (Israel) es la tribu de su herencia; Yahvé de los ejércitos es su nombre.
20 [510] “Tú me serviste de martillo, de arma de guerra; por medio de ti he aplastado pueblos, por medio de ti he destruido reinos;
21 por medio de ti he aplastado al caballo y a su jinete, por medio de ti he aplastado el carro con el conductor;
22 por medio de ti he aplastado al hombre y a la mujer, por medio de ti he aplastado al viejo y al niño, por medio de ti he aplastado al joven y a la doncella;
23 por medio de ti he aplastado al pastor y su rebaño, por medio de ti he aplastado al labrador y su yunta, por medio de ti he aplastado a gobernadores y jefes.
24 Pero retribuiré ante vuestros ojos a Babel y a todos los habitantes de Caldea, todo el mal que hicieron a Sión —oráculo de Yahvé.
25 [511] Heme aquí contra ti, oh monte destructor, que has destruido toda la tierra, dice Yahvé. Yo extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar desde lo alto de las peñas; y te convertiré en monte consumido por las llamas.
26 Y no se tomará de ti piedra angular, ni piedra fundamental, porque serás ruina perpetua, dice Yahvé.
27 [512] Alzad bandera en la tierra, tocad la trompeta entre los pueblos, convocad contra ella las naciones, llamad los reinos de Ararat, Mení y Asquenaz, nombrad contra ella un Jefe, lanzad los caballos como langostas erizadas.
28 [513] Consagrad contra ella los pueblos, los reyes de los medos, sus gobernadores y sus jefes, y todos los países de su dominio.
29 Tiembla la tierra y se estremece, pues se cumplen contra Babilonia los planes de Yahvé, de hacer del país de Babilonia un desierto sin habitantes.
30 Los guerreros de Babilonia dejan ya de luchar, permanecen en los baluartes; se acabó su fuerza, han venido a ser como mujeres; han sido quemadas sus casas, están rotos sus cerrojos.
31 Un correo corre para alcanzar a otro correo, y un mensajero a otro mensajero, para anunciar al rey de Babilonia que su ciudad ha sido tomada desde un cabo a otro;
32 que han sido ocupados los vados, que los cañaverales están en llamas y los guerreros llenos de consternación.
Sión clama por venganza
33 [514] Porque así dice Yahvé de los ejércitos, el Dios de Israel: “La hija de Babel es como una era que se aplana (para la trilla); un poco todavía, y llega para ella el tiempo de la siega”.
34 [515] “Nabucodonosor, rey de Babilonia, me ha consumido, me ha destruido, me ha dejado como una vasija vacía; cual dragón me ha devorado; se ha llenado el vientre de mis mejores bocados, me ha echado fuera.”
35 “¡Recaiga sobre Babel la violencia que he sufrido en mi carne”, dice la habitadora de Sión; “¡y mi sangre sobre los habitantes de Caldea!”, dice Jerusalén.
36 [516] Por eso, así dice Yahvé: “He aquí que Yo defenderé tu causa, y te vengaré; secaré su mar y haré que se agoten sus fuentes.
37 [517] Babel será un montón de ruinas, morada de chacales; objeto de pasmo y escarnio (tierra) sin habitantes.
38 Braman a una como leones, rugen cual cachorros de león.
39 En su fiebre les daré una bebida, los embriagaré, para que se diviertan, y duerman un sueño perpetuo, del cual no se despertarán, dice Yahvé.
40 Los llevaré al matadero como corderos, como carneros y machos cabríos.”
41 [518] ¡Cómo ha sido tomada Sesac, conquistada la gloria de toda la tierra! ¡Cómo se ha trocado Babel en objeto de horror entre los pueblos!
42 El mar ha inundado a Babilonia, la cubrió la muchedumbre de sus olas.
43 Sus ciudades han venido a ser un desierto, una tierra seca y árida, tierra inhabitada por la cual no transitará hombre alguno.
44 [519] “Castigaré a Bel en Babilonia, y arrancaré de su boca lo que ha engullido; ya no concurrirán a él las naciones; pues hasta los muros de Babilonia caerán.
Salid de Babilonia
45 Salid de ella, oh pueblo mío, y salve cada cual su vida del furor de la ira de Yahvé.
46 No se amedrente vuestro corazón, ni temáis los rumores que se oirán en la tierra. Un año correrá un rumor, y después, otro año, otro rumor; la violencia dominará en el país, un tirano seguirá a otro.
47 Por lo tanto, he aquí que vienen días en que castigaré los ídolos de Babel; toda su tierra quedará cubierta de vergüenza, y todos sus muertos yacerán en medio de ella.
48 [520] Celebrarán lo sucedido a Babilonia los cielos y la tierra y cuanto hay en ellos, porque desde el norte vendrán sobre ella los devastadores —oráculo de Yahvé.
49 Babilonia caerá por los muertos de Israel, así como por Babilonia cayeron los muertos de toda la tierra.
50 Los que habéis escapado a la espada, partid sin demora. Desde lejos acordaos de Yahvé, y Jerusalén ocupe vuestros corazones.
51 Estamos avergonzados, conocemos nuestra ignominia, la confusión cubre nuestro rostro; pues los extranjeros penetraron en los lugares sagrados de la Casa de Yahvé.
52 Por esto, he aquí que vienen días, dice Yahvé, en que castigaré sus ídolos, y en todo su país se oirá el gemido de los traspasados.
53 [521] Aunque Babilonia se levantase hasta el cielo, e hiciese inaccesible su alta fortaleza, de mi parte le vendrán sus devastadores”, dice Yahvé.
54 Alaridos se oyen de Babilonia, quebranto grande de la tierra de los caldeos;
55 pues devasta Yahvé a Babel y ahoga su voz jactanciosa; braman sus olas como copiosas aguas, retumba el fragor de su voz.
56 Porque vino sobre ella, sobre Babel, el devastador; han sido apresados sus guerreros y rotos sus arcos; pues Dios de retribuciones es Yahvé; dará sin falta la paga.
57 “Embriagaré a sus príncipes y a sus sabios, a sus gobernadores, a sus jefes y a sus valientes; y dormirán un sueño perpetuo, del cual no despertaran”, dice el Rey, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos.
58 [522] Así dice Yahvé de los ejércitos: “Las anchas murallas de Babel serán totalmente destruidas, y quemadas sus altas puertas. Trabajaron los pueblos por nada, y las naciones se han cansado para el fuego.”
Mensaje de Jeremías a Babilonia
59 [523] Orden que el profeta Jeremías dio a Seraías, hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando este se encaminó a Babilonia, con Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto de su reinado. Seraías era camarero mayor.
60 Escribió Jeremías en un libro todo el mal que había de venir sobre Babilonia, todas estas palabras escritas contra Babilonia.
61 Y dijo Jeremías a Seraías: “Cuando hayas llegado a Babilonia, mira que leas en voz alta todas estas palabras;
62 y dirás: ¡Oh, Yahvé! Tú has anunciado que destruirás este lugar, de modo que no quede en él habitante, ni hombre ni bestia, sino que sea convertido en desierto perpetuo.
63 [524] Y después de leer este libro, atarás a él una piedra y lo arrojarás en medio del Éufrates;
64 y dirás: Así se sumergirá Babilonia, y no se recobrará del mal que voy a traer sobre ella. Así quedarán destruidos.” Hasta aquí las palabras de Jeremías.
APÉNDICE
Jeremías 52
Sitio y toma de Jerusalén
1 [525] Veinte y un años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y once años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamital, hija de Jeremías, de Lobná.
2 Hizo lo que era malo a los ojos de Yahvé, imitando en todo los procederes de Joakim.
3 Por eso la ira de Yahvé contra Jerusalén y Judá llegó a tal punto que los arrojó de su presencia. Pues Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia,
4 y entonces, el año noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén. Acamparon frente a ella y construyeron en torno a ella baluartes;
5 y estuvo sitiada la ciudad hasta el año undécimo del rey Sedecías.
6 En el mes cuarto, a nueve del mes, se apoderó el hambre de la ciudad, de modo que el pueblo del país carecía de pan.
7 Entonces al abrirse brecha en la ciudad, todos los hombres de guerra huyeron, saliendo de la ciudad de noche, por el camino de la puerta que está entre los dos muros, junto al jardín del rey, mientras los caldeos rodeaban la ciudad; y se fueron hacia el Arabá.
8 Mas el ejército de los caldeos persiguió al rey; y alcanzaron a Sedecías en los llanos de Jericó, cuando todo su ejército andaba ya disperso lejos de él.
9 [526] Capturaron al rey, y lo llevaron a Riblá situada en la tierra de Hamat, al rey de Babilonia, el cual pronunció sentencia contra él.
10 El rey de Babilonia hizo degollar a los hijos de Sedecías, a la vista de este; y también a todos los príncipes de Judá los hizo degollar en Riblá.
11 A Sedecías le hizo sacar los ojos y le puso grillos de bronce; y el rey de Babilonia lo llevó a Babilonia, donde lo tuvo encarcelado hasta el día de su muerte.
Ruina de la Ciudad Santa
12 [527] En el mes quinto, el diez del mes, que fue el año diez y nueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nabuzardán, capitán de la guardia y palaciego del rey de Babilonia, llegó a Jerusalén.
13 Y abrasó la Casa de Yahvé y el palacio del rey; asimismo puso fuego a todas las casas de Jerusalén, y a todos los palacios.
14 Y todo el ejército que estaba allí con el jefe de la guardia, derribó todos los muros que rodeaban a Jerusalén.
15 [528] Parte de la gente pobre, y el resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia, y los artesanos que quedaban, fueron deportados por Nabuzardán, capitán de la guardia.
16 Pero otra parte de los pobres del país los dejó Nabuzardán capitán de la guardia como viñadores y labradores.
17 Los caldeos hicieron pedazos las columnas de bronce que había en la Casa de Yahvé, y las basas y el mar de bronce que estaban en la Casa de Yahvé, y se llevaron todo el bronce de ellos a Babilonia.
18 Se llevaron también los calderos, las paletas, los cuchillos, los tazones, las cucharas, y todos los utensilios de bronce que se usaban para el culto.
19 El capitán de la guardia tomó igualmente las palanganas, los braseros, los tazones, los calderos, los candeleros, las cucharas y los platos; el oro de lo que era de oro, y la plata de lo que era de plata.
20 [529] En cuanto a las dos columnas, el mar y los doce bueyes de bronce que había debajo, y las basas que Salomón había hecho para la Casa de Yahvé, era imposible pesar el bronce de todos estos objetos.
21 Las columnas tenían una altura de diez y ocho codos cada una, y un cordel de doce codos indicaba su circunferencia. Su grosor era de cuatro dedos y eran huecas.
22 Había sobre cada una un capitel de bronce; el capitel de la primera tenía una altura de cinco codos y alrededor del capitel había una red y granadas, todo de bronce. Lo mismo la otra columna, con las granadas.
23 [530] Noventa y seis granadas eran visibles. Todas las granadas eran cien sobre la red, todo alrededor (del capitel).
Muerte de los jefes
24 El capitán de la guardia tomó a Seraías, que era Sumo Sacerdote, y a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres porteros.
25 De la ciudad tomó a un eunuco que era comandante del ejército, y siete hombres de la corte del rey, que fueron hallados en la ciudad, y al secretario del jefe del ejército, a cuyo cargo estaba el reclutamiento del pueblo del país, y sesenta hombres del pueblo del país que se encontraban en la ciudad.
26 Los prendió Nabuzardán, capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia, a Riblá.
27 Y el rey de Babilonia los entregó a la muerte en Riblá, en la tierra de Hamat. Y Judá fue deportado cautivo fuera de su país.
Las deportaciones de judíos
28 Este es el pueblo que deportó Nabucodonosor: El año séptimo, tres mil veinte y tres judíos;
29 el año diez y ocho de Nabucodonosor, ochocientas treinta y dos personas de Jerusalén.
30 El año veinte y tres de Nabucodonosor, Nabuzardán, capitán de la guardia, deportó setecientos cuarenta y cinco judíos; en total, cuatro mil seiscientos.
Jeconías puesto en libertad
31 [531] El año treinta y siete del cautiverio de Jeconías, rey de Judá, en el duodécimo mes, el veinte y cinco del mes, Evil-Merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, levantó la cabeza de Jeconías, rey de Judá, y le sacó de la cárcel.
32 Habló con él amistosamente, y puso su trono sobre los tronos de los reyes que tenía consigo en Babilonia.
33 También le mudó los vestidos de cárcel, y (Jeconías) comió siempre en su presencia, todos los días de su vida.
34 Para su sustento, el rey de Babilonia le asignó una manutención perpetua, cada día una ración fija, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.